En foco 9/2019: Conservar la riqueza

2 months ago | nac news | in the group nac.today (Español)

Una casa deshabitada se deteriora. Y las parejas en las que uno no se dedica al otro, se destruyen. Pero, ¿qué pasa con la fe? Una guía para cuidarla que nos ofrece el Apóstol de Distrito Wolfgang Nadolny (Berlín/Alemania).

Se dice que "las oraciones conmueven el cielo y el corazón de Dios". Cuando oramos deberíamos ser conscientes de que estamos hablando con el todopoderoso, trino Dios. Este reconocimiento hace ser sinceros y prestar atención en lo que le decimos a Dios. Si en la oración tenemos presente a nuestro prójimo, demostramos que nos vincula el amor de Dios.

En la oración reconocemos a Dios como el Todopoderoso y Omnisapiente y somos conscientes de su majestuosidad y santidad. Dependemos de Él. Pero no solo el conocimiento de esto nos hace inclinarnos sobre nuestras rodillas, sino el amor y desvelo que experimentamos de su parte.

En la creación deteriorada por el pecado, todo tiende a desmoronarse y desordenarse. Cuando uno deja una casa deshabitada, el comienzo de su deterioro ya se ve unas semanas más tarde. Cuando uno ya no se ocupa de su jardín, en poco tiempo se vuelve salvaje. Si no cuidásemos nuestro matrimonio y nuestra familia, existiría el peligro de que lo que una vez comenzó con gran amor, se destruya. Y también nuestra fe perdería su fuerza, si no dejásemos que se fortalezca en los Servicios Divinos. Nuestra estabilidad y seguridad espiritual, la fortaleza del ser interior, se perderían.

Pero si poseemos esta fe firme, el pecado no nos podrá dominar, aunque todos seamos pecadores. La pereza que nos sobreviene no nos podrá paralizar, aunque a veces nos afecte mucho. Nuestra comunión no se perderá por problemas y conflictos que se presenten. Nuestra paciencia no tendrá fin, aunque a veces sea muy abusada. E incluso el amor a nuestros enemigos será lo suficientemente fuerte como para extenderles siempre la mano para tener paz.

Nuestro Apóstol Mayor ha colocado el año 2019 bajo el lema: "Ricos en Cristo". Dios es rico, pues tiene superabundancia de todas las cosas. Todo proviene de Él, aquello que se hace evidente en la creación terrenal como también en la espiritual.

Un texto bíblico me tocó especialmente, lo quisiera compartir con vosotros como una riqueza: "Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre […] para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu..." (Efesios 3:14 y 16).

Jamás olvidemos que podemos contar con Dios, pues para Él no hay nada imposible. Lo que promete, lo cumple. "Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo", de esto tomamos nuestra seguridad.



Foto: Oliver Rütten

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