La unidad de la comunidad como señal de Jesucristo

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Festejar con sinceridad la Santa Cena podría solucionar problemas, sostuvo el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider en su Servicio Divino de Colonia/Uruguay. La Santa Cena es más –mucho más– que una rutina litúrgica.

"Sabes, no entiendo, ya celebraron tantas veces la Santa Cena y produjo tan poco. Su problema, entonces, ya hace mucho que debería estar solucionado". Así citó el Apóstol Mayor a uno de sus antecesores en el ministerio de Apóstol de Distrito en virtud de un problema que había en una comunidad. "Si celebraran una vez, solo una vez, la Santa Cena como es debido, el problema estaría solucionado". Y en ese momento le preguntó a la comunidad reunida si ese pensamiento era una fantasía o un ideal inalcanzable. Su respuesta: "No. Es un hecho divino que el festejo de la Santa Cena basta para superar los problemas".

La comunión en el Sacramento es comunión con Dios

La base para su prédica del 17 de marzo de 2019 fue la palabra de Pablo de 1 Corintios 10:16-17: "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan".

El dirigente de la Iglesia ayudó a entender este antiguo texto: "Cuando nos reunimos y celebramos la Santa Cena, se fortalece nuestra comunión con Dios, se fortalece nuestra comunión entre nosotros. Este es, dicho muy brevemente, el sentido de este enunciado de Pablo". Y después mencionó los diferentes elementos de la comunión:

  • El Sacramento de la Santa Cena alimenta y fortalece la comunión con Dios. ¿Por qué? "Porque conmemoramos el sacrificio de Jesucristo y tomamos conciencia una y otra vez de que somos totalmente dependientes de Dios". El hombre depende de la gracia y del perdón de su culpa. Por eso la Santa Cena es tan significativa, porque en ella el creyente es partícipe del mérito de Cristo. "Él luchó, venció y comparte su victoria con nosotros. Nosotros no podemos dar nada ni hacer nada para salvar nuestra alma".
  • El festejo de la Santa Cena fortalece el pacto con Jesucristo. En cada Santa Cena Él nos recuerda: "¡Tú eres mío! ¡Yo te redimí, te amo, he muerto por ti!". Sea lo que hubiere sucedido, manifestó el Apóstol Mayor: "¡Jesús nos ama! No te preocupes, me sigues perteneciendo. ¡Eres mío!". Nuestra respuesta es: "¡Sí, soy tuyo! Te lo prometí en mi Bautismo, en mi Confirmación".
  • La vida de Dios, la nueva criatura que ha sido colocada en nosotros, es alimentada y puede crecer en nosotros, predicó el Apóstol Mayor. "En la Santa Cena podemos tomar las fuerzas que necesitamos para crecer en el sentir de Jesucristo, para desarrollarnos en la naturaleza de Jesucristo".
  • Cuando celebramos la Santa Cena tomamos conciencia de que somos parte del cuerpo de Cristo. "Él es la cabeza y nosotros somos un miembro". La cabeza decide qué hay que hacer, el miembro lo debe ejecutar. Nosotros debemos llevar adelante el Evangelio de Jesucristo, dijo el dirigente de la Iglesia.
  • Y, finalmente, el festejo de la Santa Centa también es un anticipo y una preparación para la eterna comunión en el reino de Dios. "Todas nuestras imperfecciones, todas nuestras deficiencias y errores ya no estarán. Nada más nos separará de Dios, tendremos comunión total con Él". Esto también fortalece la comunión de los hijos de Dios entre ellos. "Si cada uno es consciente de que depende totalmente de la gracia y del mérito de Jesucristo, también sabe que es innecesario reprochar o condenar al otro, al prójimo". Si cada uno es consciente de que depende totalmente de la gracia y del mérito de Jesucristo, se vuelve bien humilde frente al prójimo. "Ya no habrá discusiones, ni competencia para ver quién es el mejor".

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