Catecismo

7 El ministerio

En general, se entiende por “ministerio" una función o un puesto oficial que tiene un área de responsabilidad a su cargo. En un sentido más amplio, “ministerio" es una autoridad otorgada para representar, dirigir y ordenar a una sociedad. Del ejercicio de un ministerio forman parte tanto tareas administrativas como también directivas.

Cuando en lo sucesivo se habla de "ministerio", se trata principalmente del ministerio espiritual.

7.1 El ministerio y los servicios Volver arriba

Un ministerio espiritual es el poder, la bendición y la santificación para servir en la Iglesia de Cristo otorgados a través de la ordenación. El ministerio se ejerce bajo el poder del Espíritu Santo.

El ministerio espiritual es transmitido por alguien “más elevado", el Enviador. El enviado se responsabiliza y compromete frente al Enviador para el cumplimiento de su encargo ministerial. El ministerio siempre está relacionado con Jesucristo y los Apóstoles enviados por Él (ver 7.6).

En la Iglesia de Cristo se deben distinguir del ministerio los múltiples servicios para proclamar el Evangelio y para el bien de los creyentes, los cuales pueden llevarse a cabo sin que exista una ordenación.

También se debe diferenciar del ministerio el llamamiento dirigido a cada creyente, de servir al Señor mediante el seguimiento (Jn. 12:26; 1 P. 2:5 y 9). Forma parte de ello para los renacidos, dar testimonio viviente del Evangelio a través de palabras y obras en comunión con los Apóstoles, apoyando su mandato misionero.

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Se entiende por “ministerio" una función o un puesto que tiene un área de responsabilidad a su cargo, así como una autoridad otorgada para representar, dirigir y ordenar a una sociedad. (7)

Un ministerio espiritual es el poder, la bendición y la santificación para servir en la Iglesia de Cristo otorgados a través de la ordenación. (7.1)

Se deben distinguir del ministerio los múltiples servicios para proclamar el Evangelio y para el bien de los creyentes, los cuales pueden llevarse a cabo sin que exista una ordenación. (7.1)

También se debe diferenciar del ministerio el llamamiento dirigido a cada creyente, de servir al Señor mediante el seguimiento. Forma parte de ello para los renacidos, dar testimonio viviente del Evangelio a través de palabras y obras en comunión con los Apóstoles, apoyando su mandato misionero. (7.1)

7.2 Origen del ministerio en la Iglesia Volver arriba

El ministerio espiritual se basa en el envío de Jesucristo por el Padre; Jesús es Rey, Sacerdote y Profeta (ver 3.4.7). Como el Enviado de su Padre, tuvo el poder, la bendición y la santificación para redimir a la humanidad.

Ya en el antiguo pacto hubo en la Iglesia antecesores del ministerio. Sin embargo, existe una considerable diferencia entre el ministerio del antiguo pacto y el del nuevo pacto. Hebreos 8:6 dice al respecto: “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo [de Jesús], cuanto es mediador de un mejor pacto ...".

Jesús instituyó el ministerio para su Iglesia a través del llamamiento y el envío de los Apóstoles.

La Iglesia de Jesucristo se manifestó en su realización histórica en Pentecostés. En ese momento también comienza en la Iglesia la actividad del ministerio. Pero Jesucristo ya había dado antes a sus Apóstoles el ministerio en sí; Él los había equipado con poder, bendición y Espíritu Santo (Jn. 20:21-23). Los Apóstoles son los enviados de Jesús.

7.3 Fundamento bíblico Volver arriba

La Sagrada Escritura no conoce un concepto uniforme para el término “ministerio". Tampoco desarrolla una doctrina sobre el ministerio; no obstante brinda múltiples indicaciones sobre el contenido y la naturaleza del ministerio.

7.3.1 Referencias del Antiguo Testamento Volver arriba

Aunque desde la perspectiva del nuevo pacto el ministerio en el sentido actual recién fue instituido por Jesucristo, también se pueden encontrar referencias al ministerio neotestamentario en el antiguo pacto: en el rey, en el sacerdote y en el profeta. No obstante, esto no quiere decir que todos los reyes de Israel eran portadores de un ministerio espiritual. Más bien pueden establecerse referencias al ministerio en personas destacadas de la historia de la salvación:

  • David constituye un ejemplo de un rey elegido y ungido. Su significado para la historia de la salvación se evidencia en que Jesús es llamado “Hijo de David" (Mt. 21:9).

  • Melquisedec es un ejemplo de un sacerdote que transmite la bendición de Dios (Gn. 14:18-19).

  • Moisés se puede mencionar como ejemplo de un profeta (Dt. 18:15) que proclama la voluntad divina y que por indicación de Dios le dio la ley al pueblo.

A la luz del Nuevo Testamento, estos ministerios pueden entenderse como alusiones al “mejor ministerio" que vendría en Jesucristo.

El ministerio central del Antiguo Testamento es el de sacerdote. El arquetipo del servicio sacerdotal y del ministerio de sumo sacerdote es Melquisedec. Él bendice a Abraham y recibe ofrendas de él (Sal. 110:4). Como bendecidor está por encima de aquel que recibe la bendición. El sacerdote, en su función, está por encima del patriarca de la fe.

Todo Israel había sido llamado por Dios para ser un reino de sacerdotes (Ex. 19:6). Sin embargo, Dios reservó el servicio del templo sólo para una tribu, la tribu de Leví, y de la tribu de Leví sólo a una parte, al sacerdocio aaronita, le asignó el servicio de las ofrendas.

Considerando el ministerio de sacerdote desde la perspectiva de la epístola a los Hebreos, se puede decir que una tarea de los sacerdotes consistía en preparar al pueblo de Israel para la llegada del Mesías, para la venida de Jesucristo como el verdadero sumo sacerdote (3.4.7.2).

7.3.2 Fundamento del ministerio en el Nuevo Testamento Volver arriba

En el Antiguo Testamento, el ministerio ya hacía referencia a Jesucristo. En Jesús se vuelve a encontrar todo aquello en lo cual se fundaba el ministerio en el Antiguo Testamento: Él es Rey, Sacerdote y Profeta.

A partir de su autoridad divina, Él, el Elegido de Dios, eligió a los doce Apóstoles. Él los revistió de autoridad, los bendijo y los santificó para el servicio del Evangelio. A ellos les confió la administración de los Sacramentos. De esa manera, su sacrificio para redención de los hombres puede ser accesible a todos (Mt. 28:19-20).

La gran importancia que Jesucristo les asignó a sus Apóstoles se manifestó en su conducta previa a su padecimiento y muerte: habló con ellos, les concedió la promesa de su retorno e intercedió por ellos en la oración sacerdotal: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo" (Jn. 17:18). El Resucitado les dio a sus Apóstoles la autoridad para el perdón de los pecados y volvió a relacionar directamente este envío con el suyo: “Como me envió el Padre, así también yo os envío" (Jn. 20:21-23).

Así como el envío de Jesucristo tenía por objetivo la redención por medio de su muerte y su resurrección, el envío de los Apóstoles hace accesible al hombre este mérito de Cristo y la plenitud de la salvación.

Así como el ministerio en el antiguo pacto fue dado también para preparar al pueblo del Señor para la venida del Mesías prometido, también es una tarea esencial del ministerio en el Nuevo Testamento preparar a los creyentes para el retorno de su Señor.

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El ministerio espiritual se basa en el envío de Jesucristo por el Padre. (7.2)

A través del llamamiento y el envío de los Apóstoles, Jesús instituyó el ministerio para su Iglesia. (7.2)

La Escritura brinda múltiples indicaciones sobre el contenido y la naturaleza del ministerio: en el antiguo pacto existía el ministerio de rey, sacerdote y profeta. En Jesús se vuelve a encontrar todo aquello en lo cual se fundaba el ministerio en el Antiguo Testamento: Él es Rey, Sacerdote y Profeta. (7.3; 7.3.1; 7.3.2)

A partir de su autoridad divina, Jesús eligió a los doce Apóstoles y los revistió de autoridad, los bendijo y los santificó para el servicio del Evangelio. El envío de los Apóstoles permitió a los hombres acceder a la plenitud de la salvación de Jesucristo. (7.3.2)

7.4 El ministerio de Apóstol Volver arriba

El término “Apóstol" proviene del griego “apóstolos", que en el Nuevo Testamento significa “enviado".

Jesucristo le concedió directamente a su Iglesia un solo ministerio, que es el ministerio de Apóstol. En su lugar y por su encargo, el ministerio de Apóstol debe edificar la Iglesia y hacer accesible la redención a quienes estén deseosos de salvación. Además, el propósito del ministerio de Apóstol es preparar a los creyentes para el retorno de Jesucristo.

En el cuarto artículo de la fe, el significado del ministerio de Apóstol se describe con las siguientes palabras:

“Yo creo que el Señor Jesús gobierna en su Iglesia y que para ello ha enviado a sus Apóstoles y hasta su retorno aún los envía con el encargo de enseñar, de perdonar pecados en su nombre y de bautizar con agua y con Espíritu Santo."

7.4.1 Características del ministerio de Apóstol Volver arriba

Jesucristo confirió amplios poderes al ministerio de Apóstol. El Apóstol es un enviado de Jesucristo y actúa en su nombre. Se le asignan al ministerio de Apóstol atribuciones y funciones que surgen de los ministerios de Jesús: Rey, Sacerdote y Profeta (ver 3.4.7). Por lo tanto, el ministerio de Apóstol recibe toda autoridad de Jesucristo y se encuentra en una relación absoluta de dependencia con Él.

El Apóstol Pablo fue el único Apóstol del cristianismo temprano que habló de su ministerio. En la segunda epístola a los Corintios transmite referencias esenciales sobre el significado del ministerio de Apóstol. Sus enunciados no son de naturaleza dogmática, sino una reacción a ataques tanto de la comunidad de Corinto como también de afuera. Queda en claro en estos enunciados cómo entiende Pablo su ministerio. Se pueden derivar de ellos las características generales del ministerio de Apóstol:

El ministerio del nuevo pacto

Con esta designación se lo distingue del ministerio del antiguo pacto. Cuán fundamental es la diferencia entre el ministerio del nuevo pacto y el del antiguo pacto queda en claro en 2 Corintios 3:6: “La letra mata, mas el espíritu vivifica". La “letra" es la ley mosaica, mientras que el “espíritu" significa el Evangelio, cuyo efecto de salvación se basa en la gracia de Dios.

Jesucristo es el eterno Sumo Sacerdote del nuevo pacto, quien se ofreció en sacrificio a sí mismo (He. 4:14-15; 7:23-27). Desde la ascensión de Cristo, la tarea de los Apóstoles es hacer accesible a los hombres la salvación obtenida por Él. La administración y dispensación de los medios de salvación logrados por Jesucristo se realiza sobre la tierra (ver 9.6.3). Por la encarnación de Dios, la tierra fue determinada por Dios mismo como el lugar donde se imparte la salvación.

En contraste con el ministerio del antiguo pacto, restringido al pueblo de Israel, el ministerio del nuevo pacto no conoce fronteras: está activo entre todos los pueblos.

El ministerio del Espíritu

El ministerio de Apóstol es el “ministerio del espíritu" (2 Co. 3:8; comparar con Hch. 8:14-17). Por la dispensación del don del Espíritu Santo, se le concede a un alma bautizada con agua la filiación divina y la condición previa para la primogenitura.

El ministerio de la justificación

El ministerio de Apóstol como el “ministerio de justificación" contrasta con el “ministerio de condenación" del antiguo pacto. El Apóstol Pablo escribe: “Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria [...], ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?" (2 Co. 3:7-8). El Apóstol establece aquí una diferencia fundamental entre la ley mosaica y la ley de Cristo.

El ministerio de Apóstol señala el hecho de que el hombre es pecador y necesita la gracia de Dios. La fe en Jesucristo y la aceptación de su sacrificio conducen a la justificación válida ante Dios.

El ministerio de la reconciliación

El ministerio de Apóstol, el “ministerio de la reconciliación" (2 Co. 5:18-19), exhorta al arrepentimiento y conduce al hombre a experimentar la proeza redentora de Dios que se consumó en Jesucristo. El Apóstol anuncia la muerte y resurrección de Jesús, y hace posible a los creyentes participar en la plenitud del mérito de Cristo a través del perdón de los pecados y el festejo de la Santa Cena. “Reconciliación" significa la restauración de la relación perfecta entre el hombre y Dios, así como entre los seres humanos. La “reconciliación" completa se habrá alcanzado cuando se manifieste la gloria de la filiación divina y los “hijos de Dios" sean semejantes al Señor (1 Jn. 3:2).

Embajador en nombre de Cristo

El enunciado del Apóstol Pablo: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo ..." (2 Co. 5:20) expresa que Jesucristo está activo en su Iglesia a través de los Apóstoles. El Apóstol actúa en el poder del Espíritu Santo, anuncia el Evangelio y administra los Sacramentos. Su actividad está destinada a la salvación de los seres humanos necesitados de redención.

De la primera epístola a los Corintios y de Hechos se pueden derivar otras características del ministerio de Apóstol:

Administradores de los misterios de Dios

Pablo habla de los Apóstoles como “administradores" (1 Co. 4:1). Un administrador es responsable de la “casa", o bien de la comunidad. En ella, los Apóstoles aseguran el debido anuncio del Evangelio y la debida administración de los Sacramentos. Ellos instituyen a los portadores de ministerio y mantienen el orden en la comunidad.

El Apóstol Pablo utiliza el término “administrador" en relación con los “misterios" divinos. Esto sugiere que también le ha sido confiada al ministerio de Apóstol la tarea de comunicar y clarificar revelaciones de Dios, es decir, “misterios". Forman parte de ellos, por ejemplo, la elección de los gentiles, o sea, aquellos que no son judíos, y el arrebatamiento de la comunidad nupcial en el retorno de Cristo (1 Co. 15:51; Col. 1:26-28).

Ministerio de la palabra

En el prólogo de Juan, el Hijo de Dios es descripto como el “Verbo" (“Logos") por el cual fue creado todo. El ministerio de Apóstol, a quien el Señor también le dio el encargo de enseñar, es partícipe de este poder de la palabra para servir. También en este sentido debe ser entendido Hechos 6:4: “Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra". Los Apóstoles predican el Evangelio e interpretan las Escrituras de la manera apropiada (Gá. 1:11-12).

Orientación hacia el día del Señor

La orientación hacia el día del Señor es otra característica esencial del ministerio de Apóstol. El Apóstol Pablo escribe a la comunidad de Corinto: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo" (2 Co. 11:2). “Virgen pura" es una imagen de la comunidad nupcial escogida por Jesucristo, la cual a través de los Apóstoles es preparada para el retorno de Cristo.

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“Apóstol" (“apóstolos") significa “enviado". (7.4)

Jesucristo le concedió directamente a su Iglesia un solo ministerio: el ministerio de Apóstol. El ministerio de Apóstol recibe toda autoridad de Jesucristo y se encuentra en una relación absoluta de dependencia con Él. (7.4 y 7.4.1)

El ministerio de Apóstol se denomina “ministerio del nuevo pacto", “ministerio del Espíritu", “ministerio de la justificación", “ministerio de la reconciliación". Los Apóstoles también son llamados “embajadores en nombre de Cristo" y “administradores de los misterios de Dios". (7.4.1)

La orientación de la comunidad hacia el retorno de Cristo es otra característica esencial del ministerio de Apóstol. (7.4.1)

7.4.2 Equipamiento y envío de los Apóstoles Volver arriba

Jesucristo eligió a doce varones del círculo de sus discípulos y los instituyó como Apóstoles (Mr. 3:13-19; Lc. 6:13-16). Se informa de dos envíos de los Apóstoles:

En la primera ocasión, el Señor envió a sus Apóstoles a las “ovejas perdidas de la casa de Israel" y les prohibió expresamente ir a los samaritanos y a los gentiles. Les dio el poder para sanar enfermos, despertar a los muertos, sacar espíritus malos y traer paz, así como predicar sobre el reino de Dios. Subrayó este envío con las palabras: “El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió" (Mt. 10:40).

El encargo dado en ocasión del segundo envío de los Apóstoles, el cual tuvo lugar después de la resurrección de Jesucristo, abre una dimensión nueva, superior y mucho más grande: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt. 28:18-20). Conforme a esta promesa, Él estará con ellos hasta el fin del mundo (del gr.: “eon" = “período de la tierra").

Los nombres de los primeros doce Apóstoles se pueden encontrar, por ejemplo, en Mateo 10:2-4: Simón, llamado Pedro, Andrés, Jacobo, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Jacobo, Tadeo, Simón el cananista y Judas Iscariote. Estos Apóstoles son llamados “los doce", aun después de la traición de Judas Iscariote.

Adicionalmente a los mencionados, el Nuevo Testamento cita a otros Apóstoles: Matías (Hch. 1:15-26), Bernabé (Hch. 13:1-4; 14:4 y 14), Pablo (1 Co. 9:1-16; 2 Co. 11) y Jacobo, el hermano del Señor (Gá. 1:19; 2:9). En el caso de Matías, la condición previa a su llamamiento como Apóstol es haber sido testigo ocular de la vida de Jesús (Hch. 1:21-22). Silvano y Timoteo también son nombrados como Apóstoles (1 Ts. 1:1; 2:7), además de Andrónico y Junias (Ro. 16:7).

7.4.3 Pedro, la cabeza de los primeros Apóstoles Volver arriba

En presencia de los demás Apóstoles, Jesús le transmite a Simón Pedro autoridad especial. Su posición de primacía se vio después de la ascensión del Señor, pero se insinuaba ya antes:

  • Pedro fue llamado “roca", a él le fue conferido el poder de llaves: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mt. 16:18-19).

  • Antes de su muerte en sacrificio, el Señor dirigió a Pedro las siguientes palabras: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos" (Lc. 22:31-32).

  • A Pedro, Jesucristo le formuló la pregunta: “¿Me amas?". Pedro lo afirmó tres veces, y entonces el Señor le confió la atención de sus corderos y ovejas (Jn. 21:15-17).

  • Pedro dispuso el reemplazo de Judas Iscariote en el círculo de los Apóstoles (Hch. 1:15-26); él predicó en Pentecostés (Hch. 2:14), y a él el Señor le mostró que la salvación en Cristo también está destinada a los gentiles (Hch. 10).

7.4.4 Testimonios del Nuevo Testamento sobre el obrar de los Apóstoles Volver arriba

Ante todo Lucas en los Hechos de los Apóstoles informa acerca del obrar de los Apóstoles. Así en Hechos 11:1-18 y 15:1-29 se puede leer sobre dos asambleas conducidas por Apóstoles, en las cuales fue regulado el acceso de los gentiles al nuevo pacto y otros temas importantes de aquel tiempo. Esto deja en claro que los Apóstoles tomaban juntos decisiones con efectos determinantes.

Así también los Hechos de los Apóstoles dan cuenta de que la dispensación del don del Espíritu Santo está ligada al ministerio de Apóstol: Felipe predicaba en Samaria y bautizaba a los creyentes con agua. Los Apóstoles lo escucharon y enviaron a Pedro y a Juan para que fuesen allí. Estos “oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo" (Hch. 8:15-17). Según Hechos 19:6, el Apóstol Pablo actuaba de la misma manera.

Una tarea esencial de los Apóstoles era anunciar la muerte y resurrección de Jesucristo (Hch. 13:26-41; 17:1-4). Ellos lucharon contra falsas doctrinas, ante todo aquellos que negaban la encarnación de Jesús y su resurrección (1 Co. 15:3-8; 1 Jn. 4:1-6).

Los Apóstoles esperaban el día del Señor en su tiempo de vida y preparaban a los creyentes para ese acontecimiento (1 Ts. 4:14-18). Aquí se ve la estrecha vinculación existente entre el anuncio del retorno de Cristo y el ministerio de Apóstol.

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Jesucristo instituyó a doce Apóstoles. No obstante, el Nuevo Testamento da cuenta de más de doce Apóstoles. (7.4.2)

Jesús confirió al Apóstol Simón Pedro el poder de llaves y el encargo de conducir a su Iglesia. (7.4.3)

Ante todo los Hechos de los Apóstoles informa acerca del obrar de los Apóstoles. Da cuenta entre otras cosas, de que el don del Espíritu Santo era dispensado por los Apóstoles. Los Apóstoles proclamaban el Evangelio y luchaban contra falsas doctrinas. (7.4.4)

7.5 Desarrollo de los ministerios a partir del ministerio de Apóstol Volver arriba

Jesucristo dio únicamente el ministerio de Apóstol. A partir de Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a cumplir su encargo de difundir el Evangelio en las incipientes comunidades. Pronto se supo que para poder cumplir con todas las actividades necesitaban de quienes les ayudaran. Ante su sugerencia, fueron elegidos siete varones por la comunidad. Ellos recibieron el equipamiento espiritual para su servicio mediante la oración de los Apóstoles y su imposición de manos (Hch. 6:6). Estos siete varones fueron los primeros Diáconos. Con esta forma de proceder fueron colocadas las bases para las futuras ordenaciones: mediante imposición de manos y oración de un Apóstol.

Los Apóstoles y otros creyentes fundaron nuevas comunidades, que necesitaban atención espiritual. A tal efecto los Apóstoles colocaron dirigentes de comunidad. Estos fueron denominados “obispos" o “ancianos" (del gr. “episkopos" y “presbyteros“). De Tito 1:5 y 7 surge que ambos nombres fueron utilizados para el mismo encargo. Además había activos en las primeras comunidades cristianas profetas, evangelistas, pastores y maestros (Ef. 4:11).

Con el crecimiento de la Iglesia se fue manifestando poco a poco por inspiración del Espíritu Santo, una jerarquía, como lo testifican las epístolas pastorales y la Didaché [11], mediante la cual quedó asegurada la vida espiritual de las comunidades.

Después de la muerte de los primeros Apóstoles, surgieron servicios espirituales con diferentes funciones y denominaciones.

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Para poder cumplir con todas las actividades los Apóstoles necesitaban de quienes les ayudaran. Ellos recibieron el equipamiento espiritual para su servicio mediante imposición de manos y oración de los Apóstoles. Con esta forma de proceder fueron colocadas las bases para las futuras ordenaciones. (7.5)

En las primeras comunidades cristianas, los Apóstoles además colocaron Obispos o Ancianos, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Con el crecimiento de la Iglesia se fue manifestando poco a poco por inspiración del Espíritu Santo, una jerarquía ministerial. (7.5)

[11] Enseñanza de los doce Apóstoles, que surgió alrededor de 100 d.C.

7.5.1 Continuidad del ministerio de Apóstol Volver arriba

El ministerio de Apóstol es instituido por el Señor para su Iglesia. Los Apóstoles debían ser sus testigos hasta lo último de la tierra (Hch. 1:8). A efectos de cumplir este amplio encargo en vista de su retorno, Jesucristo envía Apóstoles también hoy. Aun durante el tiempo en el que no hubo portadores de este ministerio sobre la tierra, el ministerio que Él instituyó permaneció (2 Co. 3:11).

7.5.2 Interrupción de la actividad de los Apóstoles Volver arriba

El Nuevo Testamento informa sobre la muerte del Apóstol Jacobo (Hch. 12:2). No brinda otra información sobre el deceso de los demás Apóstoles. Según datos extrabíblicos, Juan fue el último de los Apóstoles documentados en la Biblia, que halló la muerte hacia fines del siglo I. Hasta volver a estar cubierto el ministerio de Apóstol en el año 1832 (ver 11.3), quedó interrumpida la actividad del único ministerio instituido por el Señor mismo.

Esta interrupción de la presencia personal del ministerio de Apóstol queda en la voluntad de Dios; en definitiva, para el hombre el obrar divino constituye un misterio. No obstante, el Espíritu Santo también estuvo activo en el tiempo posterior a la muerte de los primeros Apóstoles cristianos (ver 11.2) ocupándose de preservar y propagar el Evangelio.

7.5.3 El ministerio de Apóstol nuevamente ocupado Volver arriba

El ministerio de Apóstol fue nuevamente cubierto conforme a la voluntad divina, cuando llegó el tiempo de reunir y preparar definitivamente a la novia de Cristo. De esa manera, el ministerio de Apóstol está presente en persona al comienzo de la Iglesia de Cristo y en el tiempo previo al retorno del Señor, en el cual Él prepara a su novia.

Entre el ministerio de Apóstol del cristianismo temprano y el del último tiempo no hay diferencias en cuanto a su encargo y su actividad, no obstante existen diferentes puntos centrales en el desempeño práctico del ministerio. Aunque no haya sucesión histórica, sí la hay en lo espiritual.

Al estar nuevamente cubierto el ministerio de Apóstol se volvieron a ordenar portadores de ministerio. Así se originó en la Iglesia Católica Apostólica un orden ministerial diferente. Asimismo en la Iglesia Nueva Apostólica fueron surgiendo en el curso del tiempo numerosos ministerios con diferentes funciones.

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El encargo de los Apóstoles no está limitado al primer tiempo del cristianismo. (7.5.1)

A fines del siglo I ya no quedaban Apóstoles. Hasta volver a estar cubierto el ministerio de Apóstol en 1832, quedó interrumpida la actividad del único ministerio instituido por Jesucristo. Esta interrupción de la presencia personal del ministerio de Apóstol queda en la voluntad de Dios; en definitiva, para el hombre el obrar divino constituye un misterio. (7.5.2)

El ministerio de Apóstol fue nuevamente cubierto conforme a la voluntad divina. Entre el ministerio de Apóstol del cristianismo temprano y el del último tiempo no hay sucesión histórica, pero sí la hay en lo espiritual. (7.5.3)

Al estar nuevamente cubierto el ministerio de Apóstol se volvieron a ordenar portadores de ministerio. Así se originó un orden ministerial con diferentes funciones. (7.5.3)

7.6 Los ministerios en la Iglesia Nueva Apostólica Volver arriba

Desde sus comienzos, la Iglesia Nueva Apostólica fue entendida como una Iglesia del ministerio. Es una Iglesia conducida por el apostolado.

En el ministerio de Apóstol tienen su origen todos los demás ministerios. Al respecto dice el quinto artículo de la fe:

“Yo creo que los escogidos por Dios para un ministerio son instituidos únicamente por Apóstoles, y que el poder, la bendición y la santificación para su servir provienen del ministerio de Apóstol".

Hoy existen en la Iglesia Nueva Apostólica tres niveles ministeriales cada uno con diferente autoridad espiritual:

el ministerio de Apóstol:

Apóstol Mayor, Apóstol de Distrito y Apóstol

el ministerio sacerdotal:

Obispo, Anciano de Distrito, Evangelista de Distrito, Primer Pastor [12], Evangelista de Comunidad y Pastor [13]

el ministerio de Diácono:

Diácono y Subdiácono

[12] En algunos países denominado “Pastor".

[13] En algunos países denominado “Presbítero".

7.6.1 El apostolado Volver arriba

El apostolado se traduce en el ministerio de Apóstol Mayor, Apóstol de Distrito y Apóstol. Junto con los Apóstoles, el Apóstol Mayor conduce la Iglesia; cada Apóstol de Distrito es responsable de una o más Iglesias regionales.

Ya en la Iglesia Católica Apostólica existía un “Apóstol senior", que también era llamado el “pilar de los Apóstoles". Aunque no poseía autoridad superior a los demás Apóstoles – era el primero entre sus pares –, su palabra tenía un peso especial en el Colegio de los Apóstoles.

Los Apóstoles del nuevo orden (ver 11.3.1) trabajan primero en sus áreas en gran parte en forma independiente, pero buscan la vinculación entre ellos para promover la unidad. A partir del siglo XIX se impuso la denominación ministerial “Apóstol Mayor" [14] para aquel que en la Iglesia Nueva Apostólica ejerce la función de Pedro.

[14] Hasta comienzos del siglo XX, el área de actividad de cada Apóstol era llamada con el nombre de una de las doce tribus (tribu = “Stamm") de Israel. De allí surge la denominación en alemán “Stammapostel" (= Apóstol Mayor).

7.6.2 El servicio del apostolado Volver arriba

Las indicaciones decisivas sobre la función ejercida por los Apóstoles se pueden tomar de las palabras y obras de Jesús:

  • Cristo concede a los Apóstoles el “atar y desatar" (Mt. 18:18). Esta formulación hace referencia a que los Apóstoles junto con el Apóstol Mayor representan la conducción espiritual de la Iglesia y adoptan las disposiciones para la vida de la comunidad.

  • En el círculo de sus Apóstoles, el Hijo de Dios instituyó la Santa Cena que en el futuro ellos debían celebrar conforme a su ejemplo (Lc. 22:14 y 19-20).

  • Los Apóstoles son enviados de Jesucristo (Jn. 13:20; 20:21).

  • Los Apóstoles de Jesús reciben a través del Espíritu Santo los reconocimientos necesarios para desempeñar su ministerio (Jn. 14:26).

  • Los Apóstoles dependen de la vinculación directa con el Señor, pues “separados de mí nada podéis hacer.El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará" (Jn. 15:5-6).

  • Jesús da a los Apóstoles la autoridad para anunciar en su nombre el perdón de los pecados (Jn. 20:23).

7.6.3 La autocomprensión de los Apóstoles Volver arriba

Los Apóstoles han recibido su ministerio y encargo de Jesucristo. Están activos conforme a la voluntad de su Enviador y dependen completamente de Él. De acuerdo con el ejemplo de Jesús, los Apóstoles son servidores de todos (Jn. 13:15). Ellos no se enseñorean de la fe de la comunidad, sino que colaboran para su gozo (2 Co. 1:24); esto significa que mediante la actividad de los Apóstoles, los creyentes deben desarrollar una actitud básica de agradecimiento y gozo hacia Dios. Si es necesario, a tal efecto también pueden servir exhortaciones y mandatos (Stg. 1:21).

Los Apóstoles se sienten comprometidos a ser un ejemplo para la comunidad, antecediéndola en el seguimiento de Cristo (1 Co. 11:1).

7.6.4 La autoridad del ministerio de Apóstol Volver arriba

La autoridad del ministerio de Apóstol resulta del llamamiento de los Apóstoles por Jesucristo y de los poderes que el Señor colocó en este ministerio. La importancia del ministerio se hace evidente en la oración sacerdotal de Jesús: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad" (Jn. 17:18-19).

7.6.5 Los Apóstoles en la Iglesia de Jesucristo Volver arriba

La función de los Apóstoles está dirigida a edificar la Obra Redentora del Señor y llevarla a la consumación. La comunión de los Apóstoles con los creyentes está definida por la entrega de corazón y la comprensión llena de amor.

El apostolado fue dado para toda la Iglesia de Cristo; tiene el deber de ofrecer al hombre la salvación en Jesucristo (Hch. 13:47). La salvación únicamente es posible a través del Hijo de Dios (Hch. 4:12). La transmisión de salvación tiene lugar hasta el retorno de Cristo a través de los Apóstoles en palabra y Sacramentos, es decir, por la prédica del Evangelio, el anuncio del perdón de los pecados, el Bautismo con Agua y Espíritu Santo, así como por la Santa Cena.

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La Iglesia Nueva Apostólica es una Iglesia del ministerio. (7.6)

En la Iglesia Nueva Apostólica, existen tres niveles ministeriales cada uno con diferente autoridad espiritual: ministerio de Apóstol, ministerio sacerdotal, ministerio de Diácono. (7.6)

El apostolado se traduce en el ministerio de Apóstol Mayor, Apóstol de Distrito y Apóstol. Junto con los Apóstoles, el Apóstol Mayor conduce la Iglesia. (7.6.1)

Jesucristo concede a los Apóstoles el “atar y desatar". Esta formulación hace referencia a que los Apóstoles junto con el Apóstol Mayor representan la conducción espiritual y organizativa de la Iglesia y adoptan las disposiciones para la vida de la comunidad. En el círculo de sus Apóstoles, el Hijo de Dios instituyó la Santa Cena que ellos debían celebrar conforme a su ejemplo. También les dio la autoridad para anunciar en su nombre el perdón de los pecados. (7.6.2)

Los Apóstoles están activos conforme a la voluntad de su Enviador y dependen completamente de Él. Se sienten comprometidos a ser un ejemplo para la comunidad, antecediéndola en el seguimiento de Cristo. (7.6.3)

La autoridad del ministerio de Apóstol resulta del llamamiento efectuado por Jesucristo. (7.6.4)

7.6.6 El ministerio de Apóstol Mayor Volver arriba

Jesucristo, el Hijo de Dios, es la cabeza de su Iglesia. En esta Iglesia, el ministerio de Apóstol Mayor tiene la tarea de ejercer la función de Pedro conforme a las palabras de Jesús: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mt. 16:18-19).

Jesús habla del fundamento y de la edificación de su comunidad en relación con la posición especial del Apóstol Pedro. Este es la “roca" sobre la cual Jesucristo edifica su Iglesia. De esa manera, surge una relación indisoluble entre el ministerio de la roca y su Iglesia. El ministerio de la roca y la Iglesia de Cristo fueron dados a los hombres para alcanzar la salvación en Jesucristo.

La función y las tareas que el Señor le transfirió al Apóstol Pedro, están hoy a cargo del Apóstol Mayor. Así, él trabaja en pos de la unidad pedida por el Señor entre los Apóstoles (Jn. 17:20-23) al confirmar a sus hermanos, los Apóstoles (Lc. 22:32). Él apacienta los “corderos y ovejas" del rebaño de Cristo (Jn. 21:15-17).

La función del Apóstol Mayor se exterioriza en mantener pura y seguir desarrollando la doctrina, en hacer accesibles nuevos reconocimientos, así como difundir en forma uniforme el testimonio de la fe. El Apóstol Mayor también establece el ordenamiento de la Iglesia. Estas tareas conforman el “poder de llaves" del ministerio de Apóstol Mayor.

El Apóstol Mayor es la autoridad espiritual suprema; en el círculo de los Apóstoles le compete la posición directiva.

El Apóstol Mayor ordena a los Apóstoles. Es necesario que los Apóstoles estén en unidad con él: tan sólo de esa manera puede cumplir la tarea que compromete a todo el apostolado, de hacer accesible la salvación a los hombres.

7.6.7 El ministerio de Apóstol de Distrito Volver arriba

El Apóstol de Distrito tiene, además de las tareas que comprometen a cada Apóstol, la responsabilidad dentro de una determinada área de actividad (área de Apóstol de Distrito) de ocuparse de brindar asistencia espiritual uniforme, atender a las comunidades y equipar espiritualmente a los portadores de ministerio. Además determina los puntos centrales del trabajo que debe realizarse en la Iglesia, establece la ordenación de portadores de ministerio y procura salvaguardar la unidad en el círculo de los Apóstoles. Por regla general, celebra para su área de actividad la Santa Cena para los difuntos. Una tarea que va más allá del trabajo propio en su área de Apóstol de Distrito, es la participación en asambleas de Apóstoles de Distrito, que asesoran y apoyan al Apóstol Mayor en la conducción de la Iglesia. Asimismo, el Apóstol de Distrito por lo general es el representante de la Iglesia regional.

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El Apóstol Mayor tiene la tarea de ejercer la función de Pedro. Es la autoridad espiritual suprema; en el círculo de los Apóstoles le compete la posición directiva. (7.6.6)

El Apóstol Mayor ejerce el “poder de llaves". (7.6.6)

El Apóstol de Distrito tiene la responsabilidad dentro de una determinada área de actividad de ocuparse de brindar asistencia espiritual uniforme, atender a las comunidades y equipar espiritualmente a los portadores de ministerio. (7.6.7)

7.7 La ordenación Volver arriba

Provienen del ministerio de Apóstol, la autoridad, bendición y santificación de los portadores de ministerio para servir en las comunidades.

La institución en el ministerio espiritual, la ordenación, es llevada a cabo por el Apóstol en el nombre del trino Dios por imposición de manos y oración (ver 12.1.12). En el ejercicio de su ministerio, el portador de ministerio está comprometido frente al ministerio de Apóstol y depende del mismo.

En la ordenación se transfieren, provenientes del ministerio de Apóstol, la correspondiente facultad ministerial y la respectiva autoridad, sea para el servicio diaconal, sacerdotal o el de un Apóstol. Sobre este fundamento, el portador de ministerio puede cumplir con los deberes que le fueron conferidos.

A través de la ordenación, el portador de ministerio es bendecido y santificado para servir. Los dones existentes en él son despertados y consagrados para el ejercicio de su ministerio.

La ordenación no es un Sacramento, sino un acto de bendición. La santidad de este acto y el carácter de servicio propio del ministerio se hacen evidentes en el hecho de que el ministerio se recibe de rodillas. Quien será ordenado promete ante el Apóstol, fidelidad a Dios, seguimiento de Cristo y obediencia en la fe.

La elección para ser portador de un ministerio básicamente no compete a lo humano, sino que está basada en la voluntad divina. Es deber del Apóstol, reconocer la voluntad de Dios y obrar conforme a ella.

En la ordenación se transmite bendición divina, la cual comprende la promesa de acompañamiento y fortalecimiento por el Espíritu Santo, así como la protección del servicio de los ángeles.

El portador de ministerio no puede realizar su servicio por sus propias capacidades, sino solamente en vinculación con el apostolado y en la virtud del Espíritu Santo. El ministerio de Apóstol establece la doctrina y es un ejemplo para el anuncio de la palabra de Dios por medio de los demás ministerios.

7.8 El ejercicio del ministerio Volver arriba

Un portador de ministerio debe adaptarse en su vida y su competencia espiritual a determinadas exigencias. El portador de ministerio debe poner en práctica la santificación que tuvo lugar en la ordenación, a fin de que los dones recibidos puedan desenvolverse para bendición de la comunidad (1 Ti. 3:2-3 y 8-9).

Quienes son llamados para un ministerio, sirven por amor a Dios y al prójimo. Se orientan en el ejemplo de Jesús y saben que son herramientas en las manos de Dios.

La confianza entre los miembros de la comunidad y los portadores de ministerio es la condición previa para un desarrollo bendecido en la comunidad. Para dar lugar a esa relación de confianza y poder preservarla, es imprescindible que los portadores de ministerio sean uno entre ellos y con su Apóstol.

El portador de ministerio desempeña su ministerio en el marco de la autoridad que le ha sido conferida. Recibe a tal efecto un encargo de su Apóstol, quien le asigna un área de actividad.

El encargo para ejercer un ministerio finaliza básicamente con el pase a descanso; el ministerio permanece. Cuando se renuncia a un ministerio o se es relevado del mismo, en cambio, se pierde el ministerio.

7.9 Los deberes del ministerio Volver arriba

El Apóstol Pablo escribe: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho" (1 Co. 12:4-7). Así, cada portador de ministerio es un servidor de Dios con el deber de anunciar genuinamente el Evangelio de Cristo e interceder en favor de él. Atiende a los miembros de la comunidad que le han sido asignados para su asistencia espiritual y promueve su fe y su reconocimiento. Como asistente espiritual toma parte en sus deseos personales, ora con ellos y les ayuda a sobrellevar las cargas de la vida cotidiana. El portador de ministerio es un ejemplo para la comunidad; vale para él la palabra: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Fil. 2:3).

Las siguientes explicaciones describen aspectos de cada don ministerial. Se encuentran en todos los ministerios, pero se manifiestan en ellos de diversas formas.

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La ordenación es llevada a cabo por el Apóstol en el nombre de Dios por imposición de manos y oración. En la ordenación se transfieren, provenientes del ministerio de Apóstol, la facultad ministerial y la respectiva autoridad. (7.7)

El portador de ministerio solamente puede realizar su servicio en vinculación con el apostolado y en la virtud del Espíritu Santo. (7.7)

El portador de ministerio debe poner en práctica la santificación que tuvo lugar en la ordenación. Desempeña su ministerio en el marco de la autoridad que le ha sido conferida. (7.8)

Cada portador de ministerio es un servidor de Dios. Atiende a los miembros de la comunidad que le han sido asignados para su asistencia espiritual y promueve su fe. (7.9)

7.9.1 Los ministerios sacerdotales Volver arriba

Los ministerios de Obispo a Pastor [15] se sintetizan bajo el concepto “ministerios sacerdotales". Estos portadores de ministerio han recibido del Apóstol el encargo y la autoridad para dispensar el Santo Bautismo con Agua, anunciar el perdón de los pecados, y separar y suministrar la Santa Cena.

Se deduce de Malaquías 2:7 la gran exigencia requerida de los portadores de ministerios sacerdotales: “Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos".

Además forma parte de los deberes de los portadores de ministerios sacerdotales, realizar Servicios Divinos, actos de bendición y actos de duelo, anunciar la palabra de Dios, así como asistir espiritualmente a los miembros de la comunidad.

Obispo:

Obispo (del gr.: “episkopos") significa “inspector". El Obispo es el colaborador directo del Apóstol. En unión con el Apóstol asiste y capacita a los portadores de ministerio y realiza tareas especiales de asistencia espiritual.

Anciano de Distrito [16]:

Un Anciano de Distrito es por lo general el dirigente de un distrito y por eso, responsable de varias comunidades en el aspecto espiritual y organizativo. Vela para que el Evangelio sea anunciado con pureza en las comunidades. También se ocupa de que en las comunidades haya los necesarios dones ministeriales. Adopta a los invitados en la comunidad y mantiene conversaciones preparatorias con aquellos que vienen para recibir el Santo Sellamiento. El Anciano de Distrito asiste espiritualmente a los dirigentes de comunidad y a sus familias.

Evangelista de Distrito:

El Evangelista de Distrito trabaja secundando al Anciano de Distrito y lo apoya en el cumplimiento de sus tareas.

Primer Pastor [17]:

El acento especial de este ministerio está en atender y preservar la comunidad. El Primer Pastor se ocupa de tareas de dirección; por lo general, recibe el encargo de dirigente de comunidad.

Evangelista de Comunidad:

El acento especial del ministerio de Evangelista (del gr.: “euangelistos" = “mensajero de gozo") está en anunciar la palabra en forma clara y comprensible. También el Evangelista de Comunidad desempeña por lo general tareas de conducción.

Pastor [18]:

El Pastor anuncia la palabra de Dios y practica la asistencia espiritual en la comunidad, de lo cual forma parte estar cerca de los hermanos en la fe, visitarlos regularmente, fortalecerlos en la fe y promover el reconocimiento. El Pastor está a su lado, los consuela y ora con ellos. Realiza regularmente visitas a los enfermos y celebra con ellos la Santa Cena. También se dedica a aquellos que ya no están tan vinculados con la comunidad. En muchas comunidades, un Pastor cumple asimismo con la función de dirigente.

[15] En algunos países denominado “Presbítero".

[16] Antes también existía el ministerio de “Anciano de Comunidad".

[17] En algunos países denominado “Pastor".

[18] En algunos países denominado “Presbítero".

7.9.2 El ministerio de Diácono Volver arriba

El ministerio diaconal es ejercido por los Diáconos y los Subdiáconos. El término “Diácono" tiene su origen en el griego y significa “servidor". Los Diáconos ayudan de múltiples maneras en la comunidad. Además, su tarea es apoyar a los Pastores en su trabajo de asistencia espiritual.

El ministerio de Subdiácono hoy ya no se coloca; responde en su naturaleza al ministerio de Diácono.

7.10 Encargos Volver arriba

Un encargo es la transmisión de una tarea bien definida; no es lo mismo que una ordenación. El encargo puede estar limitado en tiempo y lugar.

Entendemos por “encargo" vinculado con un ministerio al encargo de dirigente de comunidad, dirigente de distrito, Ayudante Apóstol de Distrito o Ayudante Apóstol Mayor. Por lo general, tiene lugar en el marco de un Servicio Divino siendo realizado por portadores de ministerio con funciones directivas en la Iglesia. No está sujeto al período de la actividad ministerial, pero sí finaliza con el mismo.

Para dar cumplimiento a las múltiples tareas de las comunidades y distritos se otorgan encargos, independientemente de un ministerio tanto a hermanas como a hermanos.

Básicamente, quienes reciben un encargo, al igual que los portadores de ministerio, realizan su tarea en la Iglesia sin recibir remuneración.

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Los ministerios de Obispo a Pastor se sintetizan bajo el concepto “ministerios sacerdotales". Estos portadores de ministerio han recibido del Apóstol el encargo y la autoridad para dispensar el Santo Bautismo con Agua, anunciar el perdón de los pecados, y separar y suministrar la Santa Cena. Otras tareas de los portadores de ministerio sacerdotales son realizar Servicios Divinos, actos de bendición y actos de duelo, anunciar la palabra de Dios, así como asistir espiritualmente a los miembros de la comunidad. (7.9.1)

El término “Diácono" tiene su origen en el griego y significa “servidor". Los Diáconos ayudan de múltiples maneras en la comunidad. (7.9.2)

Un encargo es la transmisión de una tarea bien definida; no es lo mismo que una ordenación. El encargo puede estar limitado en tiempo y lugar. (7.10)