Catecismo

3 El trino Dios

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios. La automanifestación de Dios dentro de la historia de la salvación, la cual deja en claro que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo existen, crean, obran y sustentan desde el principio, atestigua que Dios es trino desde siempre.

En el antiguo pacto se manifestaba ante todo Dios el Padre, mientras que el obrar del Hijo y el Espíritu Santo aún quedaba ampliamente oculto a los hombres. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, el Apóstol Pablo hizo ver que el Hijo de Dios ya estaba presente cuando el pueblo de Israel transitaba por el desierto (1 Co. 10:4). Además, en Marcos 12:36 y Hebreos 3:7 dice que el Espíritu Santo ya habló en el antiguo pacto.

La encarnación, la muerte y la resurrección del Hijo de Dios, como asimismo el envío del Espíritu Santo, permiten reconocer a Dios como el Trino. Jesucristo destaca los efectos de la Trinidad Divina en Juan 16:13-15: lo que es del Hijo, también es del Padre y lo que hace saber el Espíritu Santo lo toma del Padre y del Hijo.

El trino Dios es un Dios de comunión de Padre, Hijo y Espíritu; su comunión querría hacerla accesible al hombre.

3.1 La naturaleza de Dios Volver arriba

Dios, en su naturaleza y obrar, no es concebible para el entendimiento humano. El acceso a Dios, su omnipotencia y grandeza solamente es posible por la fe. Jesucristo nos reveló a Dios como Padre lleno de amor, misericordia y gracia, y nos abrió la posibilidad de experimentarlo como tal. El Espíritu Santo, que conduce a los creyentes a las profundidades de la divinidad, brinda más revelaciones de Dios (1 Co. 2:6-16).

Las características de la naturaleza de Dios son: Él es el Uno (único), el Santo, el Todopoderoso, el Eterno, el Amante, el Misericordioso, el Justo, el Perfecto. Dios no es desconocido ni está oculto; se inclina hacia los hombres, les habla y les permite hablar con Él.

El propósito de describir los rasgos característicos de Dios es glorificar su perfección y absolutidad, pero todos los conceptos tomados del mundo de la experiencia humana nunca podrán igualarse con la realidad divina.

3.1.1 Un Dios en tres personas Volver arriba

La Trinidad de Dios es un misterio. En la fórmula trinitariaEn el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo" no es utilizado el plurallos nombres", sino el singularel nombre": el Dios uno es el Dios trino. En sus palabras a los Apóstoles, Jesús mismo definió claramente la Trinidad Divina; ellos debían bautizaren el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mt. 28: 19). Cuando hablamos de Dios comoel Padre, el Hijo y el Espíritu Santo" no hacemos referencia a tres dioses diferentes, sino a tres personas (hipóstasis), que constituyen el Dios uno.

3.1.2 Dios, el Uno Volver arriba

La fe en un solo Dios forma parte de las confesiones fundamentales del Antiguo y del Nuevo Testamento. Dios mismo habló a Moisés sobre la unidad y la fidelidad a mismo expresadas en su nombre: “Yo soy el que soy" (Ex. 3:14). La confesión a la unicidad de Dios: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Dt. 6:4), acompañó al pueblo del antiguo pacto a través de toda su historia.

Si bien ya el primer mandamiento afirma con toda claridad: “No tendrás dioses ajenos delante de " (Ex. 20:3), Israel recorrió un largo camino hasta profesarse a la unicidad de Dios excluyendo a todos los demás dioses y la adoración de los mismos. Los profetas tuvieron que reprochar al pueblo una y otra vez la adoración de dioses ajenos. En Isaías 45:21-22 encontramos las palabras de Dios: “No hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de . Mirad a , y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más". Después de regresar de la cautividad babilónica, la confesión al único Dios (monoteísmo) llegó a ser en la convicción de los judíos la característica esencial que los distinguía de los gentiles. La fe expresada en el libro de la Sabiduría caracteriza al judaísmo hasta hoy: “Porque aparte de ti, no hay ningún dios" (Sabiduría 12: parte del versículo 13).

Esta confesión también está arraigada en la fe cristiana, desde las primeras comunidades hasta la actualidad. El Apóstol Pablo defendió al monoteísmo sin limitaciones. Con respecto al politeísmo de las religiones griega y romana escribió: “Sabemos que [...] no hay más que un Dios" (1 Co. 8:4).

3.1.3 Dios, el Santo Volver arriba

En el Antiguo Testamento, Dios es llamado reiteradamenteel Santo" (Is. 43:3; Jer. 50:29; Hab. 1:12). La santidad, que alude a lo majestuoso, sagrado y alejado de lo profano, forma parte de la naturaleza de Dios, de su ser y su obrar. Lo testifica Apocalipsis 4:8: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir" (Is. 6:3). Su palabra y su voluntad son igualmente santas.

La proximidad de Dios, la presencia del Santo, experimentada reiteradamente en la historia de la salvación, impone veneración ante Él. Moisés experimentó que la cercanía de Dios es santa e impone veneración, cuando vio la zarza ardiendo y escuchó la voz de Dios: “No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que estás, tierra santa es" (Ex. 3:5). La santidad de Dios santifica el lugar de su manifestación.

Participar de la santidad de Dios es un regalo y un deber al mismo tiempo: “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios" (Lv. 19:2; comparar con 1 P. 1:15-16). Así, cada creyente es convocado a esforzarse por alcanzar la santidad derivada de la santidad de Dios. De esa manerasantificará" el nombre de Dios, lo cual se expresa también en la oración delPadre Nuestro": “Santificado sea tu nombre" (Mt. 6:9).

3.1.4 Dios, el Todopoderoso Volver arriba

Con la confesión del primer artículo de la fe: “Yo creo en Dios, el Padre, el Todopoderoso, el Creador del cielo y de la tierra" atestiguamos que Dios puede hacer todo, que nada le es imposible y que para Él no hay ninguna clase de limitaciones en imponer su voluntad. En Salmos 135:6, esto es expresado así: “Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos".

También en la creación se muestra al hombre claramente la omnipotencia de Dios, porque sólo por su palabra fue creado todo de la nada (He. 11:3). En su omnipotencia, Dios determina el principio y el fin: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso" (Ap. 1:8). Asimismo la nueva creación será expresión de la omnipotencia de Dios.

Jesucristo también habló de la omnipotencia de Dios, al decir: “Todas las cosas son posibles para Dios" (Mr. 10:27); esto fue atestiguado, igualmente, por ángeles: “Porque nada hay imposible para Dios" (Lc. 1:37).

La omnipotencia de Dios incluye la omnisciencia y la omnipresencia. Se hace referencia a la omnisciencia de Dios en Salmos 139:2-4: “ has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, la sabes toda". El mismo Salmo alude a la omnipresencia de Dios: “Si subiere a los cielos, allí estás ; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra" (versículos 8-10).

3.1.5 Dios, el Eterno Volver arriba

Dios, “el Eterno", no tiene principio ni fin. No hay limitaciones temporales para Él. “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, eres Dios" (Sal. 90:2). Dios es Creador y Señor del tiempo; a diferencia del mundo material, subordinado a la temporalidad, Dios determina soberanamente sobre el tiempo, concede tiempo o también lo quita.

La eternidad de Dios trasciende el horizonte de la experiencia humana. Es infinita, no obstante no es una intemporalidad. Más bien, ante Dios el pasado, el presente y el futuro están igualmente presentes. Está implícito en 2 Pedro 3:8 que Dios está por encima de las dimensiones del tiempo y las domina: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día".

3.1.6 Dios, el Amante Volver arriba

En el antiguo pacto al igual que en el nuevo pacto, Dios se muestra como el que ama. Por amor eligió al pueblo de Israel y lo liberó de la cautividad egipcia. Mas Dios, en su amor, no se manifestó en su hecho histórico solamente al pueblo de Israel, sino que finalmente lo hizo en Jesucristo a toda la humanidad: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Jn. 3:16).

Dios no sólo se dirige al mundo con amor, sino que Dios es el amor (1 Jn. 4:16).

3.1.7 Dios, el Misericordioso y Justo Volver arriba

Dios es el Misericordioso. Su misericordia es parte de su justicia. Concede a los hombres misericordia, clemencia, paciencia y bondad (Sal. 103:8). En su justicia concedió misericordia a su pueblo, aun cuando este se apartó o no guardó el pacto: “Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor" (Is. 54:8).

En el nuevo pacto queda demostrado que Dios es el Misericordioso en el hecho de que se volvió hacia el hombre asediado por el pecado y le perdonó sus pecados. El Apóstol Pablo testifica cómo Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo (2 Co. 5:19). Por gracia, Dios justifica al injusto, el pecador es partícipe del perdón, el necesitado de salvación recibe salvación y, por lo tanto, redención.

Dios es justo: “Cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud" (Dt. 32:4). Enunciados como: “La paga del pecado es muerte" (Ro. 6:23) oSeñor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos" (Ap. 16:7) son expresiones de su justicia. Es Él quien en el nuevo pacto justifica gratuitamente al pecador a través de Jesucristo (Ro. 3:24-26; 5:18).

3.1.8 Dios, el Perfecto Volver arriba

Dios es perfecto. Él no necesita mejorar, cambiar o seguir desarrollándose en nada. Él es inmutable y está libre de toda condición y presión. Sus obras no acontecen a raíz de una necesidad exterior, sino tan sólo por su voluntad enteramente soberana.

Dios se dio a conocer a Moisés como quien es completamente idéntico consigo mismo y perfecto: “Yo soy el que soy" (Ex. 3:14).

La perfección y la bondad de Dios están estrechamente relacionadas: todo lo que acontece en Dios, todo lo que procede de Él o es creado por Él, es perfecto y está bien hecho. La perfección de Dios también puede verse en que entre la voluntad y la acción, entre el propósito y la realización no hay diferencia alguna. En Dios tampoco se encuentra algo que pudiese estar malogrado o imperfecto. La creación es parte de la perfección y la bondad de Dios, por eso Dios encuentra que todo lo que había hecho erabueno en gran manera" (Gn. 1:31).

La verdad también forma parte de la perfección de Dios. En Dios no se halla mentira, engaño o inseguridad. “La suma de tu palabra es verdad" (Sal. 119:160). La palabra divina es digna de confianza, Dios se atiene a sus promesas y es fiel.

La verdad de Dios se corresponde con la sabiduría. Dios reina y llena con esta toda la creación: “Se expande poderosa de un extremo a otro y todo lo dispone provechosamente" (La Sabiduría de Salomón 8:1).

La perfección de Dios se experimenta directamente en Jesucristo, “el autor y consumador de la fe" (He. 12:2), pues Él es perfecto en sus palabras y obras. Jesucristo es el Ejemplo y el Maestro de la perfección a la que debe aspirar el hombre (Fil. 2:5).

La meta", “el premio del supremo llamamiento de Dios" (Fil. 3:12-16) – es decir, la perfecciónes de naturaleza escatológica. Es verdad que el hombre en sus pecados puede aspirar a la perfección, pero no alcanzarla. Por ser aceptado en el retorno de Cristo y tomar parte en la nueva creación, Dios regala finalmente al hombre una amplia participación en su perfección.

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El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios que existe, crea, obra y sustenta desde el principio. (3)

Dios, en su naturaleza y obrar, no es concebible para el entendimiento humano. El acceso a Él solamente es posible por la fe. (3.1)

El Dios uno es el Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. No hacemos referencia a tres dioses diferentes, sino a tres personas (hipóstasis), que constituyen en Dios uno. (3.1.1)

La fe en un solo Dios (monoteísmo) forma parte de las confesiones fundamentales del Antiguo y del Nuevo Testamento. Esto está arraigado en la fe cristiana desde las primeras comunidades apostólicas hasta la actualidad. (3.1.2)

La santidad, que alude a lo majestuoso, sagrado y alejado de lo profano, forma parte de la naturaleza de Dios, de su ser y su obrar. Su palabra y su voluntad son igualmente santas. (3.1.3)

Dios puede hacer todo, para Él no hay ninguna clase de limitaciones. La omnipotencia de Dios incluye la omnisciencia y la omnipresencia. (3.1.4)

Dios no tiene principio ni fin. La eternidad de Dios es infinita, no obstante no es una intemporalidad. Él es el Creador del tiempo y está por encima de todas las dimensiones del tiempo. Ante Él el pasado, el presente y el futuro están igualmente presentes. (3.1.5)

Dios es el amor (1 Jn. 4:16). También en la historia Él se muestra como el que ama. Esto se evidencia ante todo en la entrega de su Hijo para toda la humanidad. (3.1.6)

Dios es el Misericordioso y el Justo. Su misericordia también se demuestra en que perdona los pecados. Concede al pecador justicia a través de Jesucristo. (3.1.7)

Dios es el Perfecto. Sus obras y caminos no tienen imperfección. Sus obras acontecen tan sólo por su voluntad enteramente soberana. Dios se atiene a sus promesas y es fiel. La perfección de Dios se experimenta directamente en Jesucristo. (3.1.8)

3.2 Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo Volver arriba

Dios mismo se reveló como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Así, Dios se deja reconocer como el Trino. Esta automanifestación de Dios conforma el fundamento de la doctrina de la Trinidad. El obrar de Dios en la historia y la creación siempre se lleva a cabo como el obrar del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dios se revela como Creador, como Redentor, como Reconciliador y como Creador de todo lo nuevo. En la vida de Jesús, en su Bautismo, transfiguración, crucifixión, resurrección y ascensión, y asimismo al ser derramado el Espíritu Santo en Pentecostés, Dios anunció su naturaleza trinitaria: Él es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En el Antiguo y el Nuevo Testamento, el misterio de la Trinidad de Dios está expresado de diferentes maneras. Sin embargo, en la Sagrada Escritura no se mencionan el concepto ni la doctrina de la Trinidad. Esta fue reconocida y formulada en la Iglesia del primer tiempo basándose en testimonios bíblicos.

3.2.1 Referencias sobre el trino Dios en el Antiguo Testamento Volver arriba

Una primera referencia al obrar del trino Dios está en el primer relato sobre la creación (Gn. 1:1-31; 2:1-4). Allí dice: "[...] el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas" (Gn. 1:2) y: “dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (Gn. 1:26). “Elohim", la denominación de Dios utilizada en el texto hebreo original, es un plural, significa lodivino" y tambiéndioses". A la luz del Evangelio se entiende como una referencia al trino Dios.

Las diferentes manifestaciones divinasángel de Jehová" (Gn. 16:7-11 y 13; Ex. 3:2-5; Jue. 6:11-16), “Espíritu de Dios" oEspíritu de Jehová" (Jue. 3:10; 1 S. 16:13) se entienden como alusiones al misterio de la Trinidad de Dios.

También hablan al respecto los hechos y referencias en los cuales aparece el número tres:

  • Los tres mensajeros de Dios que se acercaron a Abraham (Gn. 18), se entienden en la tradición cristiana como una alusión al misterio de la Trinidad Divina.

  • Del mismo modo, la bendición sacerdotal aaronita de Números 6:24-26 hace referencia al obrar del trino Dios: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz".

  • También la triple alabanza del ángel en ocasión de la visión del llamamiento del profeta Isaías, es vista como una referencia a la Trinidad de Dios: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria" (Is. 6:3).

3.2.2 Referencias sobre el trino Dios en el Nuevo Testamento Volver arriba

A pesar de que en el Nuevo Testamento tampoco encontramos una doctrina específica sobre la Trinidad, se transmiten sucesos y formulaciones que ponen en claro la Trinidad Divina en su accionar dentro de la historia de la salvación. Un ejemplo de la presencia del trino Dios se puede ver inmediatamente al comenzar la actividad pública de Jesús, cuando en su Bautismo el Padre y el Espíritu Santo atestiguan el envío del Hijo de Dios hecho hombre: “Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia" (Mr. 1:10-11). Este pasaje demuestra que el Hijo de Dios obra en unidad con el Padre y el Espíritu Santo.

Padre, Hijo y Espíritu Santo también son mencionados en el mandato del Bautismo dado por Jesucristo a los Apóstoles antes de su ascensión (Mt. 28:18-19).

Otras referencias a la correlación existente entre las personas divinas se hallan en el Evangelio de Juan cuando se menciona la unidad del Hijo con el Padre, donde Jesucristo dice: “Yo y el Padre uno somos" (Jn. 10:30, comparar también con Jn. 1:1 y 14). Asimismo, la promesa del Espíritu Santo hace referencia a la Trinidad de Dios (Jn. 16:13-15).

En las epístolas del Nuevo Testamento hay más alusiones a la Trinidad de Dios. Las encontramos en las alabanzas a Dios o también en las fórmulas de bendición. Así dice en 1 Corintios 12:4-6: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo". Aquí se menciona tanto la unicidad de Dios, como las diferentes automanifestaciones personales. También Efesios 4:4-6 testifica que el obrar de Dios contiene señales de su naturaleza trinitaria: “Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos". Asimismo en 1 Pedro 1:2 se habla acerca del obrar de salvación del trino Dios: “[...] elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo".

Una alusión clara a la Trinidad de Dios la constituye la fórmula de bendición que se encuentra al final de la epístola a los Corintios: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros" (2 Co. 13:14).

3.2.3 Desarrollo de la doctrina de la Trinidad Volver arriba

El reconocimiento de la Trinidad de Dios y su presentación en enunciados doctrinarios tuvo lugar ya poco tiempo después de haber sido redactados los escritos del Nuevo Testamento. Para poder plasmar estas nociones en palabras, se utilizaron antiguos conceptos filosóficos comopersona" ohipóstasis", o biensustancia". Formular una doctrina de la Trinidad ayudaría, por un lado, a expresar con el idioma el reconocimiento obtenido por la fe; por el otro, se trataba de proteger a la fe de las falsas doctrinas que buscaban transmitir una imagen de Dios que no respondía al testimonio del Nuevo Testamento. La doctrina de la Trinidad se terminó de formular durante los primeros concilios de los siglos IV y V.

El concepto deTrinidad" fue acuñado por Teófilo de Antioquía que vivió en la segunda mitad del siglo II; el Doctor de la Iglesia Tertuliano (alrededor de 160 hasta alrededor de 220 d.C.) lo hizo popular. Tertuliano acentuó la unidad de Dios: “una substantia tres personae", es decir, “una sustancia [divina en] tres personas" (lat.: “una substantia tres personae"), y por primera vez relacionó el concepto depersona" con Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En el concilio de Nicea (325 d.C.) se dejó expresa constancia de la consustancialidad divina de Padre e Hijo. Una razón directa para ello fue la doctrina de Arrio (fallecido en 336 d.C.), quien afirmaba que el Hijo preexistente [4] fue creado por el Padre de la nada, es decir, que fue el primer acto creador de Dios. Contrariamente a esta postura, el concilio insistió en que el Hijo no era una criatura, sino que era parte de la Trinidad Divina desde siempre.

Esta controversia conocida comodisputa arriana" no finalizó en el concilio de Nicea, sino que se proyectó al concilio de Constantinopla (381 d.C.). En este concilio fue expresado que el Espíritu Santo también es persona y verdadero Dios como el Padre y el Hijo.

En los años siguientes, la doctrina de la Trinidad fue aceptada por la cristiandad en general, salvo unas pocas excepciones. Sin embargo, las reflexiones sobre la doctrina de la Trinidad aún no habían concluido. Ante todo por influencia del Padre de la Iglesia Agustín (354 hasta 430 d.C.) se acentuó más tarde en la Iglesia Occidental que el Espíritu Santo procedía de igual manera tanto del Padre como del Hijo. Contrariamente a esto, la Iglesia Oriental insistía en una versión más antigua del credo de Nicea-Constantinopla, que afirma que el Espíritu Santo procedería del Padre a través del Hijo.

Los reformadores adoptaron la fe en la Trinidad de Dios de la Iglesia antigua (siglos II a VI). La doctrina de la Trinidad, salvo la idea divergente sobre el Espíritu Santo mencionada arriba, es común a todas las Iglesias cristianas. Forma parte de los enunciados fundamentales de la fe cristiana y constituye una característica esencial de diferenciación con las otras dos religiones abrahamitas, el judaísmo y el islamismo.

En el décimo primer sínodo de la Iglesia de Toledo (675 d.C.) fue anunciado: “El Padre es lo mismo que el Hijo, el Hijo es lo mismo que el Padre, el Padre y el Hijo son lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, por naturaleza un Dios".

[4] Existencia de Cristo como Logos junto con Dios antes de su encarnación.

3.2.4 La unidad de las tres personas divinas Volver arriba

Los cristianos se profesan a un Dios trino. Cada una de las personas divinasPadre, Hijo y Espíritu Santoes verdadero Dios. La fe cristiana comprende que Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, son ya desde siempre, es decir, que existen desde la eternidad.

Por ende, “Padre", “Hijo" yEspíritu Santo" no son sólo nombres que indican distintas maneras de existencia o de revelación, sino que estos tres nombres existen para las personas divinas diferentes entre en su ser. Por cierto que el Padre no es el mismo que el Hijo, y el Hijo no es el mismo que el Padre; el Espíritu Santo no es el mismo que el Padre o el Hijo, puesto que el Padre es el Engendrador, el Hijo es el Engendrado y el Espíritu Santo es el que surgió de ambos.

Las tres personas divinas se relacionan permanentemente entre y son eternamente una. La diferenciación de las tres personas divinas entre , no divide la unidad de Dios, dado que son una naturaleza, o bien, una sustancia. En ellas no hay divergencia de voluntad. El Padre está totalmente en el Hijo, totalmente en el Espíritu Santo; el Hijo está totalmente en el Padre, totalmente en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está totalmente en el Padre, totalmente en el Hijo.

Los cristianos profesan que todas las obras de Dios en la creación, redención y nueva creación, son al mismo tiempo obras del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Aunque todas las obras divinas son al mismo tiempo obras del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, no siempre lo son de la misma manera. Si bien la creación es obra de Dios, el Padre, y Dios, el Hijo, no obstante Dios, el Padre, o Dios, el Espíritu Santo, no se hicieron hombres, sino únicamente Dios, el Hijo. No el Padre o el Hijo, sino únicamente el Espíritu Santo es derramado. En la tradición cristiana, a cada una de las tres personas divinas se les asigna un punto central (Appropriation): Dios, el Padre, es Creador; el Hijo, Redentor y el Espíritu Santo, Creador de lo nuevo.

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