Catecismo

6 La Iglesia de Jesucristo

La Iglesia de Jesucristo fue instituida por el Señor mismo sobre la tierra. En ella el hombre puede acceder a la salvación; en ella el hombre ofrece veneración y alabanza a Dios.

6.1 El concepto "Iglesia" Volver arriba

"Iglesia" proviene del griego "kyriake" ("perteneciente al Señor"). El Nuevo Testamento utiliza para ello el concepto "ekklesia" ("la convocada"). Se traduce "ekklesia" con los términos "reunión, congregación, iglesia".

El término "Iglesia" tiene diferentes significados en la lengua hablada general. Por un lado significa una casa de Dios cristiana como lugar de reunión de los fieles; por otro lado, una reunión de personas de fe cristiana, la comunidad local. Además señala una denominación cristiana. Las siguientes explicaciones se refieren a la "Iglesia" como objeto de la fe.

Las personas que pertenecen a la Iglesia de Cristo han sido convocadas por Dios para la comunión eterna con Él mismo, es decir, con Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El centro de la vida en la Iglesia es el Servicio Divino. En la Iglesia, Jesús prepara a su comunidad nupcial a través de Apóstoles para su pronto retorno para las "bodas en el cielo".

6.2 Fundamentación bíblica Volver arriba

La vocación de la Iglesia de Jesucristo consiste, por un lado, en hacer accesible al hombre la salvación y la comunión eterna con el trino Dios, y, por otro lado, en ofrecer a Dios veneración y glorificación.

6.2.1 Indicaciones del Antiguo Testamento sobre la Iglesia de Jesucristo Volver arriba

Después de la caída en el pecado, el hombre no puede quedar en comunión directa con Dios. Tiene que abandonar el espacio vital donde Dios le había ofrecido encontrarse con Él. Por el pecado, el hombre queda a merced de la muerte. Dios lo quiere redimir de ese estado, concederle salvación y prepararle comunión eterna con Él mismo.

Desde el comienzo, Dios se preocupa por el hombre. Al expulsarlo del huerto de Edén, el Creador viste al hombre y le promete que un descendiente de la mujer vencería al tentador (Gn. 3:15).

En el Antiguo Testamento se menciona muchas veces el reconocimiento de que el hombre depende básicamente de Dios. Esto halla su expresión directa en los altares que se erigen y en los sacrificios que se ofrendan en ellos.

En el curso del tiempo, el pecado va adquiriendo cada vez más poder; los hombres se van distanciando más y más de Dios. Esa es la razón por la que Dios deja morir a los hombres en el diluvio, un juicio divino. A Noé y su familia Dios les brinda gracia. Ellos se salvan en el arca. Él concierta un pacto con ellos, prometiendo protección y dedicación a todos los descendientes del género humano. Como señal del pacto, da el arco iris.

Estos hechos ya son señales de los actos de salvación de Dios que más adelante se llevarán a cabo en la Iglesia de Cristo: Dios se dirige al hombre, se ocupa de él y lo protege, lo incluye en su pacto. 1 Pedro 3:20-21 interpreta expresamente la salvación en el arca como ejemplo del Bautismo, a través del cual tendrá lugar la salvación en el nuevo pacto. Consecuentemente, en la tradición cristiana muchas veces se entiende el arca como el símbolo de la Iglesia de Cristo.

En el pacto con Noé son incluidos todos los hombres. Con la elección de Abraham se da inicio a otro pacto, que convoca a Abraham y sus descendientes a mantener una relación particular con Dios: se convierten en el pueblo elegido de Dios. La señal externa de este pacto es la circuncisión. Este pacto es confirmado ante Isaac y Jacob.

Cuando más tarde en el monte de Sinaí Moisés recibió de Dios los Diez Mandamientos y los llevó por encargo de Dios al pueblo de Israel, aconteció por primera vez que Dios reveló su voluntad en forma de una ley. Esto se lo hizo saber a una reunión, una comunidad.

En la ley se establece cómo debe ser la relación de los hombres con Dios y entre ellos. Se disponen reglas para el Servicio Divino apropiado. El mismo consistía en el rito del sacrificio realizado por el sacerdote en el tabernáculo, y en la glorificación y dedicación del pueblo a Dios mediante oraciones, confesión y obediencia. Como el pueblo escogido por Dios, Israel fue convocado a ese Servicio Divino.

Estos elementos básicos del antiguo pacto también hacen referencia a Jesucristo y a la institución de la Iglesia: el antiguo pacto hace referencia al nuevo pacto; la señal del pacto que era la circuncisión, al Bautismo; el anuncio de la voluntad divina, a la prédica de la palabra de Dios; el servicio sacerdotal del sacrificio, a la Santa Cena y su administración por el ministerio autorizado para hacerlo; la oración y la confesión hacen referencia a la veneración del trino Dios en el Servicio Divino.

En el Antiguo Testamento, el Servicio Divino ocupaba un lugar central en el templo de Jerusalén, donde se efectuaba con toda solemnidad. Allí estaba la casa del Señor, donde se reunían para alabar a Dios (Sal. 122) y ofrecerle sacrificios. Esto cambió con la destrucción del templo y el cautiverio babilónico del pueblo judío. En ese tiempo se reunían para los Servicios Divinos en las sinagogas, donde se leía e interpretaba la palabra de Dios, la ley. Ya no se podía realizar el servicio de los sacrificios, por lo cual esos Servicios Divinos eran deficitarios. Cuando después del cautiverio babilónico el templo de Jerusalén fue reconstruido y en él se pudo volver a efectuar el servicio de los sacrificios, los creyentes igualmente se siguieron encontrando también en las sinagogas para el Servicio Divino donde la palabra era el punto central.

Aquí hay una referencia a la comunidad del Nuevo Testamento, en cuyo centro está presente Jesucristo como el Verbo hecho carne (Jn. 1:1). La epístola a los Hebreos hace alusión al antiguo pacto con la ley, el servicio de los sacrificios, la circuncisión y el sacerdocio como “sombra", es decir, como antelación del nuevo pacto (He. 8:5; 10:1). La sombra no es lo verdadero, sólo remite a lo verdadero. No es el antiguo pacto la instancia perfecta de la salvación de Dios, sino que recién lo es el nuevo pacto, instituido por Jesucristo.

Así, en el pueblo elegido del antiguo pacto se insinúa lo que se hace realidad en el pueblo de Dios del nuevo pacto, en la Iglesia de Jesucristo.

6.2.2 Los inicios de la Iglesia de Jesucristo Volver arriba

Todo lo que constituye y es la Iglesia tiene su origen en la persona y las obras de Jesucristo, quien es y trae la salvación.

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos" (Gá. 4:4-5). Jesús, el Hijo de Dios, nace como hombre en el pueblo escogido de Dios del antiguo pacto. Dios se hace hombre, ingresa en la historia de la humanidad, es parte de ella.

Él convocó a los hombres a que lo siguiesen, se rodeó de discípulos, predicó sobre el reino de Dios, dio pruebas, por ejemplo en el Sermón del Monte, de ser el Dador de la ley con plenos poderes, sanó enfermos, alimentó a hambrientos, resucitó muertos, perdonó pecados, prometió y envió al Espíritu Santo.

La encarnación de Dios en Jesucristo es la condición necesaria para la existencia de la Iglesia. Todos los demás acontecimientos que forman parte de la fundación de la Iglesia, están basados en este hecho y se deben desarrollar a partir de él: la elección de los Apóstoles (Lc. 6:12-16), la institución del servicio de Pedro (Mt. 16:18), la institución de la Santa Cena (Mt. 26:20-29), la muerte y resurrección de Jesucristo, el mandato misionero (Mt. 28:19-20).

En la historia, la Iglesia de Cristo se manifiesta primero en Pentecostés con el derramamiento del Espíritu Santo. El Apóstol Pedro predica en la potencia del Espíritu Santo, constituyéndose la primera comunidad. Arrepentimiento, Bautismo, perdón de los pecados, recepción del don del Espíritu Santo, son todos elementos que transmiten salvación en el camino de redención (Hch. 2:38). Los primeros cristianos “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hch. 2:42). Estas características son de importancia decisiva para la Iglesia de Cristo.

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La Iglesia de Jesucristo fue instituida por el Señor mismo sobre la tierra. (6)

El concepto “Iglesia" significa una casa de Dios cristiana, una comunidad local o una denominación cristiana; en el sentido teológico hace referencia a la Iglesia de Jesucristo. (6.1)

Las personas que pertenecen a la Iglesia de Jesucristo han sido convocadas por Dios para la comunión eterna con Él mismo. (6.1)

La vocación de la Iglesia de Jesucristo consiste, por un lado, en hacer accesible al hombre la salvación y, por otro lado, en ofrecer a Dios veneración y glorificación. (6.2)

Ya en el Antiguo Testamento se encuentran múltiples referencias a la Iglesia de Cristo. (6.2.1)

La epístola a los Hebreos hace alusión al antiguo pacto con la ley, el servicio de los sacrificios, la circuncisión y el sacerdocio como “sombra", es decir, como antelación del nuevo pacto. Así, en el antiguo pacto se insinúa lo que se hace realidad en el nuevo pacto en la Iglesia de Jesucristo. (6.2.1)

Todo lo que constituye y es la Iglesia tiene su origen en la persona y las obras de Jesucristo. La encarnación de Dios en Jesucristo es la condición necesaria para la existencia de la Iglesia. (6.2.2)

En la historia, la Iglesia de Cristo se manifiesta primero en Pentecostés con el derramamiento del Espíritu Santo. (6.2.2)

Los primeros cristianos perseveraban en la doctrina de los Apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Estas características son de importancia decisiva para la Iglesia de Cristo. (6.2.2)

6.2.3 Imágenes de la Iglesia de Jesucristo en el Nuevo Testamento Volver arriba

En el Nuevo Testamento no se halla una doctrina de la Iglesia en sí. No obstante, hay una gran cantidad de imágenes y ejemplos en los cuales se manifiesta la naturaleza de la Iglesia. Cada una de las imágenes hace referencia a uno o varios aspectos de la Iglesia. Estas imágenes pueden ser interpretadas de distintas maneras; también la Biblia las utiliza en forma no uniforme.

6.2.3.1 El cuerpo de Cristo Volver arriba

La imagen de la Iglesia como el cuerpo de Cristo ocupa una posición central.Se utiliza con frecuencia haciendo alusión a aquellos que por el Bautismo, su fe y su Confesión pertenecen a Jesucristo. En Romanos 12:4-5 los creyentes son calificados de “miembros" del cuerpo de Cristo, que es uno. De esa manera se vuelve sobre una idea, que entonces era corriente, de que el Estado se entendía como un cuerpo orgánico y los individuos como sus miembros. Los dones de los miembros de la comunidad son diferentes, también las funciones. Todos, no obstante, están relacionados entre ellos y se sirven unos a otros. La Iglesia, por lo tanto, es un organismo en el que todos dependen unos de otros.

A pesar de las diferencias de cada uno de los miembros, juntos forman una unidad. Como miembros del cuerpo de Cristo se cuidan entre ellos y están vinculados unos a otros: “Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo" (1 Co. 12:20).

En Efesios 1:22-23 se muestra a Cristo como la cabeza de la Iglesia y como el que tiene señorío sobre todas las cosas. Se vuelve sobre el himno de la epístola a los Colosenses, donde dice: “Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia" (Col. 1:18). En este simbolismo, se equipara a la Iglesia de Cristo con el “cuerpo de Cristo"; ella es parte de la perfección de su Señor.

La imagen del cuerpo también se utiliza para la comunidad local, en la cual deben llegar personas imperfectas “a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Ef. 4:13).

El crecimiento del cuerpo – tanto en lo referido a la Iglesia como un todo como también a la comunidad local y a los fieles individualmente – acontece por el obrar de Dios (Col. 2:19). El crecimiento está orientado a Cristo; Él, como la cabeza, es el Señor, la medida y la meta (Ef. 4:15). Para la edificación del cuerpo de Cristo, Dios ha dado ministerios y servicios.

6.2.3.2 El pueblo de Dios Volver arriba

La imagen del pueblo de Dios hace referencia al hecho de que entre los diferentes pueblos Dios había elegido a uno: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres" (Dt. 7:6-8).

La historia de Israel se basa en el obrar redentor de Dios; Él liberó al pueblo del cautiverio en Egipto y lo condujo a la tierra prometida. A este pueblo Dios envió a su Hijo, en este pueblo Dios se hizo hombre. Sin embargo, Israel rechaza al Mesías y no cree en Él. Para el pueblo del antiguo pacto, el Hijo de Dios se convierte en una piedra de escándalo y tropiezo.

Frente a ello están aquellos que como pueblo de Dios del nuevo pacto creen en Jesús: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios [...]; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia" (1 P. 2:9-10).

Aquí la Iglesia de Cristo es mostrada tanto en su vocación actual como en su vocación futura. Actualmente está simbolizado en ella lo que será de manera perfecta en el futuro: compartirá con Cristo su gloria.

6.2.3.3 La ciudad de Dios Volver arriba

En la imagen de la ciudad de Dios, la Iglesia es mostrada como el lugar en el que Dios mora en medio de aquellos que le pertenecen. Sobre la tierra, la Iglesia es el lugar donde Jesucristo, el Mediador, hace accesible de diferentes maneras la salvación y concede comunión con Dios. Consiguientemente, la Iglesia es el lugar de encuentro con Dios, de adoración y del Servicio Divino.

La Iglesia de Jesucristo supera toda capacidad humana de imaginación; existe en el mundo de aquende y en el de allende, es presente y futura. Estas formas de manifestación van juntas. Una noción de lo sublime que es la Iglesia en su perfección definitiva puede encontrarse en la descripción de Hebreos 12:22-24. Con las palabras: “Os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial" se alude a la Iglesia en toda su plenitud. Por ende, la parte terrena de la Iglesia está entrelazada con su parte celestial. En la Jerusalén celestial reina Dios; pertenecen a ella los ángeles, la “congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos", las almas de los justos hechos perfectos y Jesús el Mediador del nuevo pacto.

Si en los cielos, los seres celestiales ofrecen adoración y gloria a Dios (Sal. 29:1; Ap. 4), esto también acontece sobre la tierra, en la parte terrena de la Iglesia de Cristo.

En la futura ciudad de Dios, la nueva Jerusalén, Dios mismo morará con los hombres (Ap. 21:3).

6.2.3.4 El reino de Dios Volver arriba

La imagen del reino de Dios hace referencia al reinado de Dios en su Iglesia. Jesús presenta el reino de Dios en muchas parábolas con diferentes puntos centrales (Mt. 13). Por ejemplo, puede aparecer “reino de Dios"

  • para Jesucristo, el Señor mismo que está presente (Lc. 17:21),

  • para su Iglesia presente en la tierra,

  • para el reinado que se evidenciará en las bodas en el cielo (Ap. 19:6-7),

  • para el reino de paz, que Jesucristo, el Señor que vendrá nuevamente, establecerá sobre la tierra,

  • para el reinado eterno de Dios en la nueva creación y

  • para el ámbito de la vida eterna.

Juan 3:3 y 5 dice que el reino de Dios sólo será accesible para aquellos que nacieron de Dios: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios [...] El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". “Ver el reino de Dios" significa mirar el rostro de Dios. Esto se cumplirá para las primicias ya en el día del Señor (1 Jn. 3:2): ellas verán el ámbito de la vida eterna.

6.2.3.5 El rebaño de Dios Volver arriba

En la imagen del rebaño de Dios, Jesucristo es el buen Pastor; Él conoce a los suyos y deja su vida por ellos. Él llama a ovejas de otros rediles. Él continuamente llama a los hombres a su Iglesia para que crean en Él. Al final habrá un rebaño y un pastor (Jn. 10:11-16). Jesús habla a los suyos a través del Espíritu Santo. El que cree en Él y le sigue, recibirá de Él la vida eterna (Jn. 10:25-28).

Antes de su ascensión, el Resucitado confió a sus “corderos y ovejas" a la atención del Apóstol Pedro (Jn. 21:15-17). Este Apóstol tiene a su cargo la responsabilidad general de aquellos que pertenecen a la Iglesia de Cristo. Los creyentes, como el rebaño, siguen siendo propiedad de Jesucristo.

En 1 Pedro 5:2-4, los siervos de la Iglesia son llamados a apacentar a la comunidad como la "grey de Dios". No deben hacerlo como teniendo señorío sobre los que están a su cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Ellos realizan su tarea orientados al retorno de Jesucristo, el "Príncipe de los pastores".

La imagen del rebaño muestra a la Iglesia como la comunidad que sigue a Cristo. Recibe cuidado, protección y conducción a través de Cristo, el buen Pastor.

6.2.3.6 Otras imágenes de la Iglesia Volver arriba

En el Nuevo Testamento hay otras descripciones simbólicas, en las cuales se subrayan las características ya mencionadas de la Iglesia y se ilustran otros aspectos: labranza de Dios, edificio de Dios, casa de Dios, morada de Dios, templo de Dios, reino de Dios, mujer vestida del sol y el hijo varón, esposa (1 Co. 3:9; 1 Ti. 3:15; 1 Co. 3:16-17; Ap. 12, Ap. 21:2). La interpretación de las imágenes depende del respectivo contexto. Una imagen puede utilizarse para diferentes enunciados, según el contexto. Es significativo que en algunos textos bíblicos se relacionen entre sí diferentes imágenes.

De manera tal, cada imagen no puede ser vista sólo por sí misma. De una visión global de las imágenes se puede reconocer que la Iglesia es una, que es apostólica, general, es decir universal, y santa.

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En el Nuevo Testamento se halla una gran cantidad de imágenes y ejemplos en los cuales se manifiesta la naturaleza de la Iglesia. (6.2.3)

La imagen de la Iglesia como el cuerpo de Cristo se utiliza con frecuencia haciendo alusión a aquellos que por el Bautismo, su fe y su Confesión pertenecen a Jesucristo. Se demuestra que la Iglesia es semejante a un organismo en el que todos dependen unos de otros. El crecimiento del cuerpo está orientado a Cristo, quien como la cabeza es el Señor, la medida y la meta. (6.2.3.1)

Así como Dios eligió entre muchos pueblos al pueblo de Israel, también en el nuevo pacto escogió a un pueblo, su Iglesia. (6.2.3.2)

En la imagen de la ciudad de Dios, la Iglesia es mostrada como el lugar en el que Dios mora en medio de aquellos que le pertenecen. (6.2.3.3)

La imagen del reino de Dios hace referencia al reinado de Dios en su Iglesia. (6.2.3.4)

La imagen del rebaño muestra a la Iglesia como la comunidad que sigue a Cristo, el buen Pastor. (6.2.3.5)

Otras imágenes para la Iglesia son, entre otras, casa de Dios, templo de Dios, la mujer vestida del sol y el hijo varón, así como la esposa. (6.2.3.6)

6.3 La Iglesia de Jesucristo: un misterio Volver arriba

Todo lo que la Iglesia es y será, se apoya en la palabra, la obra y el ser de Jesús. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, es decir, presenta dos naturalezas (ver 3.4.3). Este misterio queda insondable. Así también, el ser de la Iglesia de Cristo es un misterio insondable; también ella es un misterio, también ella tiene doble naturaleza y únicamente es concebible en la fe.

A través de Jesucristo, el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre puede ser partícipe de la salvación. Esta buena nueva debe ser predicada y difundida por Apóstoles (1 Ti. 2:5-7). En la palabra de la prédica, el obrar del Espíritu Santo revela de diferentes maneras la palabra de Cristo, y por el oír esta palabra surge la fe (Ro. 10:16-17). Así, anunciando el Evangelio la Iglesia toma parte en la mediación de Cristo.

En su ser, la Iglesia de Cristo se remite a la doble naturaleza de Jesucristo. Su naturaleza divina está escondida o invisible, mientras que su naturaleza humana es visible o manifiesta. En su naturaleza humana, Jesús envejecía igual que todos los demás hombres, tenía dolores y temores, sentía hambre y sed. Por lo tanto, tomaba parte del destino del hombre en general; sin embargo, no estaba sujeto a la pecaminosidad.

La Iglesia de Cristo también tiene un lado escondido o invisible y otro visible o manifiesto. Ambos lados de la Iglesia de Cristo no pueden ser separados en lo más mínimo, como tampoco lo pueden ser ambas naturalezas de Jesucristo. Van indisolublemente juntos, a pesar de que se diferencian entre sí.

El lado escondido de la Iglesia, al igual que la naturaleza divina de Jesucristo, es indescriptible, pero su existencia se puede percibir en los efectos de salvación de los Sacramentos y de la palabra de Dios. En el lado escondido de la Iglesia, integrado por los que han sido bautizados en la debida forma [9], que creen verdaderamente y que se profesan al Señor, existen los cuatro rasgos característicos de Iglesia (unidad, santidad, universalidad y apostolicidad) de modo perfecto. A este lado de la Iglesia hace referencia el tercer artículo de la Confesión de fe.

El lado manifiesto de la Iglesia de Cristo, al igual que el hombre Jesús, toma parte en la historia universal de la humanidad. Pero contrariamente a Él, los hombres que actúan en la Iglesia están sujetos al pecado. Por esa razón, en la Iglesia también se pueden ver errores, equivocaciones y desaciertos, propios del género humano. No obstante, las deficiencias de la Iglesia visible no pueden dañar o destruir a la Iglesia invisible y perfecta, aquella Iglesia en la cual se cuentan los verdaderamente creyentes y escogidos (ver 4.5).

El hecho de que la Iglesia visible y la invisible estén entrelazadas una con la otra y al mismo tiempo separadas, únicamente puede ser concebido por la fe. La forma visible de la Iglesia, es decir, la Iglesia de Cristo en su realización histórica, no es la meta de la fe, sino que ella es la instancia en la cual actualmente se puede experimentar salvación y vivir la cercanía de Dios.

[9] En la debida forma, es decir, válido, es el Bautismo cuando ha sido dispensado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y con agua.

6.4 La fe en la Iglesia que es una, santa, universal y apostólica Volver arriba

En la Iglesia de Jesucristo, instituida por el Señor sobre la tierra, se puede acceder a la salvación. Las personas que le pertenecen han sido llamadas por Dios a la comunión eterna con Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En la Iglesia se venera al trino Dios; el centro de la vida en la Iglesia es el Servicio Divino.

La Iglesia de Cristo está escondida en su ser espiritual y su perfección, y únicamente es concebible en la fe. No obstante, se la puede reconocer y experimentar en su realización histórica. En el tercer artículo de la fe se profesa: “Yo creo en [...] la Iglesia, que es una, santa, universal y apostólica". Consiguientemente, la Iglesia es objeto de la fe.

En los primeros tres artículos de la fe se profesa la fe en Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. De la misma manera, desde tiempos inmemoriales los cristianos profesan la fe en la Iglesia. De esto queda en claro que la Iglesia no es nada exterior, nada secundario, sino que es uno de los contenidos básicos de la fe cristiana. Sin la Iglesia no es posible el ser cristiano.

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Todo lo que la Iglesia es y será, se apoya en la palabra, la obra y el ser de Jesús. (6.3)

En su ser, la Iglesia de Cristo se remite a la doble naturaleza de Jesucristo. Su naturaleza divina está escondida, su naturaleza humana es visible o manifiesta. La Iglesia de Cristo también tiene un lado invisible y otro visible, que no pueden ser separados. (6.3)

El lado invisible de la Iglesia se puede percibir en los efectos de salvación de los Sacramentos y de la palabra de Dios. (6.3)

El lado visible de la Iglesia de Cristo, al igual que el hombre Jesús, toma parte en la historia universal de la humanidad. Pero contrariamente a Él, los hombres que actúan en la Iglesia están sujetos al pecado. Por esa razón, en la Iglesia también se pueden ver errores, equivocaciones y desaciertos, propios del género humano. (6.3)

La Iglesia forma parte de los contenidos básicos de la fe cristiana. Sin la Iglesia no es posible el ser cristiano. (6.4)

6.4.1 Los rasgos característicos de la Iglesia Volver arriba

En la Confesión de Nicea-Constantinopla se afirma que la Iglesia de Cristo es una, santa, universal y apostólica. A estas características de la Iglesia se las denomina “notae ecclesiae".

6.4.1.1 La Iglesia es “una" Volver arriba

El profesarse a la Iglesia que es una, viene de la fe en Dios que es uno. El trino Dios establece y sostiene a la Iglesia que es una, a través del Padre que ha enviado al Hijo, a través de Jesucristo que está vinculado permanentemente con la comunidad como la cabeza del cuerpo, y a través del Espíritu Santo que está activo en la Iglesia de Cristo. Por lo tanto, la Iglesia de Cristo da testimonio de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Jesús mencionó la unidad de unos con otros y el amor de unos a otros como señal característica de aquellos que le pertenecen y le siguen (Jn. 13:34; 17:20-23). Las diferencias entre los miembros de la Iglesia carecen de importancia; la unidad se logra. El participar juntos y el estar unos para otros en el cuerpo de Cristo tiene su razón en el amor, el “vínculo perfecto" (Col. 3:14).

Así se manifiesta el ser de Dios en la Iglesia: “Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él" (1 Jn. 4:16).

6.4.1.2 La Iglesia es “santa" Volver arriba

La Iglesia de Cristo es santa por los actos de santificación de Dios en el sacrificio de Cristo y por el obrar del Espíritu Santo en la palabra y los Sacramentos. Estos actos de santificación se llevan a cabo en el creyente durante el Servicio Divino.

La santidad de la Iglesia de Cristo tiene su base únicamente en el trino Dios y no en los hombres que pertenecen a la Iglesia. En la oración sacerdotal, el Señor expresa que Él mismo se santifica para sus Apóstoles, “para que también ellos sean santificados en la verdad" (Jn. 17:19). En este proceso de santificación que Él mismo lleva a cabo, incluye a la comunidad (Jn. 17:20).

Hebreos 10:10 hace alusión a la santificación a través del sacrificio de Jesús: “En esa voluntad [de Dios] somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre".

El Apóstol Pedro llama a los creyentes una nación santa (1 P. 2:9-10). Esto lo dice a pesar de que los creyentes son personas que tienen errores. Su pecaminosidad no anula la santidad de la Iglesia.

6.4.1.3 La Iglesia es “universal" Volver arriba

En el contexto histórico, “universal" (“católico") significa que no hay límites para la prédica del Evangelio. Esto está expresado en el envío del Resucitado a sus Apóstoles (Mt. 28:19; Mr. 16:15; Hch. 1:8). Jesucristo y su Iglesia han sido dados para la gente de todas las naciones, tanto para los que viven como para los muertos (Ro. 14:9). La voluntad divina de salvación universal adquiere en la Iglesia una forma por la que puede ser experimentada directamente.

La Iglesia de Jesucristo es general y universal. Ella existe en el mundo de aquende y en el de allende, es presente y futura. Si es actualmente percibida como instancia para transmitir salvación y comunión con Dios, en su consumación se manifestará la naturaleza escondida de la Iglesia: tendrá la vida en salvación plena, en comunión directa con Dios.

6.4.1.4 La Iglesia es “apostólica" Volver arriba

La Iglesia de Cristo es apostólica en dos aspectos: se anuncia en ella la doctrina apostólica y está activo en ella el ministerio apostólico.

La doctrina apostólica es el mensaje genuino de la muerte, la resurrección y el retorno de Cristo conforme a la doctrina de los Apóstoles del primer tiempo del cristianismo, así como lo testifica el Nuevo Testamento y como fue creído y vivido por los primeros cristianos (Hch. 2:42).

El ministerio apostólico es el ministerio de Apóstol dado por Cristo y guiado por el Espíritu Santo con sus plenos poderes: anuncio del Evangelio, administración de los Sacramentos, perdón de los pecados (Mt. 28:19; Jn. 20:23).

Por lo tanto, la apostolicidad de la Iglesia consiste en que continúa anunciando la doctrina apostólica de la que da testimonio la Sagrada Escritura, y en que el ministerio de Apóstol se hace realidad históricamente en ella hasta el retorno de Cristo.

EXTRACTO Volver arriba

En la Confesión de Nicea-Constantinopla se afirma que la Iglesia de Cristo es una, santa, universal y apostólica. (6.4.1)

La Iglesia es una. El profesarse a la Iglesia que es una, viene de la fe en Dios que es uno. La Iglesia de Cristo da testimonio de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (6.4.1.1)

La Iglesia es santa. Esto tiene su origen en los actos de santificación de Dios. La santidad de la Iglesia de Cristo tiene su base únicamente en Dios y no en los hombres que le pertenecen. Su pecaminosidad no anula la santidad de la Iglesia. (6.4.1.2)

La Iglesia es universal. Esto significa que es general, que existe en el mundo de aquende y en el de allende, que es presente y futura. (6.4.1.3)

La Iglesia es apostólica. En ella se anuncia la doctrina apostólica, como también el mensaje de la muerte, la resurrección y el retorno de Cristo. Asimismo se hace realidad históricamente en ella el ministerio de Apóstol hasta el retorno de Cristo. (6.4.1.4)

6.4.2 La realización de la Iglesia de Jesucristo en la historia Volver arriba

La historicidad de la Iglesia se basa en la historicidad de Jesucristo. Jesucristo vivió como verdadero hombre entre los hombres: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos, [...] eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1:1-3).

Así como Jesucristo pudo ser experimentado por el hombre con sus sentidos, también puede ser experimentada su Iglesia. Esta se manifiesta en la realidad histórica, más precisamente en la comunión de los hombres que han sido bautizados, que creen en Cristo y se profesan a Él.

Las epístolas de los Apóstoles en el Nuevo Testamento ya testifican sobre la discrepancia entre la pretensión del Evangelio y la realidad en las comunidades. Siempre hubo esta divergencia en la realidad histórica y hasta ahora no ha podido ser dejada de lado. Aunque la Iglesia de Cristo es perfecta en su naturaleza, en su forma histórica se muestra imperfecta. Así como es perfecta por ser instituida por Dios, presenta deficiencias por causa de los hombres que están activos en ella, que como “piedras vivas" deben edificarla como “casa espiritual" (1 P. 2:5).

6.4.2.1 La Iglesia de Jesucristo en el tiempo de los primeros Apóstoles Volver arriba

La encarnación, la vida y las obras de Jesucristo conforman el fundamento para la realización histórica de la Iglesia instituida por Él: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo" (1 Co. 3:11). Sobre este fundamento, con el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, se hace realidad y se desarrolla la Iglesia de Cristo.

Surgieron entonces las primeras comunidades. En ellas estaban activos los Apóstoles y otros portadores de ministerio, se predicaba el Evangelio, se administraban los Sacramentos. De acuerdo con el envío recibido, los Apóstoles se dirigieron a los judíos y a los gentiles para llevarles el mensaje de la salvación en Cristo.

6.4.2.2 La Iglesia de Jesucristo después de la muerte de los primeros Apóstoles Volver arriba

Con la muerte de los primeros Apóstoles, la situación cambió. El ministerio al que Jesús le había transmitido la administración de los Sacramentos, el perdón de los pecados y el anuncio del Evangelio, ya no estaba ocupado. De esa manera, ya no era posible dispensar Espíritu Santo. La Santa Cena se mantuvo como cena de conmemoración, confesión, comunión y agradecimiento (ver 8.2.8 ss.). Aunque ya no fuese posible expresar el perdón de los pecados con poder pleno, es imaginable que también en ese tiempo Dios aceptara a los creyentes con la gracia del perdón.

Las personas creyentes que se profesaban a Cristo seguían recibiendo el Sacramento del Santo Bautismo con Agua, siendo integrados en el cuerpo de Cristo.

En el anuncio de la palabra, la espera del pronto retorno de Cristo fue pasando poco a poco a segundo plano. De todos modos, la fe en la vida y el obrar del Hijo de Dios, en su muerte y su resurrección se mantuvo viva. Personas creyentes siguieron difundiendo el Evangelio y el orden de los valores cristianos. Con la inspiración del Espíritu Santo, se formularon en las confesiones de la Iglesia antigua los enunciados básicos de la doctrina cristiana. Por siglos los misioneros llevaron al mundo el testimonio de Jesucristo. Finalmente, en el siglo XIX volvió a encenderse el don profético en algunas personas, designando a los varones que conforme a la voluntad de Dios habían sido elegidos como Apóstoles.

De manera tal que el Espíritu Santo también estuvo activo en el tiempo posterior a la muerte de los primeros Apóstoles, aunque no en su plenitud original.

6.4.2.3 La Iglesia de Jesucristo después de estar nuevamente ocupado el ministerio de Apóstol Volver arriba

Al estar nuevamente cubierto el ministerio de Apóstol en el año 1832 (ver 11.3), el Señor devuelve a su Iglesia sobre la tierra algo esencial: queda restituida totalmente la apostolicidad en la Iglesia visible. La actividad de los Apóstoles que acababan de ser llamados, no debía constituir la base de una nueva congregación religiosa cristiana, sino que tenía como meta preparar a toda la cristiandad para el retorno del Señor.

Al estar nuevamente ocupado el ministerio de Apóstol también se vuelve a la correcta administración de los Sacramentos. El anuncio de la palabra por los embajadores de Cristo adquiere mayor autoridad, lo cual se exterioriza particularmente en mantener viva la certeza del cercano retorno de Cristo. Asimismo puede volver a ser anunciado el perdón de los pecados a través de los Apóstoles.

De esta manera, en la realidad histórica vuelven a existir los ministerios, y consiguientemente, la debida administración de los Sacramentos, así como el debido anuncio de la palabra, como elementos esenciales de la Iglesia de Cristo.

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La historicidad de la Iglesia se basa en la historicidad de Jesucristo. Él vivió como verdadero hombre entre los hombres. (6.4.2)

Así como Jesucristo pudo ser experimentado por el hombre con sus sentidos, también puede ser experimentada su Iglesia. Esta se manifiesta en la realidad histórica, más precisamente en la comunión de los hombres que han sido bautizados, que creen en Cristo y se profesan a Él. (6.4.2)

Aunque la Iglesia de Cristo es perfecta en su naturaleza, en su forma histórica se muestra imperfecta. (6.4.2)

La Iglesia de Cristo se desarrolló con el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés. En ella estaban activos los Apóstoles y otros portadores de ministerio, se predicaba el Evangelio, se administraban los Sacramentos. (6.4.2.1)

Después de la muerte de los primeros Apóstoles, el ministerio de Apóstol ya no estuvo ocupado. En ese tiempo también estuvo activo el Espíritu Santo, aunque no en su plenitud original. Los creyentes siguieron difundiendo el Evangelio y el orden de los valores cristianos. Sin embargo, pasó a segundo plano la espera del retorno de Cristo. (6.4.2.2)

En el siglo XIX el ministerio de Apóstol fue nuevamente cubierto, quedando totalmente restituida la apostolicidad en la Iglesia visible. De esta manera, en la realidad histórica vuelven a existir en toda su plenitud los ministerios, la administración de los Sacramentos, así como el anuncio de la palabra. (6.4.2.3)

6.4.3 La Iglesia de Jesucristo y el ministerio Volver arriba

El cuarto artículo de la fe habla de la correlación entre Iglesia y ministerio de Apóstol: “Yo creo que el Señor Jesús gobierna en su Iglesia y que para ello ha enviado a sus Apóstoles y hasta su retorno aún los envía con el encargo de enseñar, de perdonar pecados en su nombre y de bautizar con agua y con Espíritu Santo".

Jesucristo gobierna en su Iglesia. En el tiempo de su fundación y en el tiempo en que acontece la preparación de la novia del Señor para su retorno, Él envía Apóstoles a la tierra, los cuales deben actuar en salvaguardia de su reinado. El ministerio de Apóstol es dado para la totalidad de la Iglesia de Cristo; tiene el encargo de llegar con su actividad a todas las partes de la Iglesia.

Los Apóstoles son enviados a todas las naciones, para enseñar y bautizar. Convocan a todos los hombres, tanto a los no cristianos como a los bautizados que creen en Jesucristo y se profesan a Él como su Señor, a que se dejen bautizar con el Espíritu Santo y se dejen preparar para el retorno de Cristo.

Los Apóstoles dan testimonio de Jesucristo como el que es, el que era y el que ha de venir. De esa manera también hacen referencia a los acontecimientos futuros de la historia de la salvación. La orientación al futuro en comunión directa con Dios constituye un elemento importante en la naturaleza de la Iglesia de Cristo. Es tarea esencial de los Apóstoles difundir el cercano retorno de Cristo y llevar a la novia hacia el Señor (ver 10.1.2).

La novia del Señor – o también la “comunión de los santos" en sentido estricto – son aquellos creyentes que han renacido de agua y Espíritu y se dejaron preparar para el día del Señor, siendo aceptados por Él.

El ministerio original es el de Apóstol. Sólo este ministerio ha sido instituido por Jesús mismo. Todos los demás ministerios surgieron a partir del ministerio de Apóstol. Dice al respecto el quinto artículo de la fe: “Yo creo que los escogidos por Dios para un ministerio son instituidos únicamente por Apóstoles, y que el poder, la bendición y la santificación para su servir provienen del ministerio de Apóstol".

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Jesucristo gobierna en su Iglesia. En el tiempo de su fundación y en el tiempo en que acontece la preparación de la novia del Señor para su retorno, Él envía Apóstoles. Es tarea esencial de los Apóstoles difundir el cercano retorno de Cristo y llevar a la novia hacia el Señor. (6.4.3)

El ministerio de Apóstol es dado para la totalidad de la Iglesia de Cristo con el encargo de llegar con su actividad a todas las partes de la Iglesia. (6.4.3)

El ministerio original es el de Apóstol. Todos los demás ministerios surgieron a partir de él. (6.4.3)

6.4.4 La Iglesia de Jesucristo y los Sacramentos Volver arriba

En todo lugar donde se bautiza en la debida forma, es decir en el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, las personas creyentes pueden ser integradas por gracia de Dios al cuerpo de Cristo. El Santo Bautismo con Agua está confiado a la Iglesia como un todo. Lo testifica el sexto artículo de la fe: “Yo creo que el Santo Bautismo con Agua es el primer paso para la renovación del hombre en el Espíritu Santo, y que el bautizado es adoptado en la congregación de aquellos que creen en Jesucristo y se profesan a Él como su Señor".

La administración de todos los Sacramentos, es decir, la dispensación del Santo Bautismo con Agua, la Santa Cena y el Santo Sellamiento, está confiada al ministerio de Apóstol. Los Apóstoles también dispensan los tres Sacramentos a los difuntos.

El Sacramento de la Santa Cena se festeja en la comunión de la mesa en la cual están presentes el sacrificio de Cristo y el cuerpo y la sangre del Señor, así como es preciso sea en comunión con los Apóstoles. Al respecto dice el séptimo artículo de la fe: “Yo creo que la Santa Cena ha sido instituida por el Señor mismo en memoria del una vez ofrecido, plenamente valedero sacrificio y de la amarga pasión y muerte de Cristo. El gustar dignamente la Santa Cena nos garantiza la comunión de vida con Jesucristo, nuestro Señor. Es celebrada con pan sin levadura y vino; ambos deben ser separados y suministrados por un portador de ministerio de la Iglesia autorizado por el Apóstol".

El Sacramento del Santo Sellamiento es dispensado exclusivamente por Apóstoles, como se explica en el octavo artículo de la fe: “Yo creo que los bautizados con agua deben recibir el don del Espíritu Santo a través de un Apóstol para alcanzar la filiación divina y las condiciones previas para la primogenitura".

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En todo lugar donde se bautiza en la debida forma, es decir en el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, las personas creyentes pueden ser integradas por gracia de Dios al cuerpo de Cristo. El Santo Bautismo con Agua está confiado a toda la Iglesia. (6.4.4)

La administración de todos los Sacramentos está confiada al ministerio de Apóstol. Los Apóstoles también dispensan los tres Sacramentos a los difuntos. (6.4.4)

La Santa Cena se festeja en la comunión de la mesa en la cual están presentes el sacrificio de Cristo y el cuerpo y la sangre del Señor, así como es preciso sea en comunión con los Apóstoles. (6.4.4)

El Santo Sellamiento es dispensado exclusivamente por Apóstoles. (6.4.4)

6.4.5 La Iglesia de Jesucristo y el futuro Volver arriba

En el noveno artículo de la fe se profesa la fe en los hechos de salvación que acontecerán en el futuro: “Yo creo que el Señor Jesús vendrá nuevamente tan seguro como ascendió al cielo y que tomará consigo a las primicias de los muertos y los vivos que esperaron su venida y fueron preparadas; que después de las bodas en el cielo regresará con ellas a la tierra, establecerá su reino de paz y ellas reinarán con Él como el sacerdocio real. Al finalizar el reino de paz, Él hará el juicio final. Luego Dios creará un cielo nuevo y una tierra nueva y morará junto a su pueblo".

La Iglesia no sólo tiene una dimensión presente, sino también una dimensión futura. Ella, que conforme a su Confesión espera el retorno de Jesucristo, también está orientada al futuro. La alabanza a Dios y la adoración de su majestuosidad nunca cesarán; sus siervos le servirán “por los siglos de los siglos" (Ap. 22:3-5).

Con el retorno de Cristo, la Iglesia se mostrará tal cual es, en toda su salvación y también con todas sus deficiencias. Se evidenciará en la Iglesia una doble vida, aquella como novia de Cristo y aquella como “la mujer vestida del sol" (Ap. 12). Mientras que una parte de la Iglesia será arrebatada, la otra quedará sobre la tierra y se tendrá que acreditar en las tribulaciones del anticristo.

La futura revelación de la Iglesia también puede verse en la promesa de que las primicias que han sido escogidas para el sacerdocio real, podrán participar en el reinado de Cristo. En el reino de paz serán incluidas directamente en la transmisión de salvación (Ap. 20:6) y serán mensajeros de Cristo para todos los hombres que hayan vivido en todos los tiempos.

Una imagen de la Iglesia consumada en todas sus partes como expresión del obrar de Dios que produce salvación y crea lo nuevo, es la nueva Jerusalén, descripta en Apocalipsis 21 y 22. Habrá allí eterna adoración y glorificación sin fin a Dios.

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La Iglesia tiene una dimensión presente y una dimensión futura. (6.4.5)

Con el retorno de Cristo, la Iglesia se mostrará tal cual es, en toda su salvación y también con todas sus deficiencias: una parte de la Iglesia será arrebatada, la otra quedará sobre la tierra y se tendrá que acreditar en las tribulaciones del anticristo. (6.4.5)

La futura revelación de la Iglesia también puede verse en la promesa de que las primicias que han sido escogidas para el sacerdocio real, podrán participar en el reinado de Cristo transmitiendo salvación. Serán mensajeros de Cristo para todos los hombres que hayan vivido en todos los tiempos. (6.4.5)

6.5 La Iglesia de Jesucristo y las Iglesias como instituciones Volver arriba

En su realización histórica, la Iglesia de Jesucristo no hace justicia enteramente al mandamiento de unidad, santidad, universalidad y apostolicidad. Esto se basa esencialmente en que el ministerio de Apóstol por mucho tiempo no pudo desarrollar sus actividades y desde el siglo XIX sólo lo pudo hacer en forma limitada. La gran cantidad de Iglesias cristianas obedece a diferencias culturales, sociales e históricas, así como a las muy diferentes interpretaciones humanas del Evangelio, que es uno, de la Sagrada Escritura, que es una. No obstante estas diferencias, la Iglesia de Cristo no queda en la oscuridad y en la insuficiencia, se la puede ver de la forma más clara allí donde está el ministerio de Apóstol, la administración de los tres Sacramentos a los que viven y a los muertos, así como el anuncio preciso de la palabra. Allí está establecida la Obra Redentora del Señor, en la cual es preparada la novia de Cristo para las bodas en el cielo.

Algunos elementos que vinculan a las distintas Iglesias cristianas [10] son el Bautismo, la confesión en común a Jesucristo y la fe en Él como el único Señor y Redentor, como testifica de Él la Sagrada Escritura. La tradición cristiana dice que sólo los verdaderos creyentes son asignados a la Iglesia invisible, escondida, no en cambio los bautizados que no creen en Jesús ni se profesan a Él como su Señor (Ap. 3:1).

La Iglesia como comunión de fe, esperanza y amor recién se puede experimentar a través de los bautizados, que viven su fe y se profesan a Jesús como su Señor. Por ende, no existe Iglesia de Cristo solamente donde está activo el ministerio de Apóstol, es decir, en la Obra Redentora del Señor, sino también en otras Iglesias donde la fe cristiana se lleva a la realidad en amor activo al prójimo, en profesarse claramente a Jesucristo y en los sinceros esfuerzos por seguir a Cristo, o sea en aquellas congregaciones religiosas cristianas en las cuales en el Servicio Divino se venera y alaba al trino Dios y en las que hay de diferentes maneras y en diferentes escalas, unidad, santidad, universalidad y apostolicidad.

Allí donde hoy los Apóstoles en la Iglesia Nueva Apostólica trabajan preparando la novia de Cristo para el retorno de su Señor, existen, a pesar de todas las imperfecciones, los medios necesarios para lograrlo. La Obra Redentora del Señor es llevada a la consumación dentro de la Iglesia de Cristo.

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En su realización histórica, la Iglesia de Jesucristo no hace justicia enteramente a la unidad, santidad, universalidad y apostolicidad. (6.5)

La Iglesia de Cristo puede verse de la forma más clara allí donde está el ministerio de Apóstol, la administración de los tres Sacramentos a los que viven y a los muertos, así como el anuncio preciso de la palabra. Allí está establecida la Obra Redentora del Señor, en la cual es preparada la novia de Cristo para las bodas en el cielo. (6.5)

Algunos elementos que vinculan a las distintas Iglesias cristianas son el Bautismo, la confesión a Jesucristo y la fe en Él. La Iglesia como comunión de fe, esperanza y amor se puede experimentar a través de los bautizados que viven su fe. Por ende, la Iglesia de Cristo también puede verse en las Iglesias en las que hay de diferentes maneras y en diferentes escalas, unidad, santidad, universalidad y apostolicidad. (6.5)

[10] El Consejo Mundial de Iglesias formula los elementos que vinculan a todas las Iglesias de la siguiente manera: [Son] “Iglesias que se confiesan al Señor Jesucristo conforme a la Sagrada Escritura como Dios y Salvador y por eso tratan de cumplir conjuntamente aquello para lo cual fueron llamadas para honra de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo".