Catecismo

12 Servicio Divino, actos de bendición y asistencia espiritual

12.1 El Servicio Divino Volver arriba

El Servicio Divino es el obrar de Dios en el hombre y la obra del hombre para Dios.

12.1.1 Generalidades sobre el Servicio Divino Volver arriba

La comunidad se reúne en el Servicio Divino para oír la palabra de Dios y ser bendecida por el Sacramento. El hombre venera a Dios con respeto y humildad.

Así, el Servicio Divino es el encuentro de Dios y el hombre. En el servir en el que los creyentes veneran a Dios y en la presencia perceptible del trino Dios, la comunidad experimenta que Dios los sirve con amor.

12.1.2 El Servicio Divino en el Antiguo Testamento Volver arriba

En el Antiguo Testamento, el Servicio Divino se basa en el encuentro del hombre con Dios. La forma de los Servicios Divinos se fue desarrollando a lo largo de mucho tiempo. Dios se manifestó al hombre una y otra vez, y le concedió su ayuda.

En el huerto de Edén, Dios dirige su palabra a los primeros seres humanos. Después de la caída en el pecado no los deja sin su protección; les promete confortación y les transmite esperanza en una salvación futura.

Al lugar donde Dios le ha hablado, Jacob lo consagra y lo llamaBet-el", esto es, “casa de Dios" (Gn. 28:19).

En la ley, Dios dio a Moisés determinadas disposiciones para erigir un altar: “[...] En todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré" (Ex. 20:24 ss.). Además recordó que había santificado el séptimo día y exhortó: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo" (Ex. 20:8).

Durante la peregrinación por el desierto por parte de los israelitas, Dios eligió de entre sus hombres a aquellos que le debían servir como sacerdotes y realizar el servicio de los sacrificios. Recibieron el encargo de transmitir al pueblo la bendición de Dios con un texto determinado (Nm. 6:22-27). Esta bendición dice: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz" (bendición aaronita).

Se informa del tiempo del rey David, que en el Servicio Divino colaboraban cantores y músicos que alababan a Dios con salmos (1 Cr. 25:6).

El rey Salomón hizo construir el templo de Jerusalén. En él se realizaban Servicios Divinos, que consistían en su parte principal en el sacrificio diario de los animales destinados a las ofrendas, las cuales debían ser realizadas por los sacerdotes. El servicio de los sacrificios se realizó de allí en más exclusivamente en el templo de Jerusalén. El templo también era el lugar en el cual los israelitas celebraban las fiestas, como Pascua, la fiesta de los tabernáculos (Lv. 23).

Después de la destrucción del templo, los israelitas interpretaron que ya no se podía realizar el servicio de los sacrificios. En el tiempo del cautiverio babilónico, los creyentes se reunían en casas construidas por ellos mismos, las sinagogas, para orar, leer la Sagrada Escritura e interpretarla. Aquí está el origen de la forma cristiana en que posteriormente se realizarían los Servicios Divinos.

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El Servicio Divino es el obrar de Dios en el hombre y la obra del hombre para Dios. (12.1)

En el Antiguo Testamento, el Servicio Divino se basa en el encuentro del hombre con Dios. La forma de los Servicios Divinos se fue desarrollando a lo largo de mucho tiempo. (12.1.2)

Después de la destrucción del templo de Jerusalén, ya no se realizó el servicio de los sacrificios. En el tiempo del cautiverio babilónico, los creyentes se reunían en sinagogas, para orar, leer la Sagrada Escritura e interpretarla. Aquí está el origen de la forma cristiana en que posteriormente se realizarían los Servicios Divinos. (12.1.2)

12.1.3 El Servicio Divino en el Nuevo Testamento Volver arriba

Con la encarnación de Dios en Jesucristo, comenzó una nueva dimensión del servicio de Dios para el hombre. El Hijo de Dios viene a la tierra como verdadero hombre y verdadero Dios al mismo tiempo. Nació en el pueblo de los judíos; fue al templo, participó del Servicio Divino en las sinagogas y colaboró en su realización. Además está su actividad como Maestro que predicó con autoridad divina (Mt. 7:29). Más allá, hacía bautizar e instituyó la Santa Cena. De tal manera, en la palabra y la obra de Jesús ya se esboza lo que constituirá la impronta del Servicio Divino cristiano: la palabra y los Sacramentos.

El obrar de Jesús, el cual por ende es normativo para el Servicio Divino, encuentra su coronación en su muerte en la cruz: Él ofrece el sacrificio perfecto, que supera y sustituye el servicio de los sacrificios del antiguo pacto (ver 3.4). En cada festejo de la Santa Cena, se hace presente el sacrificio de Cristo.

Aun antes de su muerte en sacrificio, Jesucristo prometió a sus Apóstoles el envío del Espíritu Santo, que continuaría la actividad de enseñanza de Cristo y preservaría su Evangelio: “La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.Os he dicho estas cosas estando con vosotros.Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Jn. 14:24-26).

El Espíritu Santo inspiró la prédica de Pedro en Pentecostés. Al oír la palabra obrada por el Espíritu Santo, los tres mil oyentesse compungieron de corazón", estuvieron dispuestos a arrepentirse y a dejarse bautizar en el nombre de Jesucristo, después de lo cual recibieron el don del Espíritu Santo. Pentecostés es, en cierto modo, el primer Servicio Divino de la Iglesia de Cristo. Sobre la primera comunidad cristiana en Jerusalén se testifican cuatro elementos fundamentales del Servicio Divino neotestamentario: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hch. 2:42).

12.1.4 Desarrollo del Servicio Divino cristiano Volver arriba

En el curso de los siglos, el Servicio Divino se celebró de diferentes formas. Si originalmente estaba en primer plano la liturgia, más adelante, por la Reforma, la prédica adquirió mayor desarrollo dentro del protestantismo. El Servicio Divino en la Iglesia Católica Apostólica también se caracterizó por una marcada liturgia. El desarrollo actual del Servicio Divino nuevoapostólico se encuentra bajo la tradición de los Servicios Divinos reformados.

12.1.5 El Servicio Divino como un encuentro con Dios Volver arriba

Los cuatro elementos del Servicio Divino, ya existentes en la Iglesia del principio, también hoy constituyen los rasgos característicos destacados, cuando la comunidad experimenta en el altar el misterio siempre renovado de un encuentro de Dios con el hombre.

La fórmula de la introducción trinitaria: “En el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo" es la invocación de Dios y el cerciorarse de su presencia. Así se introduce cada encuentro con el Trino en el Servicio Divino y se lo finaliza con la bendición trinitaria. Esto deja en claro a cada concurrente del Servicio Divino que Dios está presente.

Si en el cielo Dios es alabado por las huestes celestiales (Is. 6:3; Ap. 4:8-11), en la tierra la comunidad reunida en el Servicio Divino glorifica y alaba al trino Dios, su gracia y su misericordia.

El Servicio Divino tiene como objetivo fortalecer la esperanza en el pronto retorno de Cristo y preparar a los creyentes para la venida del Señor. Por eso, para ellos el Servicio Divino es santo. El perderse los Servicios Divinos imprudentemente pone en riesgo el perseverar en la doctrina de los Apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones, así como los practicaban los primeros cristianos.

En aquel que se ausente con frecuencia del Servicio Divino sin un motivo fundado, puede desaparecer el deseo de recibir el Sacramento y la palabra impulsada por el Espíritu. Tampoco recibirá las fuerzas provenientes de la Santa Cena, los pecados no le serán perdonados y se perderá la bendición vinculada con el Servicio Divino.

El que niega a Dios la reverencia que le corresponde, rechazando conscientemente el Servicio Divino y la gracia ofrecida en él o bien restándole valor, cargará sobre el pecado, y más aún, asistiendo o no al Servicio Divino.

12.1.5.1 Enseñanza de los Apóstoles Volver arriba

Jesús, quien en Hebreos 3:1 es calificado comoel Apóstol de nuestra profesión", dijo: “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió" (Jn. 7:16). Él, el Enviado de su Padre, envía por su parte a los Apóstoles y les da el siguiente encargo: “Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mt. 28:20).

Los Apóstoles son llamados y consagrados como siervos de Cristo para predicar el Evangelio y alentar la obediencia a la fe (Ro. 1,1.5); los portadores de ministerio que están activos en su encargo, también proclaman la doctrina de Jesucristo en las comunidades.

La palabra de la prédica impulsada por el Espíritu Santo sirve para fortalecer la fe, fomentar el reconocimiento, transmitir consolación, exhortar para obrar según la medida del Evangelio y mantener viva la espera del pronto retorno de Cristo. De esa manera, los creyentes experimentan el cumplimiento de la promesa de Jesús: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Jn. 16:13-14). La prédica impulsada por el Espíritu se destaca por glorificar a Cristo como Salvador y Redentor.

12.1.5.2 Partimiento del pan Volver arriba

Con el festejo de la Santa Cena (ver 8.2), la comunidad experimenta el hecho central del Servicio Divino. Después del perdón de los pecados, los creyentes se dirigen hacia el altar y reciben cuerpo y sangre de Jesús en una hostia consagrada de pan y vino, experimentando la Santa Cena como la celebración del agradecimiento y la conmemoración del sacrificio de Cristo (Lc. 22:19). Es una cena de confesión, una cena de comunión, en la cual también están incluidos los difuntos, tanto aquellos que murieron en Cristo como aquellos a los que la gracia de Dios les permite el acceso al altar. Fortalece la esperanza en el Hijo de Dios que vendrá nuevamente (1 Co. 11:26).

El gustar dignamente la Santa Cena preserva en el hombre la vida que le fue regalada por el renacimiento; además le brinda la seguridad de permanecer en Jesús y mantener la más estrecha comunión de vida con Él (Jn. 6:51-58). Las fuerzas recibidas a través de ello, ayudan a superar aquello que podría constituirse en un obstáculo para la salvación del alma, y permiten fusionarse con la naturaleza de Jesús. De esa manera, puede ser fortalecida en cada Servicio Divino la comunión de vida con Jesucristo.

12.1.5.3 Comunión Volver arriba

En el Servicio Divino, el creyente puede experimentar que constantemente se cumple lo prometido por Jesús: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt. 18:20). El Servicio Divino, por lo tanto, es la comunión con Jesucristo. En su palabra, Él está en medio de la comunidad y en su cuerpo y sangre está presente en forma real. Además, el Servicio Divino es la comunión de los creyentes que se unen en adoración y alabanza de Dios. Si en el Servicio Divino, adicionalmente a la Santa Cena, se dispensan los Sacramentos del Santo Bautismo con Agua o el Santo Sellamiento, quienes pertenecen a la comunidad rodean como testigos a aquellos que reciben el Sacramento. Asimismo, cada invidividuo puede llevarse para la bendición. Se convoca a aquel que ya ha sido bautizado y sellado, a que vuelva a tomar conciencia de la recepción de los Sacramentos. Esto deja en claro que todos los renacidos están juntos en la comunión plena de los Sacramentos.

12.1.5.4 Oración Volver arriba

El Servicio Divino está vinculado inseparablemente con la oración. Ya antes del Servicio Divino, el creyente busca la cercanía de Dios en la oración personal. Durante el Servicio Divino, la comunidad se une en las oraciones con las palabras de quien conduce el Oficio, en las que se manifiesta adoración, agradecimiento, intercesión y petición. Particular importancia tiene la oración delPadre Nuestro" pronunciada en conjunto. Esta se basa en el texto de Mateo 6:9-13 y antecede al festejo de la Santa Cena. Cuando el creyente recibió cuerpo y sangre de Jesús, agradece a Cristo por su sacrificio y la gracia obtenida realizando una oración en silencio. Al final del Servicio Divino, el siervo a cargo del mismo pronuncia una oración.

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Con Jesucristo comienza una nueva dimensión del servicio de Dios para el hombre. En la palabra y la obra de Jesús se esboza lo que constituirá la impronta del Servicio Divino cristiano: la palabra y los Sacramentos. (12.1.3)

Se testifica sobre cuatro elementos fundamentales del Servicio Divino neotestamentario: doctrina de los apóstoles, comunión, partimiento del pan y oraciones. (12.1.3)

En el curso de los siglos, el Servicio Divino se celebró de diferentes formas. El desarrollo actual del Servicio Divino nuevoapostólico se encuentra bajo la tradición de los Servicios Divinos reformados. (12.1.4)

La fórmula de la introducción trinitaria es la invocación de Dios y el cerciorarse de su presencia. Con ella se introduce cada encuentro con el Trino en el Servicio Divino y se lo finaliza con la bendición trinitaria. (12.1.5)

El Servicio Divino tiene como objetivo fortalecer la esperanza en el pronto retorno de Cristo y preparar a los creyentes para la venida del Señor. (12.1.5)

Los Apóstoles son llamados para proclamar el Evangelio; los portadores de ministerio que están activos en su encargo, también lo hacen. (12.1.5.1)

Con el festejo de la Santa Cena, la comunidad experimenta el hecho central del Servicio Divino. (12.1.5.2)

El Servicio Divino es la comunión con Jesucristo en palabra y Sacramentos. El Servicio Divino también es la comunión de los creyentes que se unen en adoración y alabanza de Dios. (12.1.5.3)

El Servicio Divino está vinculado inseparablemente con la oración. En ella se manifiesta adoración, agradecimiento, intercesión y petición. (12.1.5.4)

12.1.6 Anuncio de la palabra Volver arriba

En los Servicios Divinos es anunciada la voluntad de Dios para el presente; a este anuncio de la palabra lo denominamosprédica".

El Señor Jesús expresa la necesidad vital de la palabra de Dios para la nueva criatura, con las palabras: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt. 4:4). El Apóstol Pablo señala que sin la palabra predicada, no habrá fe en Jesucristo (Ro. 10:17). En 1 Pedro 1:24-25, se compara lo perecedero, que es el hombre, y lo imperecedero, que es la palabra de Dios: “La palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada".

12.1.6.1 El concepto “prédica" Volver arriba

El conceptoprédica" se remonta al término latino praedicare que significadar a conocer algo públicamente, anunciar algo". La prédica en el Servicio Divino es un discurso espiritual que un portador de ministerio dirige a la comunidad, inspirado y entrelazado por el poder del Espíritu Santo. La prédica está basada en un texto bíblico.

12.1.6.2 Anuncio de la palabra en el Nuevo Testamento Volver arriba

Si ya en la época del Antiguo Testamento había personas creyentes que anunciaban la voluntad de Dios por el poder del Espíritu Santo, con el nacimiento del Hijo de Dios se hizo realidad una dimensión nueva de la palabra de Dios. En Jesucristo, la palabra de Dios llegó perfecta al hombre.

Jesús enseñaba en el templo de Jerusalén, en sinagogas y otros lugares. Mucho de lo que predicaba nos es transmitido por los Evangelios, los cuales contienen los fundamentos de la doctrina cristiana. Para anunciar su palabra, Jesús utilizaba parábolas y explicaba el Antiguo Testamento. Además, dio muchas indicaciones para el futuro. Anticipó su padecimiento, su resurrección y su ascensión, y prometió su retorno. La manera excepcional de anunciar su palabra se evidencia en el Sermón del Monte con las bienaventuranzas y muchos enunciados que hasta ese momento jamás se habían oído. Cuáles fueron sus efectos, quedó demostrado en la reacción de los oyentes: “La gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas" (Mt. 7:28-29).

Si el Hijo de Dios ya durante el tiempo de su actividad en la tierra había encargado a los Apóstoles que predicasen (Mt. 10:7), después de la resurrección les dio el encargo de ir por todo el mundo a predicar el Evangelio a todos (Mr. 16:15).

La primera prédica cristiana fue la del Apóstol Pedro en Pentecostés (Hch. 2:14 ss.). Encontramos otras prédicas, por ejemplo, en Hechos 3:12-26; 17:22-31. También algunas epístolas de los Apóstoles leídas en las comunidades, se pueden comparar con prédicas. Sus contenidos eran adecuados a las respectivas comunidades y a la situación reinante. Invitan al arrepentimiento, a aceptar la gracia de Dios y a recibir los Sacramentos, también tienen un carácter de orientación y exhortación. Anuncian la voluntad redentora de Dios, que quiere regalar al hombre la vida eterna en su gloria.

12.1.6.3 El anuncio de la palabra hoy Volver arriba

En el Servicio Divino nuevoapostólico, el anuncio de la palabra de Dios tiene amplia cabida. Los Apóstoles y los portadores de ministerio que recibieron el respectivo envío, han sido llamados para anunciar la palabra de Dios en las comunidades. Han sido bendecidos y equipados a tal efecto en la ordenación.

La palabra de Dios es, en primer lugar, aquello que nos ha sido transmitido por la Sagrada Escritura. La prédica se debe orientar en ella. Por lo tanto, el fundamento para la prédica es un texto bíblico establecido de antemano, que el Apóstol Mayor pone a disposición de los portadores de ministerio con indicaciones para su interpretación en preparación para el Servicio Divino.

La explicación del texto bíblico en una alocución libre constituye el núcleo de la prédica, la cual es despertada por el Espíritu Santo. Esto lo vive la comunidad tanto por las palabras pronunciadas por quien conduce el Oficio, como asimismo por las de los portadores de ministerio que complementan la prédica mediante su aporte (“colaboradores"). El anuncio de la palabra de Dios por varios portadores de ministerio con diferente carácter y diferentes dones contribuye a que los distintos aspectos de la prédica sean iluminados desde diferentes puntos de vista, sirviendo para comprender más profundamente la voluntad de Dios.

12.1.6.3.1 Contenido principal del anuncio de la palabra Volver arriba

El punto central del anuncio de la palabra es el Evangelio de Jesucristo, el alegre mensaje. Anuncia la vida y el sacrificio de Jesús, su resurrección y su retorno, como asimismo la consumación del plan de salvación.

Pero también la glorificación de Dios y la alabanza de sus obras en todos los tiempos forman parte del contenido de la prédica. Además, esta brinda orientación para llevar una vida conforme a la voluntad de Dios, valiéndose también de vivencias y experiencias en la fe.

Otros elementos de la prédica son la alabanza de la gracia y la acción de reconciliación ofrecidas por Jesucristo. También se apela a la disposición de reconciliación de los creyentes. Todo esto se orienta a la recepción de los Sacramentos.

12.1.6.3.2 Objetivo del anuncio de la palabra Volver arriba

La prédica de Jesucristo invita a los oyentes a la obediencia en la fe (Ro. 16:25-26). El objetivo prioritario de la prédica es despertar y mantener la fe que Jesús espera en su retorno. El anuncio apostólico de la palabra siempre está dirigido a preparar a la comunidad para la venida de Jesús (2 Co. 11:2).

La fe en el pronto retorno del Señor repercute en la conducta cotidiana de los creyentes. Conforme a Gálatas 5:22-23, la actividad del Espíritu Santo tiene comofruto": amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.

La palabra anunciada transmite consuelo, esperanza y seguridad, fomenta el reconocimiento y fortalece la confianza en Dios.

Por la palabra de Dios, en cierto modo se le presenta al oyente un espejo en el cual puede reconocerse a mismo y tomar conciencia de qué es necesario que haga para asemejarse cada vez más al sentir de Cristo (Stg. 1:22-24). También forma parte de ello aceptar con fe la reconciliación con Dios hecha posible por Cristo y, consecuentemente, estar dispuesto a ser reconciliable con todos.

12.1.6.3.3 Niveles del anuncio de la palabra Volver arriba

La palabra de Dios es perfecta, pura y verdadera, y no obstante, puede ser anunciada por seres humanos imperfectos. Por eso, la prédica puede contener alguna imperfección. Dios, que escucha los ruegos sinceros del que predica y de los que oyen, coloca su potencia en las deficientes palabras humanas de la prédica. Por lo tanto, existen dos niveles. Uno es el humano: una persona habla, otras oyen. En este nivel no se pueden excluir errores lingüísticos ni contextuales del que habla, como tampoco errores en la comprensión de los oyentes. El otro nivel es el divino: el Espíritu Santo habla, a través del siervo de Dios enviado, al corazón del oyente, fortaleciendo, o bien, despertando en él la fe. Por ende, la imperfección de las palabras y frases expresadas no impide a Dios colocar su potencia en ellas.

También el oyente de la prédica debe cumplir algunos requisitos a fin de no interpretarla como la mera expresión de un hombre. El requisito fundamental para ello es la fe. Esto quiere decir que el oyente se brinda con confianza a la palabra de la prédica, la acepta y está dispuesto a incluirla en su vida. Si es así, la palabra de la prédica despertará en el oyente el reconocimiento de examinarse interiormente. Admitirá pecados cometidos, se despertará en él arrepentimiento y penitencia, y anhelará la gracia.

En momentos previos a la prédica, el oyente debe orar para que el Señor le brinde fortaleza y paz a través de la palabra. El Señor atiende la oración entrañable por la palabra de Dios que le eleva una comunidad anhelante.

Después de la prédica tiene lugar el festejo de la Santa Cena, el cual será preparado por la palabra de Dios.

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En los Servicios Divinos es anunciada la voluntad de Dios para el presente; a este anuncio de la palabra lo denominamosprédica". (12.1.6)

Jesús enseñaba en el templo de Jerusalén, en sinagogas y otros lugares. Un ejemplo del anuncio de la palabra por Jesús es el Sermón del Monte. (12.1.6.2)

La primera prédica cristiana fue la del Apóstol Pedro en Pentecostés. (12.1.6.2)

En el Servicio Divino nuevoapostólico, el anuncio de la palabra de Dios tiene amplia cabida. El fundamento para la prédica es un texto bíblico. Su explicación en una alocución libre constituye el núcleo de la prédica, la cual es despertada por el Espíritu Santo. (12.1.6.3)

El punto central del anuncio de la palabra es el Evangelio, que anuncia la vida y el sacrificio de Jesús, su resurrección y su retorno. Además, brinda orientación para llevar una vida conforme a la voluntad de Dios. (12.1.6.3.1)

El anuncio apostólico de la palabra siempre aspira a preparar a la comunidad para la venida de Jesús. (12.1.6.3.2)

La palabra anunciada fortalece la fe y la confianza en Dios, transmite consuelo y seguridad, fomenta el reconocimiento. (12.1.6.3.2)

La palabra de Dios es perfecta, pura y verdadera, y no obstante, puede ser anunciada y escuchada por seres humanos imperfectos. Eso no impide a Dios colocar su potencia en ellas. (12.1.6.3.3)

12.1.7 La oración del “Padre Nuestro" Volver arriba

La oración delPadre Nuestro" es un valioso legado de Jesús para quienes creen en Él. Con ella, el Hijo de Dios brindó un ejemplo de cómo debe orarse al Padre en el cielo.

Esta oración del Hijo de Dios ha sido transmitida en una versión de cinco peticiones (Lc. 11:2-4) y en una versión más detallada conteniendo siete peticiones (Mt. 6:9-13).

12.1.7.1 La oración del “Padre Nuestro" en el Servicio Divino Volver arriba

En la liturgia del Servicio Divino, es utilizado el texto de Mateo 6:9-13 de la versión bíblica de Reina-Valera, revisión de 1960:

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."

El Padrenuestro tiene un lugar fijo en la liturgia. Es la única oración que los creyentes pronuncian todos juntos con un texto establecido.

Es también una oración de arrepentimiento, pronunciada antes del perdón de los pecados, en la cual el creyente confiesa ante Dios que ha pecado.

12.1.7.2 Las siete peticiones Volver arriba

Después de la invocación de Dios siguen tres peticiones que se refieren a Él: tu nombre, tu reino, tu voluntad. Luego continúan cuatro peticiones que al mismo tiempo pueden ser intercesiones: el pan nuestro de cada día, nuestras deudas, nos metas, líbranos. El final lo constituye una alabanza a la majestuosidad divina.

12.1.7.2.1 “Padre nuestro que estás en los cielos." Volver arriba

El hecho de dirigirse alPadre Nuestro" identifica a esta oración como una oración que se pronuncia en conjunto, en la cual los que oran, profesan ser hijos de Dios. En esta comunión, Jesucristo es elprimogénito entre muchos hermanos" (Ro. 8:29 ss.); cuando Él oraba, se dirigía a Dios como Padre (entre otros, Lc. 22:42; 23:46; Jn. 11:41; 17: