Catecismo

8 Los Sacramentos

Los Sacramentos son manifestaciones fundamentales de la gracia de Dios. Son actos santos realizados en el hombre para que este pueda alcanzar la salvación, ser adoptado en la comunión de vida con Dios y quedar preservado en ella. Recibir los tres Sacramentos brinda la posibilidad de ser unido con el Señor en el retorno de Cristo.

La salvación de los Sacramentos se basa en la encarnación, la muerte en sacrificio y la resurrección de Jesucristo, así como en el envío y obrar del Espíritu Santo.

El término “Sacramento" no se encuentra en el Nuevo Testamento. El término “mysterion", que en algunas traducciones bíblicas latinas antiguas es traducido como “sacramentum", no tiene originalmente relación alguna con los actos que más adelante son llamados “Sacramentos". En la antigüedad “mysterion" hacía referencia a un asunto secreto sólo accesible para los consagrados.

“Sacramentum" significaba según la interpretación romana, entre otras cosas, “jura de la bandera", “consagración" y “caución". En el curso de los siglos II y III d.C., “mysterion" y “sacramentum" son usados para denominar a los actos rituales. Así por ejemplo, bajo Tertuliano (aprox. 160 a 220 d.C.) aunque no el acto de Bautismo, el voto del Bautismo y la Confesión de fe sí estaban relacionados con la fórmula del juramento que prestaban los soldados. El aporte fundamental para la interpretación de los Sacramentos se debe en la época tardía de la antigüedad, al Doctor de la Iglesia Agustín (354 a 430 d.C.): un Sacramento tiene lugar cuando se une un elemento visible con una palabra que alude a una realidad que está detrás de esa palabra.

Un Sacramento tiene lugar a través de cuatro magnitudes válidas relacionadas entre sí:

  • Signo (“signum"/“materia"), que es el rito o elemento visible

  • Contenido (“res"/“forma"), la presencia de la salvación

  • Transmisor (mediador del Sacramento)

  • Fe (del receptor) para que el Sacramento sea recibido para salvación.

La validez de los Sacramentos no depende de su interpretación ni de la comprensión que se tenga de ellos, sino únicamente de las cuatro magnitudes mencionadas arriba. El signo (“signum") y el contenido (“res") son vinculados a través de la palabra (“verbum"), es decir, la palabra de institución o consagración pronunciada por el transmisor.

Como no se trata de un hecho mágico o automático, la fe de la persona que lo recibe es la condición previa para que el Sacramento pueda desarrollar sus efectos de salvación. No obstante, la falta de fe no invalida el Sacramento, pues lo que Dios hace no puede ser anulado por un receptor incrédulo.

La correcta administración de los Sacramentos compete a los Apóstoles. Ellos recibieron de Cristo el encargo de hacer accesibles los Sacramentos de manera que responda a la realidad. Aun si no todos los Sacramentos son administrados por ellos o por quien ellos encomiendan hacerlo, los Sacramentos están relacionados con los Apóstoles.

Hay tres Sacramentos (1 Jn. 5:6-8): Santo Bautismo con Agua, Santo Sellamiento y Santa Cena, todos los cuales han sido instituidos por Jesucristo. [19]

A través del Santo Bautismo con Agua, el hombre llega a una primera relación de cercanía con Dios: se convierte en un cristiano, y por su fe y su confesión a Cristo pertenece a la Iglesia (ver 8.1). Por el Santo Sellamiento, Dios concede al bautizado el don del Espíritu Santo. Ambos Sacramentos juntos conforman el renacimiento de agua y Espíritu, por medio del cual la persona alcanza la filiación divina y es llamada para ser contada entre las primicias en el retorno de Cristo (ver 8.3). La Santa Cena preserva al renacido en la estrecha comunión de vida con Jesucristo. Por tal razón, este Sacramento debe ser recibido con fe una y otra vez (ver 8.2).

Los Sacramentos también son administrados a los niños (Mt. 19:14).

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Los Sacramentos son manifestaciones fundamentales de la gracia de Dios. (8)

La salvación de los Sacramentos se basa en la encarnación, la muerte en sacrificio y la resurrección de Jesucristo, así como en el envío y obrar del Espíritu Santo. La correcta administración de los Sacramentos compete a los Apóstoles enviados por Cristo. (8)

Un Sacramento tiene lugar cuando se une un elemento visible con una palabra que alude a una realidad que está detrás de esa palabra. (8)

Un Sacramento tiene lugar a través de cuatro magnitudes válidas relacionadas entre sí: signo, contenido, transmisor y fe. (8)

La fe es la condición previa para que el Sacramento pueda desarrollar sus efectos de salvación. (8)

Jesucristo instituyó tres Sacramentos: Santo Bautismo con Agua, Santo Sellamiento y Santa Cena. (8)

[19] comparar con Mt. 28:19-20; Jn. 3:5; Lc. 22:19-20; Jn. 6:53-58; 1 Co. 11:23-26; para distinguir entre Santo Bautismo con Agua y Santo Sellamiento, ver Hch. 8:14-17; 19:1-6.

8.1 El Santo Bautismo con Agua Volver arriba

El Santo Bautismo con Agua es la primera y fundamental manifestación sacramental de gracia del trino Dios hacia el hombre que cree en Jesucristo. A través del mismo tiene lugar el lavacro del pecado original; el creyente es sacado del distanciamiento de Dios. No obstante, sigue existiendo su inclinación al pecado (concupiscencia).

A través del Santo Bautismo con Agua, el bautizado tiene parte en el mérito que Jesucristo logró con su muerte en sacrificio para los hombres. La persona llega a tener una primera relación de cercanía con Dios: se convierte en cristiano. Así es incorporada en la comunión de aquellos que creen en Jesucristo y se profesan a Él como su Señor.

En virtud de ello dice el sexto artículo de la fe:

“Yo creo que el Santo Bautismo con Agua es el primer paso para la renovación del hombre en el Espíritu Santo, y que el bautizado es adoptado en la congregación de aquellos que creen en Jesucristo y se profesan a Él como su Señor".

8.1.1 Nombre del Sacramento Volver arriba

El concepto “Bautismo" es la traducción del término griego “baptizein" = “sumergir". En el cristianismo del primer tiempo, los Bautismos probablemente se realizaban ante todo sumergiéndose en agua.

8.1.2 Fundamento bíblico del Santo Bautismo con Agua Volver arriba

Como precursores del Bautismo con Agua se pueden considerar los lavacros rituales documentados en diferentes partes de la ley mosaica. Conducían a la purificación en el culto de aquellas personas que por su condición física eran consideradas impuras. Estos lavacros, sin embargo, no tenían el carácter de pacto.

8.1.2.1 Indicaciones del Antiguo Testamento sobre el Santo Bautismo con Agua Volver arriba

En el Antiguo Testamento se pueden encontrar indicaciones sobre el Santo Bautismo con Agua, al igual que para los demás Sacramentos.

En 1 Pedro 3:20-21 dice que la salvación de Noé y su familia en el arca tiene una correspondencia con el Bautismo y se la ve como una alusión a la futura salvación. También el paso de los israelitas por el Mar Rojo, es decir su liberación de la cautividad egipcia, se entiende en la tradición cristiana como una indicación a la liberación que acontece por el Bautismo con Agua.

La ley mosaica distingue estrictamente entre “puro" e “impuro". El agua es uno de los medios para conseguir la pureza en el culto. Las personas impuras en el culto se debían someter a un baño de purificación (Lv. 13-15).

Ezequiel 16:9 menciona un lavacro con agua y una unción con aceite, por el cual Jerusalén fue incorporada a un pacto de salvación. Esto también puede ser entendido como una indicación al Santo Bautismo con Agua y al Santo Sellamiento.

Lo sucedido a Naamán, general del ejército del rey de Siria, también puede relacionarse con el Bautismo: por orden del profeta Eliseo, el leproso se lavó zambulléndose siete veces en el Jordán y la enfermedad desapareció (2 R. 5:1-14). Esto puede entenderse como un símbolo del lavado del pecado original en el Bautismo.

8.1.2.2 El Santo Bautismo con Agua en el Nuevo Testamento Volver arriba

En el Nuevo Testamento, el “Bautismo" muchas veces se entiende distinguiendo dos partes: el Bautismo de agua y el de Espíritu Santo (Hch. 8:14 ss.; 10:47; 19:1-6; Tit. 3:5). El Santo Bautismo con Agua y el Santo Bautismo con Espíritu están interrelacionados.

Jesucristo se sometió al Bautismo realizado por Juan para mostrar por qué camino se puede alcanzar la justicia ante Dios (Mt. 3:15). Así, el Bautismo de arrepentimiento, que era practicado por Juan el Bautista, lleva hasta el Santo Bautismo con Agua. El Hijo de Dios se humilló a sí mismo y se hizo semejante al pecador (Fil. 2:7). De esa manera, Jesucristo dio un ejemplo al hombre asediado por el pecado.

En el Bautismo de Jesús al mismo tiempo quedó en claro quién es Él: el Hijo de Dios. El trino Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, está presente, por lo que se comienza a descubrir el misterio de la Trinidad. Se proclama que Jesús es el Hijo de Dios (Mt. 3:17; Mr. 1:10-11).

Jesucristo también calificó como “Bautismo" a su muerte en sacrificio; el sacrificio en la cruz y el Santo Bautismo con Agua están mutuamente relacionados (Lc. 12:50).

El mandato misionero dado por el Resucitado, deja en claro que bautizar – en la forma de Bautismo con Agua y con Espíritu – es parte de las tareas de los Apóstoles: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mt. 28:19). El Bautismo, por lo tanto, proviene del trino Dios; no es obra de los hombres, sino que es un acto salvífico de Dios en el hombre.

Después de la prédica de Pentecostés, los Apóstoles convocaron a aquellos que habían llegado a tener fe: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch. 2:38). De esta manera, los creyentes fueron incorporados en la comunidad (Hch. 2:41).

8.1.3 Necesidad del Santo Bautismo con Agua para alcanzar la salvación Volver arriba

El Santo Bautismo con Agua es imprescindible para ser partícipe de la salvación. Es el primer paso en el camino hacia la completa redención. De ahí que el Santo Bautismo con Agua abra el camino a la eterna comunión con el trino Dios.

8.1.3.1 El Santo Bautismo con Agua como acto de Dios Volver arriba

El Santo Bautismo con Agua no es un acto alegórico o simbólico, sino que Dios efectivamente se dedica a realizarlo. Por este acontecimiento, cambia de modo radical la relación del hombre con Dios. Todo el ser del hombre experimenta los efectos del Santo Bautismo con Agua.

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El Santo Bautismo con Agua es la primera y fundamental manifestación sacramental de gracia del trino Dios hacia el hombre que cree en Jesucristo. (8.1)

A través del Santo Bautismo con Agua, el bautizado llega a tener una primera relación de cercanía con Dios: se convierte en cristiano y así es incorporado en la Iglesia. (8.1)

En el Nuevo Testamento, el “Bautismo" muchas veces se entiende distinguiendo dos partes: el Bautismo de agua y el de Espíritu Santo. El Santo Bautismo con Agua y el Santo Bautismo con Espíritu están interrelacionados. (8.1.2.2)

Jesucristo se sometió al Bautismo realizado por Juan el Bautista para mostrar por qué camino se puede alcanzar la justicia ante Dios. (8.1.2.2)

El mandato misionero dado por el Resucitado, deja en claro que bautizar – en la forma de Bautismo con Agua y con Espíritu – es parte de las tareas de los Apóstoles. El Bautismo es un acto salvífico de Dios en el hombre. (8.1.2.2)

El Santo Bautismo con Agua es imprescindible para ser partícipe de la salvación. (8.1.3)

No es un acto alegórico o simbólico, sino que Dios efectivamente se dedica a realizarlo. Por este acontecimiento, cambia de modo radical la relación del hombre con Dios. (8.1.3.1)

8.1.3.2 El lavacro del pecado original Volver arriba

El “pecado original" (pecado hereditario [20]) significa el estado de separación del hombre de Dios, es decir, su distanciamiento de Dios a consecuencia de la caída en el pecado. A causa de su desobediencia, los hombres perdieron la comunión duradera y directa con su Creador.

Desde la caída en el pecado, el pecado y el distanciamiento de Dios pesan como un estado básico en cada ser humano (Gn. 3:23-24; Sal. 51:5; Ro. 5:18-19). Esto significa que todo hombre es pecador desde el comienzo, es decir, antes de cada acto y cada pensamiento, incluso cuando aún no haya cometido un pecado individual. Por el Bautismo es lavado el pecado original. La imagen del lavado expresa que Dios suprime el estado de separación duradera de Él y con ello el distanciamiento respecto de Él, permitiendo al hombre una primera relación de cercanía y la posibilidad de estar en comunión con Él. La inclinación del hombre al pecado, como una consecuencia más de la caída en el pecado, sigue existiendo a pesar del Bautismo.

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El “pecado original" (pecado hereditario) significa el estado de separación del hombre de Dios, es decir, su distanciamiento de Dios a consecuencia de la caída en el pecado. Desde la caída en el pecado, el pecado y el distanciamiento de Dios pesan como un estado básico en cada ser humano. (8.1.3.2)

Por el Bautismo es lavado el pecado original, el creyente ya no está distanciado de Dios. Su inclinación al pecado (concupiscencia) sigue existiendo. (8.1.3.2)

[20] El primero que formuló la doctrina del pecado hereditario basándose en el testimonio bíblico fue Agustín. El pecado hereditario tiene su origen en el pecado original de Adán y Eva. En la Biblia, el punto de partida para la doctrina del pecado hereditario es Salmos 51:5 y Romanos 5:12.

8.1.4 El Santo Bautismo con Agua realizado en la debida forma Volver arriba

Los elementos de los tres Sacramentos han sido establecidos por Dios. Los dos elementos fundamentales del Santo Bautismo con Agua son el agua y la fórmula trinitaria: “Yo te bautizo en el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo". Así dispensado, el Santo Bautismo con Agua puede desarrollar sus efectos en el creyente.

El agua, el signo exterior de la pureza interna, requiere de la consagración de santificación para ser elevada del ámbito de lo profano al de lo santo. Por esa razón, antes del acto bautismal es consagrada en el nombre del trino Dios. Luego el que realiza el Bautismo dibuja con el agua consagrada tres veces una cruz en la frente del bautizado y bautiza con imposición de las manos en el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La señal de la cruz simboliza la salvación en Cristo y la redención producida por su muerte en sacrificio. El trazar tres veces la cruz sobre la frente del bautizado constituye una indicación al trino Dios.

8.1.5 Condiciones previas para recibir el Santo Bautismo con Agua Volver arriba

Todo ser humano puede recibir el Santo Bautismo con Agua; en la Iglesia Nueva Apostólica es administrado a adultos y niños por un Apóstol o por un portador de ministerio sacerdotal. La condición previa que debe cumplirse es manifestar la fe en Jesucristo y su Evangelio.

En el Bautismo de niños, los padres o bien las personas que se hacen cargo de la educación religiosa del niño deben profesar su fe en Jesucristo y prometer educar al bautizado en virtud del Evangelio. La práctica de bautizar a los niños está basada en la convicción de que las bendiciones de Dios deben hacerse accesibles a los niños; también ellos necesitan la gracia del Señor y el reino de los cielos está abierto para ellos (Mr. 10:14).

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Los dos elementos fundamentales del Santo Bautismo con Agua son el agua y la palabra al pronunciar la fórmula trinitaria. El agua es consagrada en el nombre del trino Dios. Luego el que realiza el Bautismo dibuja con el agua tres veces una cruz en la frente del bautizado y bautiza en el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. (8.1.4)

Todo ser humano puede recibir el Santo Bautismo con Agua. La condición previa que debe cumplirse es manifestar la fe en Jesucristo y su Evangelio. (8.1.5)

En el Bautismo de niños, las personas que tienen a su cargo la educación religiosa del niño deben profesar su fe en Jesucristo y prometer educar al bautizado en virtud del Evangelio. (8.1.5)

8.1.6 Efectos del Santo Bautismo con Agua Volver arriba

Con el Santo Bautismo con Agua, el hombre que cree en Jesucristo y se profesa a Él, es incorporado en la Iglesia de Cristo y de esa manera tiene comunión con Jesucristo. El Santo Bautismo con Agua realizado trinitariamente vincula a los cristianos entre sí.

En forma similar a la circuncisión en el antiguo pacto, el Santo Bautismo con Agua es una señal del pacto. A través del mismo, el hombre es adoptado en el nuevo pacto y puede recibir las demás señales del pacto: le está liberado el acceso al Santo Sellamiento. El bautizado en la Iglesia Nueva Apostólica tiene el derecho a recibir en forma permanente la Santa Cena.

El bautizado tiene parte en la muerte de Jesucristo y en su nueva vida. Viéndolo espiritualmente, es partícipe de lo que le sucedió a Jesucristo. Así como Cristo murió en la cruz por los pecados de los hombres, el hombre debe “morir" por el pecado renunciando a él. El Bautismo incluye al creyente en el obrar redentor de Cristo, de manera que la muerte de Cristo en Gólgota también se convierte en la “muerte" del bautizado: esto significa que finaliza la vida alejada de Dios y comienza la vida en Cristo. El Bautismo transmite fuerzas que ayudan a pelear en la lucha contra el pecado (Ro. 6:3-8; Col. 2:12-13).

El Bautismo es un “revestirse de Cristo". Con él tiene lugar el primer paso en el camino a la renovación del ser interior. “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos" (Gá. 3:27). Esta imagen está basada en dejar la vieja conducta y “revestirse" de las virtudes de Cristo. Describe lo que se expresa en el concepto del arrepentimiento: apartarse del viejo ser y entregarse al Señor. Se trata entonces de llevar una vida conforme a la voluntad de Dios. El bautizado promete alinear su vida bajo el reinado de Cristo.

8.1.7 El Santo Bautismo con Agua y la fe Volver arriba

Como todos los demás Sacramentos, el Santo Bautismo con Agua es dispensado en virtud de la fe. El Sacramento y la fe van juntos: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo" (Mr. 16:16). La fe del hombre es tanto la condición previa para poder recibir el Sacramento como también la respuesta al obrar de Dios.

La incredulidad en la que puede caer el bautizado, no puede anular la validez del Santo Bautismo con Agua. El Santo Bautismo con Agua dispensado en forma válida no se repite.

8.1.8 El Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento Volver arriba

El Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento están estrechamente relacionados entre sí, pero son dos Sacramentos diferentes. En Hechos se informa que el Santo Bautismo con Agua y el Bautismo con el Espíritu Santo se realizaban en dos actos independientes (Hch. 2:38-39; 8:12-17; 10:44-48; 19:5-6).

El renacimiento de Agua y Espíritu tiene lugar al haber recibido ambos Sacramentos, el Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento (Jn. 3:5).

8.1.9 El Santo Bautismo con Agua y el seguimiento a Cristo Volver arriba

En el Santo Bautismo con Agua, el creyente promete esforzarse seriamente para evitar el pecado y llevar una vida en el seguimiento de Cristo. El seguimiento, al que es convocado el bautizado, consiste en orientarse en la vida y la naturaleza de Jesucristo, conforme a sus palabras: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mt. 16:24).

8.1.10 El Santo Bautismo con Agua y el ministerio de Apóstol Volver arriba

En Mateo 28:18-20, el Resucitado concede a sus Apóstoles el mandato misionero. La dispensación de los Sacramentos y el ministerio de Apóstol se encuentran en una relación indisoluble. Mientras que el Santo Sellamiento, según el testimonio de la Escritura, sólo era dispensado por Apóstoles, existen pruebas de que el Santo Bautismo con Agua no era realizado exclusivamente por Apóstoles (entre otros, Hch. 8:38). En la Iglesia Nueva Apostólica, los portadores de ministerios sacerdotales también poseen la autoridad para bautizar con agua.

De todos modos, no sólo es válido el Bautismo dispensado por los Apóstoles y los portadores de ministerio ordenados por ellos: ya que fue confiado a la Iglesia como un todo, el Bautismo realizado por otras Iglesias en la debida forma tiene validez (ver 6.4.4).

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El Santo Bautismo con Agua realizado trinitariamente vincula a los cristianos entre sí. (8.1.6)

El Bautismo es una señal del pacto. A través del mismo, el hombre es adoptado en el nuevo pacto. Es el primer paso en el camino a la renovación del ser interior.

El bautizado tiene parte en la muerte de Jesucristo y en su nueva vida. (8.1.6)

El Santo Bautismo con Agua dispensado en forma válida no se repite. (8.1.7)

El Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento están estrechamente relacionados entre sí, pero son dos Sacramentos diferentes. Al recibirlos, tiene lugar el renacimiento de Agua y Espíritu. (8.1.8)

El Resucitado concedió a sus Apóstoles el mandato misionero. En la Iglesia Nueva Apostólica, los Apóstoles han transmitido también a los portadores de ministerios sacerdotales la autoridad para bautizar con agua. (8.1.10)

Ya que el Bautismo fue confiado a la Iglesia como un todo, el Bautismo realizado por otras Iglesias en la debida forma tiene validez. (8.1.10)

8.2 La Santa Cena Volver arriba

El séptimo artículo de la Confesión de fe nuevoapostólica dice: “Yo creo que la Santa Cena ha sido instituida por el Señor mismo en memoria del una vez ofrecido, plenamente valedero sacrificio y de la amarga pasión y muerte de Cristo. El gustar dignamente la Santa Cena nos garantiza la comunión de vida con Jesucristo, nuestro Señor. Es celebrada con pan sin levadura y vino; ambos deben ser separados y suministrados por un portador de ministerio de la Iglesia autorizado por el Apóstol".

De los tres Sacramentos, la Santa Cena es aquel que es puesto al alcance del hombre y se dispensa reiteradamente. Sus contenidos y su significado no pueden hacerse totalmente accesibles en términos doctrinales y racionales. Se halla estrechamente vinculada con el misterio de la persona de Jesucristo.

En la Santa Cena puede ser experimentada directamente la realidad de Dios y su dedicación al hombre. La Santa Cena es el acontecimiento central del Servicio Divino. También ocupa un lugar esencial en la convicción y la vida del creyente.

8.2.1 Nombres del Sacramento Volver arriba

Existen diferentes nombres para el Sacramento del cuerpo y la sangre de Cristo, que destacan determinados aspectos del mismo.

  • “Santa Cena" se refiere a la institución del Sacramento por Jesucristo en la comunión con sus Apóstoles en la noche antes de su crucifixión.

  • “Eucaristía" proviene del griego “eucharistein", que significa “dar gracias". Al instituir la Santa Cena, Jesucristo expresó agradecimiento a Dios (Lc. 22:19). El dar gracias en la Santa Cena convoca a los creyentes a una amplia gratitud, en particular por el sacrificio y mérito de Jesucristo, pero también por la redención y la santificación.

  • “Cena del Señor" es una designación de la Santa Cena que indica que Jesús es el Señor (ver 3.4.6.2) y como tal la ha establecido y nos invita a celebrarla.

  • El “partimiento del pan" se refiere a la cena de Pascua que Jesucristo practicó al instituir la Santa Cena (Mt. 26:26). Cuán característico era de Jesús el partimiento del pan, se puede ver en el hecho de que los discípulos que se dirigían a Emaús pudieron reconocer en ello al Resucitado (Lc. 24:13-31). Los primeros cristianos llamaban “partimiento del pan" a la comunión de la participación en la mesa, por la cual expresaban su unión y comunión (Hch. 2:42 y 46).

8.2.2 Indicaciones del Antiguo Testamento sobre la Santa Cena Volver arriba

En el Antiguo Testamento no sólo hay numerosas referencias al Hijo de Dios, su padecimiento y sacrificio, sino que también se informa sobre hechos que guardan una cierta relación con la Santa Cena. En retrospección, pueden ser entendidos como referencias al Sacramento instituido por Jesucristo, dejando en claro qué estrechamente relacionados se encuentran el antiguo y el nuevo pacto.

Génesis 14:18-20 explica el encuentro de Abraham con el rey y sacerdote Melquisedec, el cual en la epístola a los Hebreos es entendido como una referencia a Jesucristo, que bendice a Abram y le trae pan y vino (versículo 18). “Pan y vino" hacen recordar los elementos de la Santa Cena. Esta relación se torna aún más clara en Hebreos 5:10, donde Jesucristo es llamado “sumo sacerdote según el orden de Melquisedec".

Otra referencia importante del Antiguo Testamento a la Santa Cena se puede ver en la alimentación de los israelitas con el maná durante la peregrinación por el desierto (Ex. 16:4-36). El maná es llamado el “pan del cielo" (versículo 4). Según Juan 6:35, Jesucristo se llama a sí mismo el “pan de vida". En el maná, en cierto modo, es prometido algo mucho más grande, un alimento no sólo para el cuerpo, sino que fortalece a la persona entera y le brinda salvación.

8.2.3 Los milagros de Jesús sobre la alimentación y la Santa Cena Volver arriba

Los Evangelios dan cuenta de que Jesucristo comió y bebió con los pecadores. A diferencia de los fariseos y escribas, participó en la mesa para estar en comunión con aquellos que según la ley mosaica eran considerados impuros y que por lo tanto, estaban excluidos del trato con los devotos (Mr. 2:13-17).

Y Jesús no sólo comió con otros, los Evangelios también informan que proveyó alimentos. Sus milagros de la alimentación, por ejemplo, la alimentación de los cinco mil (Jn. 6:1-15), la alimentación de los cuatro mil (Mt. 15:32-38) y también el milagro del vino en las bodas de Caná (Jn. 2:1-11) son señales del reino de Dios que, en Jesucristo, se acerca a los hombres. La alimentación terrena, más allá de ser una comida para saciar el apetito, alude a la salvación en Cristo. Esto queda en claro por las palabras del Señor cuando se refirió a la alimentación de los cinco mil expresando que Él mismo era “el pan de vida" (Jn. 6:26-51).

8.2.4 La cena de Pascua Volver arriba

Por indicación de Dios, los israelitas celebraron la primera cena pascual en la noche anterior a la salida de Egipto. A tal efecto sacrificaron y prepararon corderos sin defectos. Los comieron acompañados de pan sin levadura. La sangre del cordero, con la cual pintaron los postes de las puertas, fue la señal para quedar liberados de la décima plaga que sobrevendría sobre Egipto, la muerte de los primogénitos (Ex. 12).

Dios mandó celebrar la cena de Pascua cada año en conmemoración de la liberación de Egipto.

Las semejanzas entre la cena de Pascua y la Santa Cena son evidentes: ambas son cenas de conmemoración, en las que el pan es un componente imprescindible. La copa de vino que se bebe al final del festejo de la cena pascual, simboliza la alegría generada por la liberación del cautiverio egipcio. La sangre del cordero pascual que salvó a los primogénitos de los israelitas, es una referencia a Jesucristo como el “Cordero de Dios" que es sacrificado. “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn. 1:29; comparar con 1 P. 1:19).

En la cena de Pascua se recuerda la liberación de los israelitas de la cautividad de los egipcios. La Santa Cena hace referencia a la liberación en un sentido mucho más amplio, esto es: a la redención de los hombres de la cautividad del pecado a través del sacrificio de Cristo y a la salvación de la muerte eterna.

8.2.5 La institución de la Santa Cena por Jesucristo Volver arriba

Ya antes de instituir Jesucristo la Santa Cena en presencia de sus Apóstoles, dijo: “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros" (Jn. 6:53). “Carne y sangre" son una clara alusión a la Santa Cena, demostrando el Señor en estas palabras que es necesaria para poder alcanzar la salvación. Son igualmente importantes las demás indicaciones del Señor: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna [...] El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él" (Jn. 6:54 y 56).

En los Evangelios sinópticos podemos leer que Jesucristo en la fiesta de Pascua celebró una comida con sus Apóstoles. Mateo 26:26-29 explica cómo el Señor instituyó la Santa Cena: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre" (Mr. 14:22-25; Lc. 22:14-20). Mientras que el informe del Evangelio de Marcos es muy similar al de Mateo, en el informe del Evangelio de Lucas se hallan los siguientes textos adicionales: “... haced esto en memoria de mí" y “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre" (Lc. 22:19-20).

Con las palabras: “Haced esto en memoria de mí", el Señor confiere a sus Apóstoles el envío y la autoridad para celebrar la Santa Cena de la misma manera que Él.

8.2.6 La Santa Cena en la primera epístola a los Corintios Volver arriba

En 1 Corintios 11:17-32 se halla un testimonio sobre el festejo de la Santa Cena y las palabras pronunciadas por Jesús al instituirla. En este texto se testifica en primer lugar, que en las primeras comunidades cristianas se practicaba el festejo de la Santa Cena. El Apóstol Pablo cita las palabras de institución de la Santa Cena utilizadas en Corinto. Aquí queda en claro que existía un texto establecido de antemano: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado". Luego siguen las palabras de institución: “Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga" (1 Co. 11:23-26).

Este texto brinda explicaciones sobre la situación en la cual tuvo lugar la institución de la Santa Cena y cita palabras pronunciadas por Jesús. Las palabras de institución incluyen la conmemoración de ese acontecimiento único en la historia de la salvación. Allí donde se festeja la Santa Cena, también se recuerda la noche en la cual Jesús fue traicionado.

Asimismo van unidos el partimiento del pan y el agradecimiento a Dios (del gr.: “eucharistein"). Al mismo tiempo se menciona la interpretación del pan y el vino: el pan no es sólo pan de Pascua, sino “mi cuerpo que por vosotros es partido". Tampoco la copa contiene sólo el vino habitual de la cena pascual, sino que “es el nuevo pacto en mi sangre". La copa con vino que iba pasando de mano en mano en el festejo de la cena, representa el nuevo pacto fundamentado en la muerte de Jesús. El que bebe de la copa, recibe la sangre de Jesucristo, es decir, al Señor mismo. Al final del texto se destacan el significado del anuncio de la muerte acontecida una única vez y el significado del retorno de Cristo. Asimismo se subraya la importancia de la Santa Cena para la comunión de vida con el Señor: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan" (1 Co. 10:16-17).

8.2.7 Significado de pan y vino Volver arriba

Los elementos del pan y vino, constitutivos para el Sacramento, pertenecen en primer término al ámbito del sustento, de las fiestas y de los Servicios Divinos israelitas.

El pan es un símbolo del alimento humano en general. La alimentación con pan y los milagros del Antiguo y el Nuevo Testamento vinculados con ella, muestran que lo importante para Dios es el hombre como un todo, no como una parte, no sólo el cuerpo y no sólo el alma. También dentro del Servicio Divino, el pan cumplía según la ley mosaica una función importante: doce panes de la proposición se colocaban sobre una mesa delante del velo del santísimo. Cada día de reposo eran comidos por los sacerdotes y reemplazados por nuevos (Ex. 25:30).

También con el vino se hace referencia en primer lugar a la dependencia original del hombre, como criatura, de la alimentación. En el antiguo Israel, el vino era una de las bebidas que se tomaban en las fiestas. En Israel, el vino también es el símbolo de la alegría y la salvación futura (Is. 55:1).

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La Santa Cena es aquel Sacramento que es puesto al alcance del hombre y se dispensa reiteradamente. Es el acontecimiento central del Servicio Divino. (8.2)

La Santa Cena también es llamada “eucaristía" (“dar gracias"), “cena del Señor" y “partimiento del pan". (8.2.1)

Ya en el Antiguo Testamento hay referencias a la Santa Cena. (8.2.2)

La cena de Pascua y la Santa Cena son cenas de conmemoración, en las que el pan es un componente imprescindible. En la cena de Pascua se recuerda la liberación de los israelitas de la cautividad de los egipcios. La Santa Cena hace referencia a la liberación en un sentido mucho más amplio, esto es: a la redención de los hombres de la cautividad del pecado. (8.2.4)

En la fiesta de Pascua Jesucristo celebró una comida con sus Apóstoles. En ella instituyó la Santa Cena. (8.2.5)

El testimonio más antiguo sobre el festejo de la Santa Cena y las palabras pronunciadas por Jesús al instituirla, se encuentra en 1 Corintios 11. En este texto se recuerda también la situación en la que aconteció la institución de la Santa Cena. (8.2.6)

Los elementos del pan y vino son constitutivos para el Sacramento. (8.2.7)

El pan es un símbolo del alimento humano en general. Con el vino también se hace referencia a la dependencia del hombre de la alimentación. En Israel, el vino es el símbolo de la alegría y la salvación futura. (8.2.7)

8.2.8 La Santa Cena como cena de conmemoración Volver arriba

La Santa Cena es una cena de conmemoración, pues en ella se recuerda en primer lugar la muerte de Jesucristo como un hecho único y válido para todos los tiempos. Es importante recordar este hecho porque destaca que Jesucristo es verdadero hombre y tuvo que sufrir una muerte verdadera. También se recuerda la situación de la institución de la Santa Cena en presencia de los Apóstoles, subrayando de esa manera la importancia que ellos tienen para la correcta administración de la misma. No obstante, la recordación va aún más allá: hasta la resurrección del Señor – por eso la Santa Cena también es una cena pascual – y hasta su ascensión. Todo el que celebra la Santa Cena, tiene parte en esta recordación y su anuncio, hasta que Jesucristo venga.

No se trata entonces, solamente de un recuerdo orientado al pasado, sino también de la convicción de la presencia de Cristo en la actualidad y de su futuro reino.

8.2.9 La Santa Cena como cena de confesión Volver arriba

La Santa Cena es una cena de confesión, como surge de las palabras: “... la muerte del Señor anunciáis" (1 Co. 11:26). El confesarse a la muerte, resurrección y retorno de Jesucristo es parte de la confesión básica de la fe cristiana. Esta confesión es requerida a todos aquellos que desean participar de la Santa Cena y recibirla para su salvación.

Quien participa en forma permanente de la Santa Cena en la Iglesia Nueva Apostólica, debería ser consciente que con ello está confesando su fe en el obrar y la autoridad de los Apóstoles de Jesús que hoy están activos (ver 2.4 y 8.2.21).

El énfasis en el carácter confesional de la Santa Cena también es de utilidad para evitar un manejo irreflexivo o puramente formal de este Sacramento.

8.2.10 La Santa Cena como cena de comunión Volver arriba

La Santa Cena es, en tres sentidos, una cena de comunión:

  • En el festejo de la Santa Cena, el Hijo de Dios encarnado y glorificado está en comunión primeramente con sus Apóstoles. Aquí se repite la situación original de cuando fue instituida.

  • Pero en cada festejo de la Santa Cena, el Resucitado también está en comunión con los creyentes que la reciben dignamente y para su salvación.

  • Además, en la Santa Cena también se halla en comunión entre sí la comunidad reunida para el Servicio Divino.

8.2.11 La Santa Cena como cena del tiempo final Volver arriba

La Santa Cena posee un carácter del último tiempo, es decir, un carácter escatológico, pues está estrechamente relacionada con la cena de las bodas en el cielo. En Jesucristo se ha acercado el reino de Dios. Conforme a lo expresado por Él: “No beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga" (Lc. 22:18), la comunidad reunida para la Santa Cena espera esta promesa cuyo cumplimiento se anuncia en la comunión de la Santa Cena. Hasta la unión futura y definitiva de la esposa con el Novio (ver 10.2), la comunidad experimenta la más estrecha comunión con el Señor en la Santa Cena.

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La Santa Cena es una cena de conmemoración: en ella se recuerda la muerte de Jesucristo como un hecho único y válido para todos los tiempos. La recordación va aún más allá de la resurrección del Señor y su ascensión, incluyendo también la convicción de la presencia de Cristo en la actualidad y de su futuro reino. (8.2.8)

La Santa Cena es una confesión a la muerte, resurrección y retorno de Jesucristo. Esta confesión es requerida a todos aquellos que desean participar de la Santa Cena. (8.2.9)

Quien participa en forma permanente de la Santa Cena, debería ser consciente de que con ello está confesando su fe en los Apóstoles de Jesús que hoy están activos. (8.2.9)

En la Santa Cena, Jesucristo está en comunión primeramente con sus Apóstoles y luego con los creyentes. En la Santa Cena también se halla en comunión entre sí la comunidad reunida para el Servicio Divino. (8.2.10)

La Santa Cena posee un carácter del último tiempo: está estrechamente relacionada con la cena de las bodas en el cielo. Hasta la unión definitiva de la esposa con el Novio, la comunidad experimenta la más estrecha comunión con Jesucristo en la Santa Cena. (8.2.11)

8.2.12 La verdadera presencia de cuerpo y sangre de Cristo en la Santa Cena Volver arriba

Mediante la consagración y pronunciando las palabras de institución, no es transformada la sustancia de los elementos pan y vino. Antes bien, se les agrega la sustancia del cuerpo y sangre (consustanciación). Por lo tanto, no tiene lugar una transformación de la sustancia (transustanciación).

Existe una estrecha vinculación entre la Santa Cena y el hecho de que Jesucristo posee naturaleza humana y naturaleza divina, coexistiendo ambas en Él en forma pura e inseparable (ver 3.4). La relación de pan y vino con el cuerpo y la sangre de Cristo debe entenderse a partir de allí: después de la consagración existe un paralelismo entre las analogías “pan y vino – naturaleza humana de Cristo" y “cuerpo y sangre – naturaleza divina de Cristo".

En la Santa Cena, pan y vino corresponden a la naturaleza humana; cuerpo y sangre a la naturaleza divina de Cristo. Consiguientemente no puede producirse una transustanciación del pan y el vino. Antes bien, después de la consagración, el pan y el vino mantienen su sustancia natural. Pan y vino no son únicamente metáforas o símbolos del cuerpo y la sangre de Cristo; el cuerpo y la sangre de Cristo, más bien, están verdaderamente presentes (presencia real). A la sustancia del pan y vino se le agrega, a través de la palabra de consagración pronunciada por un Apóstol o un portador de ministerio sacerdotal autorizado por él, la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo.

Por este hecho no se opera cambio alguno en la apariencia externa (accidente) de los elementos de la Santa Cena. Así como Jesús mientras vivía sobre la tierra sólo era visible como ser humano, en la Santa Cena sólo pueden verse pan y vino. Sin embargo, después de la consagración los elementos de la Santa Cena tienen, análogamente a ambas naturalezas de Jesucristo, dos sustancias, que son la sustancia del pan y el vino, así como la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo. El Hijo de Dios, por ende, está verdaderamente presente en los elementos de la Santa Cena, en su divinidad y en su naturaleza humana.

Sin embargo, no sucede en los elementos de la Santa Cena que el pan sólo corresponde al cuerpo y el vino sólo a la sangre de Cristo, más bien el cuerpo y la sangre de Cristo están totalmente presentes en cada uno de ambos elementos, en el pan y en el vino.

El cuerpo y la sangre de Cristo quedan presentes en las hostias consagradas hasta que hayan llegado al receptor establecido.

Después del Servicio Divino, las hostias que no fueron suministradas, deben ser tratadas con reverencia y cuidado.

8.2.13 La verdadera presencia del sacrificio de Jesucristo en la Santa Cena Volver arriba

En la Santa Cena no sólo están presentes cuerpo y sangre de Cristo, sino que también está verdaderamente presente el mismo sacrificio de Jesucristo. Este ha sido ofrecido sólo una vez y en la Santa Cena no se repite. La Santa Cena tampoco es un simple recordatorio del mismo; antes bien, durante el festejo de la Santa Cena Jesucristo está en medio de la comunidad como el que fue crucificado, el que resucitó y el que vendrá nuevamente. De esa manera, también está presente el sacrificio que ofreció y por sus efectos cada uno podrá acceder a la salvación. Así, el festejo de la Santa Cena le hace tener presente a cada participante una y otra vez la muerte del Señor en sacrificio y por ende, la podrá anunciar con convicción (1 Co. 11:26).

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Mediante la consagración y pronunciando las palabras de institución, no es transformada la sustancia de los elementos pan y vino. Antes bien, se les agrega la sustancia del cuerpo y sangre de Jesús (consustanciación). (8.2.12)

En la Santa Cena, pan y vino corresponden a la naturaleza humana de Cristo; cuerpo y sangre a su naturaleza divina. (8.2.12)

Pan y vino no son únicamente metáforas o símbolos del cuerpo y la sangre de Cristo; el cuerpo y la sangre de Cristo, más bien, están verdaderamente presentes (presencia real). (8.2.12)

En la Santa Cena está también presente el sacrificio de Jesucristo. (8.2.13)

8.2.14 Relación del perdón de los pecados y la Santa Cena Volver arriba

El perdón de los pecados y la Santa Cena están estrechamente relacionados entre sí. Tanto el perdón de los pecados como la Santa Cena tienen su fundamento en el sacrificio de Cristo (Hch. 13:37-38). Jesucristo instituyó la Santa Cena en vista de su sacrificio: “Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (Mt. 26:28). Esta palabra del Señor pone en claro al mismo tiempo, que Él ofreció su sacrificio para redimir al hombre del pecado.

Cristo les dio potestad a sus Apóstoles para anunciar el perdón de los pecados (ver 7.6.2) y celebrar la Santa Cena así como Él mismo hizo con ellos (Lc. 22:19).

Aunque el sacrificio de Cristo está presente en la Santa Cena, este Sacramento no causa por sí mismo el perdón de los pecados. Más bien, el perdón de los pecados antes de la consagración de los elementos de la Santa Cena, sirve para posibilitar la participación digna en la misma.

8.2.15 La Santa Cena y el ministerio de Apóstol Volver arriba

Jesucristo instituyó la Santa Cena en presencia de los Apóstoles, confiándosela a ellos. Les dio el encargo de predicar el Evangelio y dispensar los Sacramentos. En la epístola a los Hebreos queda demostrado que Jesucristo es el verdadero Sumo Sacerdote, que se ofreció a sí mismo en sacrificio. Cuando el Apóstol o el portador de ministerio sacerdotal autorizado por él, realiza la consagración, esto acontece por encargo y poder pleno de Jesucristo. Es el Espíritu Santo el que hace posible la verdadera presencia del Hijo de Dios, su cuerpo y sangre en la Santa Cena. También en este sentido, los Apóstoles de Jesús son “administradores de los misterios de Dios" (1 Co. 4:1).

Allí donde está activo el Espíritu Santo a través del ministerio establecido y autorizado por Jesucristo, tiene lugar la realidad sacramental.

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El perdón de los pecados y la Santa Cena están estrechamente relacionados entre sí. Ambos tienen su fundamento en el sacrificio de Jesucristo. Aunque el sacrificio de Cristo está presente en la Santa Cena, este Sacramento no causa por sí mismo el perdón de los pecados. (8.2.14)

El perdón de los pecados sirve para posibilitar la participación digna en la Santa Cena. (8.2.14)

Jesucristo instituyó la Santa Cena en presencia de los Apóstoles, confiándosela a ellos. (8.2.15)

Allí donde está activo el Espíritu Santo a través del ministerio establecido y autorizado por Jesucristo, tiene lugar la realidad sacramental. (8.2.15)

8.2.16 Las palabras de consagración de la Santa Cena Volver arriba

El portador de ministerio autorizado pronuncia para la consagración de la Santa Cena un texto litúrgico establecido que se basa en 1 Corintios 11:23 ss. y Mateo 26:26 ss.:

“En el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, separo pan y vino para la Santa Cena y coloco sobre los mismos el una vez traído y eternamente valedero sacrificio de Jesucristo, pues el Señor tomó pan y vino, y habiendo dado gracias, dijo: Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido. Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. ¡Tomad, comed! Haced esto en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis este vino, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga. Amén".

8.2.17 El festejo y la recepción de la Santa Cena Volver arriba

El Sacramento de la Santa Cena es dispensado suministrando cuerpo y sangre de Jesucristo en la hostia consagrada, con las palabras: “El cuerpo y la sangre de Jesús dados para ti". Por lo tanto, la denominación “Santa Cena" se utiliza en primer lugar para la hostia consagrada y suministrada (pan y vino como medio sacramental).

Como también la consagración de las hostias y su administración forman parte del Sacramento, el concepto “Santa Cena" en un sentido más amplio es la denominación del acto completo de consagración y administración (acto sacramental).

Debido a su gran importancia, se convoca a la comunidad a celebrar la Santa Cena con devoción, fe y entrega total a Cristo.

8.2.18 Condiciones previas para recibir la Santa Cena Volver arriba

Las condiciones previas básicas para recibir dignamente la Santa Cena son un corazón deseoso de salvación y arrepentido, y la fe. Aunque la incredulidad no invalida el Sacramento, la fe es la condición previa para que pueda tener efectos de salvación y bendición. La incredulidad al recibir el Sacramento puede relacionarse con 1 Co. 11:29: “Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí".

Quien es indiferente al padecimiento y la muerte de Cristo o toma el festejo del Sacramento sólo como una costumbre, participando del mismo de esa manera, corre el riesgo de gustar la Santa Cena indignamente.

8.2.19 Cómo se recibe la Santa Cena Volver arriba

La Santa Cena es recibida tanto por los portadores de ministerio como por la comunidad en sus dos figuras, es decir, en pan y vino.

Desde 1917, la Iglesia Nueva Apostólica suministra ambos elementos de la Santa Cena conjuntamente en la forma de una hostia en la que se han dejado caer gotas de vino.

8.2.20 Efectos de la Santa Cena Volver arriba

Quien gusta dignamente la Santa Cena, es partícipe del mérito obtenido por Jesucristo con su sacrificio. El tomar parte en el nuevo pacto y en el mérito de Cristo, iniciado en el Santo Bautismo con Agua, se confirma permanentemente al recibir la Santa Cena.

Además, la Santa Cena garantiza la comunión de vida con el Hijo de Dios. Constituye una manifestación visible y un fortalecimiento de la vida con Jesucristo. A través de su cuerpo y sangre, Cristo comparte con el creyente su naturaleza, que se destaca por la perfección de su poder para vencer, de manera que el creyente vive en Cristo.

A raíz de la verdadera presencia del cuerpo y sangre de Cristo, participar dignamente de la Santa Cena da lugar a la verdadera comunión con el Señor, unificando a los creyentes entre sí (Jn. 17:20-21). Esto también se expresa en 1 Corintios 10:17: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan". La unidad de los creyentes adquirida a través de la Santa Cena, es la unidad con Jesucristo, los Apóstoles por Él enviados y todos los renacidos de agua y Espíritu. En esta comunión de la Santa Cena, se ponen en evidencia claramente la verdadera naturaleza y la verdadera forma de la Iglesia de Cristo (ver 6.5).

La Santa Cena es un medio esencial en la preparación para el día del retorno de Cristo.

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El portador de ministerio autorizado pronuncia para la consagración de la Santa Cena un texto litúrgico establecido que se basa en 1 Corintios 11:23 y en Mateo 26:26 y los versículos siguientes. (8.2.16)

En la hostia consagrada son suministrados el cuerpo y la sangre de Jesucristo. (8.2.17)

Las condiciones previas básicas para recibir dignamente la Santa Cena son un corazón deseoso de salvación y arrepentido, y la fe. (8.2.18)

En la Iglesia Nueva Apostólica se suministra pan y vino en la forma de una hostia en la que se han dejado caer gotas de vino. (8.2.19)

El tomar parte en el mérito de Cristo, iniciado en el Santo Bautismo con Agua, se confirma permanentemente al recibir la Santa Cena. La Santa Cena garantiza la comunión de vida con el Hijo de Dios y unifica a los creyentes entre sí. (8.2.20)

La Santa Cena es un medio esencial en la preparación para el retorno de Cristo. (8.2.20)

8.2.21 Derecho para participar de la Santa Cena Volver arriba

Están autorizados para participar en forma permanente de la Santa Cena quienes hayan sido bautizados en la Iglesia Nueva Apostólica, los adoptados y los sellados. Estos se confiesan a los contenidos de los artículos de la fe nuevoapostólicos (ver 2.4).

Una condición esencial para recibir la Santa Cena es el Santo Bautismo con Agua; sólo los bautizados deben tomar la Santa Cena.

Si bien por lo general sólo los cristianos nuevoapostólicos reciben la Santa Cena, también se les puede conceder el acceso a la Santa Cena como invitados a aquellos cristianos que hayan sido bautizados en la debida forma (ver 8.1.4). Se les debería aclarar que la Santa Cena consiste en una cena de confesión al Hijo de Dios que ha muerto, resucitado y que vendrá nuevamente.

Retirándose o siendo excluido de la Iglesia Nueva Apostólica caduca al mismo tiempo el permiso para participar de la Santa Cena. Al volver a ingresar a la Iglesia Nueva Apostólica se permite nuevamente la participación en la Santa Cena.

8.2.22 Celebración de la Santa Cena en las Iglesias Volver arriba

Allí donde está activo el ministerio de Apóstol con plena autoridad, se agregan al pan y vino el cuerpo y la sangre de Cristo. En las celebraciones en otras Iglesias también existen elementos importantes de la Santa Cena, ya que también allí se recuerda con fe y gratitud la muerte y la resurrección de Jesucristo.

Los cristianos nuevoapostólicos deberían tener presente que participando en forma continua de las celebraciones de la Santa Cena en otras Iglesias, básicamente se confiesan a su doctrina.

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Están autorizados para participar en forma permanente de la Santa Cena quienes hayan sido bautizados en la Iglesia Nueva Apostólica, los adoptados y los sellados. Una condición esencial para recibir la Santa Cena es el Santo Bautismo con Agua. A los cristianos bautizados en la debida forma se les puede conceder el acceso a la Santa Cena como invitados. (8.2.21)

Retirándose o siendo excluido de la Iglesia Nueva Apostólica caduca el permiso para participar de la Santa Cena. (8.2.21)

En las celebraciones de la Santa Cena en otras Iglesias también existen elementos importantes de la Santa Cena, ya que también allí se recuerda con fe y gratitud la muerte y la resurrección de Jesucristo. (8.2.22)

8.3 El Santo Sellamiento Volver arriba

El Santo Sellamiento es el Sacramento a través del cual el creyente, por imposición de manos y oración de un Apóstol, recibe el don del Espíritu Santo y se convierte en un hijo de Dios con vocación para la primogenitura. Consiguientemente dice el octavo artículo de la fe: “Yo creo que los bautizados con agua deben recibir el don del Espíritu Santo a través de un Apóstol para alcanzar la filiación divina y las condiciones previas para la primogenitura".

8.3.1 El concepto “Sellamiento" Volver arriba

El concepto “Sellamiento" hace referencia a la utilización de un sello. Un sello da fe a documentos importantes proveyéndolos de autoridad; documenta que son auténticos. Los escritos que se deben mantener en secreto, se cierran mediante sellos. Con un sello el propietario marca lo que es su propiedad; es garantía de que la autoridad lo respalda, le asegurará protección y no permitirá su deterioro.

En estos aspectos semánticos se apoya el nombre del Sacramento del Bautismo con Espíritu. Además, en las epístolas del Nuevo Testamento “ser sellado" se entiende como la recepción del don del Espíritu Santo:

  • “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones" (2 Co. 1:21-22).

  • “En él [Cristo] también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo" (Ef. 1:13).

  • “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención" (Ef. 4:30).

También en el Apocalipsis se encuentran referencias al Sellamiento como signo de propiedad o bien signo escatológico de salvación (Ap. 7:3; 22:4).

8.3.2 La promesa del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento Volver arriba

En el tiempo del antiguo pacto, el Espíritu Santo estuvo activo en algunas personas elegidas por Dios para cumplir determinadas tareas. Los profetas se referían a la autoridad y los preceptos divinos con las palabras: “Así ha dicho el Señor". El Espíritu de Dios despertaba en ellos los pensamientos en los que se basaban las prédicas sobre juicio y salvación.

Por encargo de Dios, los profetas también ungían a los reyes que debían gobernar al pueblo escogido; así por ejemplo, David fue ungido como rey por Samuel (1 S. 16:12-13). Con este acto, la dignidad real de David también fue “sellada". Además, dice que el Espíritu de Dios vino sobre David. Según Salmos 51:11, el rey oró después de cometer pecado, que Dios no quitase de él el Santo Espíritu.

Asimismo, se encuentran indicaciones en el Antiguo Testamento sobre un futuro en el que sería derramado el Espíritu de Dios, y ya no sobre algunos, sino sobre muchos: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días" (Jl. 2:28-29). Se pueden encontrar promesas semejantes en otros profetas; por ejemplo en Ezequiel 36:27: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu". En la prédica de Pentecostés, el Apóstol Pedro señaló que la promesa del profeta Joel ahora se había cumplido (Hch. 2:15 ss.).

8.3.3 La unción de Jesús con el Espíritu Santo Volver arriba

Como los otros dos Sacramentos, también el Santo Sellamiento tiene su fundamento en la vida y obra de Jesucristo. Sobre Él, el Hijo del Hombre, dice en Juan 6:27, que “a éste señaló Dios el Padre".

Después del Bautismo de Jesús en el Jordán, Juan el Bautista testifica: “Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él". Esta fue la señal prometida por Dios al Bautista para reconocer a aquel “que bautiza con el Espíritu Santo [...] Este es el Hijo de Dios" (Jn. 1:29-34).

Este hecho también está descripto en Mateo 3,16: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él". El Espíritu Santo descendió sobre Jesús luego de realizado el Bautismo; se pueden observar entonces dos actos diferentes.

El Espíritu Santo y la voz de Dios proclaman que Jesús es el Hijo de Dios. La unción de Jesús con Espíritu Santo es la legitimación de su mesianidad, y al mismo tiempo es una referencia al posterior Sacramento.

Sobre ambos hechos (Bautismo con Agua y unción con Espíritu Santo) se fundamenta la interpretación sobre la relación entre Santo Bautismo con Agua y Santo Sellamiento. Ambos van juntos, están mutuamente relacionados, y no obstante son dos Sacramentos que se distinguen uno del otro.

Hechos 10:37-38 destaca que el Santo Sellamiento tiene como modelo la unción de Jesús: “Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret".

8.3.4 El derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés Volver arriba

En sus palabras de despedida, Jesucristo prometió reiteradamente a sus Apóstoles el envío del Espíritu Santo; así por ejemplo: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí" (Jn. 15:26). Esta promesa se cumplió en Pentecostés, cuando los Apóstoles con los discípulos y discípulas fueron llenos de Espíritu Santo (Hch. 2:1-4).

En ambos acontecimientos fundamentales, Dios actuó en forma directa; esto representa simbólicamente el Sacramento del Santo Sellamiento: con Espíritu Santo selló a Jesús y dio testimonio de que Él es el Hijo de Dios. Con Espíritu Santo selló a los Apóstoles y a los creyentes que estaban en comunión con ellos.

A aquellos que después de la prédica de Pentecostés habían llegado a tener fe en Cristo, Pedro les respondió la pregunta de qué debían hacer: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch. 2:38). Aquí se ve que el Santo Bautismo con Agua es una condición previa para recibir Espíritu Santo.

Constituye una excepción lo acontecido en lo del centurión Cornelio: a personas no bautizadas Dios les dio directamente el Espíritu Santo, a fin de mostrar al Apóstol Pedro que la salvación de allí en más también era accesible para los gentiles. Por eso, en este caso especial el Santo Bautismo con Agua recién fue realizado después de haber sido dispensado el Espíritu (Hch. 10).

8.3.5 Otros testimonios del Nuevo Testamento sobre el Santo Sellamiento Volver arriba

Según el testimonio de la Escritura, el Santo Sellamiento está ligado al ministerio de Apóstol. Felipe había predicado en Samaria y bautizado a los que creían en el Evangelio: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo" (Hch. 8:12 ss.). Simón, el mago, vio “que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo" (Hch. 8:18). En este hecho están claramente separados los Sacramentos del Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento, que significa recibir el don del Espíritu Santo.

Otro hecho comprueba la diferenciación del Bautismo con Agua y la recepción de Espíritu Santo. En Éfeso había discípulos que hasta ese momento sólo habían recibido el Bautismo de Juan, habiendo sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo" (Hch. 19:1-6).

Estas descripciones dan fe de que, salvo las excepciones mencionadas, el don del Espíritu Santo sólo era transmitido por Apóstoles. Además queda en claro que el don del Espíritu Santo recién se dispensaba después de realizado el Bautismo con Agua.

8.3.6 La dispensación del Santo Sellamiento en la debida forma Volver arriba

Mientras que en el Santo Bautismo con Agua el elemento visible es el agua y en la Santa Cena el pan y vino, en el caso del Santo Sellamiento, conforme al testimonio neotestamentario, es el gesto de imposición de manos del Apóstol. Así también, la oración del Apóstol pertenece a la debida dispensación de este Sacramento.

El Sacramento del Santo Sellamiento, el Bautismo con Espíritu, es dispensado exclusivamente por Apóstoles.

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En el Santo Sellamiento, el creyente recibe el don del Espíritu Santo. (8.3)

El Espíritu Santo descendió sobre Jesús luego de realizado el Bautismo. La unción de Jesús con Espíritu Santo es la legitimación de su mesianidad y una referencia al Sacramento del Sellamiento. (8.3.3)

El envío del Espíritu Santo prometido por Jesús se cumplió en Pentecostés. (8.3.4)

Según el testimonio de la Escritura, el Santo Sellamiento está ligado al ministerio de Apóstol. (8.3.5)

El don del Espíritu Santo recién se dispensaba después de realizado el Bautismo con Agua. (8.3.5)

El Sacramento del Santo Sellamiento es dispensado exclusivamente por Apóstoles con el gesto de imposición de manos y una oración. (8.3.6)

8.3.7 Condiciones previas para recibir el Santo Sellamiento Volver arriba

El Santo Sellamiento presupone que el que lo recibe tenga fe en el trino Dios y los Apóstoles enviados por Jesucristo. Previamente debe haber sido bautizado en la debida forma (ver 8.1); debe profesar su fe y prometer seguimiento a Cristo. En la Obra Redentora del Señor experimenta la preparación para el pronto retorno de Cristo.

El Santo Sellamiento es dispensado a adultos y niños. En el Santo Sellamiento de niños, los padres o bien quienes tengan a su cargo su educación religiosa deben profesar, en representación de ellos, la fe necesaria y prometer educarlos en la fe nuevoapostólica.

8.3.8 El Santo Sellamiento como acto de Dios Volver arriba

Al igual que el Santo Bautismo con Agua, el Santo Sellamiento es un acto de Dios en el hombre. En el Santo Sellamiento se consuma aquello que fue comenzado en el Santo Bautismo con Agua: el renacimiento de agua y Espíritu. Ambos Sacramentos son actos de la gracia divina en el hombre, que tienen lugar una sola vez. La vida recibida en ellos, se alimenta y preserva ante todo gustando regularmente la Santa Cena.

La nueva criatura (2 Co. 5:17) que tiene su origen en el renacimiento, hace referencia a la santificación y la nueva creación que acontecen por medio de Dios, el Espíritu Santo.

8.3.9 Efectos del Santo Sellamiento Volver arriba

A través del Sacramento del Santo Sellamiento, el creyente bautizado se llena de Espíritu Santo, de poder divino (ver 3.5.2).

Mediante el Santo Sellamiento, el Espíritu de Dios hace morada permanente en el hombre. Dios mismo permite ser partícipe de su ser: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Ro. 5:5). La primera relación de cercanía del hombre con Dios iniciada en el Bautismo con Agua, recibe con la filiación divina una nueva calidad.

Por el renacimiento de agua y Espíritu, el creyente además es convocado por Dios para la primogenitura. Por lo tanto, el renacimiento tiene, en términos del reino de Dios, un aspecto presente y uno futuro (Jn. 3:5).

El efecto presente del renacimiento, la filiación divina, representa algo así como una antelación de la primogenitura, el “real sacerdocio" (1 P. 2:9). En este sentido, la “filiación divina" es entonces aquella situación del hombre ante Dios que se caracteriza por la recepción de todos los Sacramentos, por la fe en la prédica apropiada del Evangelio y la orientación de la vida al retorno de Cristo.

El “Espíritu infantil", que se hace efectivo en el hombre mediante el Sellamiento, se dirige a Dios en confianza con: “¡Abba, Padre!". El Espíritu Santo da testimonio a aquellos que lo han recibido, de que son hijos de Dios (Ro. 8:16). Esto acontece en la conciencia (ver 4.2.1.3), pero también en el anuncio que tiene lugar en el Servicio Divino.

En el Santo Sellamiento, el creyente se entrega al trino Dios y Dios lo acepta como su propiedad. Esto significa que el renacido se convierte en heredero de Dios y coheredero con Cristo. Es llamado a padecer juntamente con Cristo y le es prometido ser glorificado juntamente con Él (Ro. 8:15-18).

Con el Santo Sellamiento se perfecciona la entrega a Cristo iniciada en el Santo Bautismo con Agua. El creyente recibe la vivificación espiritual que lo lleva a estar en comunión con el Señor que vendrá nuevamente (Stg. 1:18; Ap. 14:4). Así forma parte de aquellos que Dios prepara dentro de la Iglesia a través de los Apóstoles para el retorno de Cristo y ser partícipes de las bodas en el cielo (Ap. 19:7-8).

La presencia duradera del Espíritu Santo en el hombre también tiene efectos profundos y perceptibles en la vida sobre la tierra: si el sellado le da cabida al Espíritu Santo para que se despliegue, se desarrollarán virtudes divinas tal como las describe el Apóstol Pablo en la imagen de los “frutos" del Espíritu Santo (Gá. 5:22-23).

El Espíritu de Dios se muestra como luz que posibilita el reconocimiento de las coherencias divinas. Él es consolador y sostén. El Espíritu Santo también exhorta al sellado, fortalece su conciencia y le brinda orientación en el camino hacia la meta de la fe.

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El Santo Sellamiento presupone que el que lo recibe tenga fe en el trino Dios, que previamente haya sido bautizado con agua y que posea fe en los Apóstoles enviados por Jesucristo. (8.3.7)

En el Santo Sellamiento se consuma aquello que fue comenzado en el Santo Bautismo con Agua: el renacimiento de agua y Espíritu. La nueva criatura que tiene su origen en el renacimiento, hace referencia a la santificación y la nueva creación que acontecen por medio de Dios, el Espíritu Santo. (8.3.8)

En el Santo Sellamiento, el creyente bautizado se llena de Espíritu Santo en forma duradera. (8.3.9)

Efectos del renacimiento de agua y Espíritu son la filiación divina y el llamamiento a la primogenitura. Si el sellado le da cabida al Espíritu Santo para que se despliegue, se desarrollarán virtudes divinas. (8.3.9)