Catecismo

12 Servicio Divino, actos de bendición y asistencia espiritual

12.1 El Servicio Divino Volver arriba

El Servicio Divino es el obrar de Dios en el hombre y la obra del hombre para Dios.

12.1.1 Generalidades sobre el Servicio Divino Volver arriba

La comunidad se reúne en el Servicio Divino para oír la palabra de Dios y ser bendecida por el Sacramento. El hombre venera a Dios con respeto y humildad.

Así, el Servicio Divino es el encuentro de Dios y el hombre. En el servir en el que los creyentes veneran a Dios y en la presencia perceptible del trino Dios, la comunidad experimenta que Dios los sirve con amor.

12.1.2 El Servicio Divino en el Antiguo Testamento Volver arriba

En el Antiguo Testamento, el Servicio Divino se basa en el encuentro del hombre con Dios. La forma de los Servicios Divinos se fue desarrollando a lo largo de mucho tiempo. Dios se manifestó al hombre una y otra vez, y le concedió su ayuda.

En el huerto de Edén, Dios dirige su palabra a los primeros seres humanos. Después de la caída en el pecado no los deja sin su protección; les promete confortación y les transmite esperanza en una salvación futura.

Al lugar donde Dios le ha hablado, Jacob lo consagra y lo llama “Bet-el", esto es, “casa de Dios" (Gn. 28:19).

En la ley, Dios dio a Moisés determinadas disposiciones para erigir un altar: “[...] En todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré" (Ex. 20:24 ss.). Además recordó que había santificado el séptimo día y exhortó: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo" (Ex. 20:8).

Durante la peregrinación por el desierto por parte de los israelitas, Dios eligió de entre sus hombres a aquellos que le debían servir como sacerdotes y realizar el servicio de los sacrificios. Recibieron el encargo de transmitir al pueblo la bendición de Dios con un texto determinado (Nm. 6:22-27). Esta bendición dice: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz" (bendición aaronita).

Se informa del tiempo del rey David, que en el Servicio Divino colaboraban cantores y músicos que alababan a Dios con salmos (1 Cr. 25:6).

El rey Salomón hizo construir el templo de Jerusalén. En él se realizaban Servicios Divinos, que consistían en su parte principal en el sacrificio diario de los animales destinados a las ofrendas, las cuales debían ser realizadas por los sacerdotes. El servicio de los sacrificios se realizó de allí en más exclusivamente en el templo de Jerusalén. El templo también era el lugar en el cual los israelitas celebraban las fiestas, como Pascua, la fiesta de los tabernáculos (Lv. 23).

Después de la destrucción del templo, los israelitas interpretaron que ya no se podía realizar el servicio de los sacrificios. En el tiempo del cautiverio babilónico, los creyentes se reunían en casas construidas por ellos mismos, las sinagogas, para orar, leer la Sagrada Escritura e interpretarla. Aquí está el origen de la forma cristiana en que posteriormente se realizarían los Servicios Divinos.

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El Servicio Divino es el obrar de Dios en el hombre y la obra del hombre para Dios. (12.1)

En el Antiguo Testamento, el Servicio Divino se basa en el encuentro del hombre con Dios. La forma de los Servicios Divinos se fue desarrollando a lo largo de mucho tiempo. (12.1.2)

Después de la destrucción del templo de Jerusalén, ya no se realizó el servicio de los sacrificios. En el tiempo del cautiverio babilónico, los creyentes se reunían en sinagogas, para orar, leer la Sagrada Escritura e interpretarla. Aquí está el origen de la forma cristiana en que posteriormente se realizarían los Servicios Divinos. (12.1.2)

12.1.3 El Servicio Divino en el Nuevo Testamento Volver arriba

Con la encarnación de Dios en Jesucristo, comenzó una nueva dimensión del servicio de Dios para el hombre. El Hijo de Dios viene a la tierra como verdadero hombre y verdadero Dios al mismo tiempo. Nació en el pueblo de los judíos; fue al templo, participó del Servicio Divino en las sinagogas y colaboró en su realización. Además está su actividad como Maestro que predicó con autoridad divina (Mt. 7:29). Más allá, hacía bautizar e instituyó la Santa Cena. De tal manera, en la palabra y la obra de Jesús ya se esboza lo que constituirá la impronta del Servicio Divino cristiano: la palabra y los Sacramentos.

El obrar de Jesús, el cual por ende es normativo para el Servicio Divino, encuentra su coronación en su muerte en la cruz: Él ofrece el sacrificio perfecto, que supera y sustituye el servicio de los sacrificios del antiguo pacto (ver 3.4). En cada festejo de la Santa Cena, se hace presente el sacrificio de Cristo.

Aun antes de su muerte en sacrificio, Jesucristo prometió a sus Apóstoles el envío del Espíritu Santo, que continuaría la actividad de enseñanza de Cristo y preservaría su Evangelio: “La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.Os he dicho estas cosas estando con vosotros.Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Jn. 14:24-26).

El Espíritu Santo inspiró la prédica de Pedro en Pentecostés. Al oír la palabra obrada por el Espíritu Santo, los tres mil oyentes “se compungieron de corazón", estuvieron dispuestos a arrepentirse y a dejarse bautizar en el nombre de Jesucristo, después de lo cual recibieron el don del Espíritu Santo. Pentecostés es, en cierto modo, el primer Servicio Divino de la Iglesia de Cristo. Sobre la primera comunidad cristiana en Jerusalén se testifican cuatro elementos fundamentales del Servicio Divino neotestamentario: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hch. 2:42).

12.1.4 Desarrollo del Servicio Divino cristiano Volver arriba

En el curso de los siglos, el Servicio Divino se celebró de diferentes formas. Si originalmente estaba en primer plano la liturgia, más adelante, por la Reforma, la prédica adquirió mayor desarrollo dentro del protestantismo. El Servicio Divino en la Iglesia Católica Apostólica también se caracterizó por una marcada liturgia. El desarrollo actual del Servicio Divino nuevoapostólico se encuentra bajo la tradición de los Servicios Divinos reformados.

12.1.5 El Servicio Divino como un encuentro con Dios Volver arriba

Los cuatro elementos del Servicio Divino, ya existentes en la Iglesia del principio, también hoy constituyen los rasgos característicos destacados, cuando la comunidad experimenta en el altar el misterio siempre renovado de un encuentro de Dios con el hombre.

La fórmula de la introducción trinitaria: “En el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo" es la invocación de Dios y el cerciorarse de su presencia. Así se introduce cada encuentro con el Trino en el Servicio Divino y se lo finaliza con la bendición trinitaria. Esto deja en claro a cada concurrente del Servicio Divino que Dios está presente.

Si en el cielo Dios es alabado por las huestes celestiales (Is. 6:3; Ap. 4:8-11), en la tierra la comunidad reunida en el Servicio Divino glorifica y alaba al trino Dios, su gracia y su misericordia.

El Servicio Divino tiene como objetivo fortalecer la esperanza en el pronto retorno de Cristo y preparar a los creyentes para la venida del Señor. Por eso, para ellos el Servicio Divino es santo. El perderse los Servicios Divinos imprudentemente pone en riesgo el perseverar en la doctrina de los Apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones, así como los practicaban los primeros cristianos.

En aquel que se ausente con frecuencia del Servicio Divino sin un motivo fundado, puede desaparecer el deseo de recibir el Sacramento y la palabra impulsada por el Espíritu. Tampoco recibirá las fuerzas provenientes de la Santa Cena, los pecados no le serán perdonados y se perderá la bendición vinculada con el Servicio Divino.

El que niega a Dios la reverencia que le corresponde, rechazando conscientemente el Servicio Divino y la gracia ofrecida en él o bien restándole valor, cargará sobre sí el pecado, y más aún, asistiendo o no al Servicio Divino.

12.1.5.1 Enseñanza de los Apóstoles Volver arriba

Jesús, quien en Hebreos 3:1 es calificado como “el Apóstol de nuestra profesión", dijo: “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió" (Jn. 7:16). Él, el Enviado de su Padre, envía por su parte a los Apóstoles y les da el siguiente encargo: “Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mt. 28:20).

Los Apóstoles son llamados y consagrados como siervos de Cristo para predicar el Evangelio y alentar la obediencia a la fe (Ro. 1,1.5); los portadores de ministerio que están activos en su encargo, también proclaman la doctrina de Jesucristo en las comunidades.

La palabra de la prédica impulsada por el Espíritu Santo sirve para fortalecer la fe, fomentar el reconocimiento, transmitir consolación, exhortar para obrar según la medida del Evangelio y mantener viva la espera del pronto retorno de Cristo. De esa manera, los creyentes experimentan el cumplimiento de la promesa de Jesús: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Jn. 16:13-14). La prédica impulsada por el Espíritu se destaca por glorificar a Cristo como Salvador y Redentor.

12.1.5.2 Partimiento del pan Volver arriba

Con el festejo de la Santa Cena (ver 8.2), la comunidad experimenta el hecho central del Servicio Divino. Después del perdón de los pecados, los creyentes se dirigen hacia el altar y reciben cuerpo y sangre de Jesús en una hostia consagrada de pan y vino, experimentando la Santa Cena como la celebración del agradecimiento y la conmemoración del sacrificio de Cristo (Lc. 22:19). Es una cena de confesión, una cena de comunión, en la cual también están incluidos los difuntos, tanto aquellos que murieron en Cristo como aquellos a los que la gracia de Dios les permite el acceso al altar. Fortalece la esperanza en el Hijo de Dios que vendrá nuevamente (1 Co. 11:26).

El gustar dignamente la Santa Cena preserva en el hombre la vida que le fue regalada por el renacimiento; además le brinda la seguridad de permanecer en Jesús y mantener la más estrecha comunión de vida con Él (Jn. 6:51-58). Las fuerzas recibidas a través de ello, ayudan a superar aquello que podría constituirse en un obstáculo para la salvación del alma, y permiten fusionarse con la naturaleza de Jesús. De esa manera, puede ser fortalecida en cada Servicio Divino la comunión de vida con Jesucristo.

12.1.5.3 Comunión Volver arriba

En el Servicio Divino, el creyente puede experimentar que constantemente se cumple lo prometido por Jesús: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt. 18:20). El Servicio Divino, por lo tanto, es la comunión con Jesucristo. En su palabra, Él está en medio de la comunidad y en su cuerpo y sangre está presente en forma real. Además, el Servicio Divino es la comunión de los creyentes que se unen en adoración y alabanza de Dios. Si en el Servicio Divino, adicionalmente a la Santa Cena, se dispensan los Sacramentos del Santo Bautismo con Agua o el Santo Sellamiento, quienes pertenecen a la comunidad rodean como testigos a aquellos que reciben el Sacramento. Asimismo, cada invidividuo puede llevarse para sí la bendición. Se convoca a aquel que ya ha sido bautizado y sellado, a que vuelva a tomar conciencia de la recepción de los Sacramentos. Esto deja en claro que todos los renacidos están juntos en la comunión plena de los Sacramentos.

12.1.5.4 Oración Volver arriba

El Servicio Divino está vinculado inseparablemente con la oración. Ya antes del Servicio Divino, el creyente busca la cercanía de Dios en la oración personal. Durante el Servicio Divino, la comunidad se une en las oraciones con las palabras de quien conduce el Oficio, en las que se manifiesta adoración, agradecimiento, intercesión y petición. Particular importancia tiene la oración del “Padre Nuestro" pronunciada en conjunto. Esta se basa en el texto de Mateo 6:9-13 y antecede al festejo de la Santa Cena. Cuando el creyente recibió cuerpo y sangre de Jesús, agradece a Cristo por su sacrificio y la gracia obtenida realizando una oración en silencio. Al final del Servicio Divino, el siervo a cargo del mismo pronuncia una oración.

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Con Jesucristo comienza una nueva dimensión del servicio de Dios para el hombre. En la palabra y la obra de Jesús se esboza lo que constituirá la impronta del Servicio Divino cristiano: la palabra y los Sacramentos. (12.1.3)

Se testifica sobre cuatro elementos fundamentales del Servicio Divino neotestamentario: doctrina de los apóstoles, comunión, partimiento del pan y oraciones. (12.1.3)

En el curso de los siglos, el Servicio Divino se celebró de diferentes formas. El desarrollo actual del Servicio Divino nuevoapostólico se encuentra bajo la tradición de los Servicios Divinos reformados. (12.1.4)

La fórmula de la introducción trinitaria es la invocación de Dios y el cerciorarse de su presencia. Con ella se introduce cada encuentro con el Trino en el Servicio Divino y se lo finaliza con la bendición trinitaria. (12.1.5)

El Servicio Divino tiene como objetivo fortalecer la esperanza en el pronto retorno de Cristo y preparar a los creyentes para la venida del Señor. (12.1.5)

Los Apóstoles son llamados para proclamar el Evangelio; los portadores de ministerio que están activos en su encargo, también lo hacen. (12.1.5.1)

Con el festejo de la Santa Cena, la comunidad experimenta el hecho central del Servicio Divino. (12.1.5.2)

El Servicio Divino es la comunión con Jesucristo en palabra y Sacramentos. El Servicio Divino también es la comunión de los creyentes que se unen en adoración y alabanza de Dios. (12.1.5.3)

El Servicio Divino está vinculado inseparablemente con la oración. En ella se manifiesta adoración, agradecimiento, intercesión y petición. (12.1.5.4)

12.1.6 Anuncio de la palabra Volver arriba

En los Servicios Divinos es anunciada la voluntad de Dios para el presente; a este anuncio de la palabra lo denominamos “prédica".

El Señor Jesús expresa la necesidad vital de la palabra de Dios para la nueva criatura, con las palabras: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt. 4:4). El Apóstol Pablo señala que sin la palabra predicada, no habrá fe en Jesucristo (Ro. 10:17). En 1 Pedro 1:24-25, se compara lo perecedero, que es el hombre, y lo imperecedero, que es la palabra de Dios: “La palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada".

12.1.6.1 El concepto “prédica" Volver arriba

El concepto “prédica" se remonta al término latino praedicare que significa “dar a conocer algo públicamente, anunciar algo". La prédica en el Servicio Divino es un discurso espiritual que un portador de ministerio dirige a la comunidad, inspirado y entrelazado por el poder del Espíritu Santo. La prédica está basada en un texto bíblico.

12.1.6.2 Anuncio de la palabra en el Nuevo Testamento Volver arriba

Si ya en la época del Antiguo Testamento había personas creyentes que anunciaban la voluntad de Dios por el poder del Espíritu Santo, con el nacimiento del Hijo de Dios se hizo realidad una dimensión nueva de la palabra de Dios. En Jesucristo, la palabra de Dios llegó perfecta al hombre.

Jesús enseñaba en el templo de Jerusalén, en sinagogas y otros lugares. Mucho de lo que predicaba nos es transmitido por los Evangelios, los cuales contienen los fundamentos de la doctrina cristiana. Para anunciar su palabra, Jesús utilizaba parábolas y explicaba el Antiguo Testamento. Además, dio muchas indicaciones para el futuro. Anticipó su padecimiento, su resurrección y su ascensión, y prometió su retorno. La manera excepcional de anunciar su palabra se evidencia en el Sermón del Monte con las bienaventuranzas y muchos enunciados que hasta ese momento jamás se habían oído. Cuáles fueron sus efectos, quedó demostrado en la reacción de los oyentes: “La gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas" (Mt. 7:28-29).

Si el Hijo de Dios ya durante el tiempo de su actividad en la tierra había encargado a los Apóstoles que predicasen (Mt. 10:7), después de la resurrección les dio el encargo de ir por todo el mundo a predicar el Evangelio a todos (Mr. 16:15).

La primera prédica cristiana fue la del Apóstol Pedro en Pentecostés (Hch. 2:14 ss.). Encontramos otras prédicas, por ejemplo, en Hechos 3:12-26; 17:22-31. También algunas epístolas de los Apóstoles leídas en las comunidades, se pueden comparar con prédicas. Sus contenidos eran adecuados a las respectivas comunidades y a la situación reinante. Invitan al arrepentimiento, a aceptar la gracia de Dios y a recibir los Sacramentos, también tienen un carácter de orientación y exhortación. Anuncian la voluntad redentora de Dios, que quiere regalar al hombre la vida eterna en su gloria.

12.1.6.3 El anuncio de la palabra hoy Volver arriba

En el Servicio Divino nuevoapostólico, el anuncio de la palabra de Dios tiene amplia cabida. Los Apóstoles y los portadores de ministerio que recibieron el respectivo envío, han sido llamados para anunciar la palabra de Dios en las comunidades. Han sido bendecidos y equipados a tal efecto en la ordenación.

La palabra de Dios es, en primer lugar, aquello que nos ha sido transmitido por la Sagrada Escritura. La prédica se debe orientar en ella. Por lo tanto, el fundamento para la prédica es un texto bíblico establecido de antemano, que el Apóstol Mayor pone a disposición de los portadores de ministerio con indicaciones para su interpretación en preparación para el Servicio Divino.

La explicación del texto bíblico en una alocución libre constituye el núcleo de la prédica, la cual es despertada por el Espíritu Santo. Esto lo vive la comunidad tanto por las palabras pronunciadas por quien conduce el Oficio, como asimismo por las de los portadores de ministerio que complementan la prédica mediante su aporte (“colaboradores"). El anuncio de la palabra de Dios por varios portadores de ministerio con diferente carácter y diferentes dones contribuye a que los distintos aspectos de la prédica sean iluminados desde diferentes puntos de vista, sirviendo para comprender más profundamente la voluntad de Dios.

12.1.6.3.1 Contenido principal del anuncio de la palabra Volver arriba

El punto central del anuncio de la palabra es el Evangelio de Jesucristo, el alegre mensaje. Anuncia la vida y el sacrificio de Jesús, su resurrección y su retorno, como asimismo la consumación del plan de salvación.

Pero también la glorificación de Dios y la alabanza de sus obras en todos los tiempos forman parte del contenido de la prédica. Además, esta brinda orientación para llevar una vida conforme a la voluntad de Dios, valiéndose también de vivencias y experiencias en la fe.

Otros elementos de la prédica son la alabanza de la gracia y la acción de reconciliación ofrecidas por Jesucristo. También se apela a la disposición de reconciliación de los creyentes. Todo esto se orienta a la recepción de los Sacramentos.

12.1.6.3.2 Objetivo del anuncio de la palabra Volver arriba

La prédica de Jesucristo invita a los oyentes a la obediencia en la fe (Ro. 16:25-26). El objetivo prioritario de la prédica es despertar y mantener la fe que Jesús espera en su retorno. El anuncio apostólico de la palabra siempre está dirigido a preparar a la comunidad para la venida de Jesús (2 Co. 11:2).

La fe en el pronto retorno del Señor repercute en la conducta cotidiana de los creyentes. Conforme a Gálatas 5:22-23, la actividad del Espíritu Santo tiene como “fruto": amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.

La palabra anunciada transmite consuelo, esperanza y seguridad, fomenta el reconocimiento y fortalece la confianza en Dios.

Por la palabra de Dios, en cierto modo se le presenta al oyente un espejo en el cual puede reconocerse a sí mismo y tomar conciencia de qué es necesario que haga para asemejarse cada vez más al sentir de Cristo (Stg. 1:22-24). También forma parte de ello aceptar con fe la reconciliación con Dios hecha posible por Cristo y, consecuentemente, estar dispuesto a ser reconciliable con todos.

12.1.6.3.3 Niveles del anuncio de la palabra Volver arriba

La palabra de Dios es perfecta, pura y verdadera, y no obstante, puede ser anunciada por seres humanos imperfectos. Por eso, la prédica puede contener alguna imperfección. Dios, que escucha los ruegos sinceros del que predica y de los que oyen, coloca su potencia en las deficientes palabras humanas de la prédica. Por lo tanto, existen dos niveles. Uno es el humano: una persona habla, otras oyen. En este nivel no se pueden excluir errores lingüísticos ni contextuales del que habla, como tampoco errores en la comprensión de los oyentes. El otro nivel es el divino: el Espíritu Santo habla, a través del siervo de Dios enviado, al corazón del oyente, fortaleciendo, o bien, despertando en él la fe. Por ende, la imperfección de las palabras y frases expresadas no impide a Dios colocar su potencia en ellas.

También el oyente de la prédica debe cumplir algunos requisitos a fin de no interpretarla como la mera expresión de un hombre. El requisito fundamental para ello es la fe. Esto quiere decir que el oyente se brinda con confianza a la palabra de la prédica, la acepta y está dispuesto a incluirla en su vida. Si es así, la palabra de la prédica despertará en el oyente el reconocimiento de examinarse interiormente. Admitirá pecados cometidos, se despertará en él arrepentimiento y penitencia, y anhelará la gracia.

En momentos previos a la prédica, el oyente debe orar para que el Señor le brinde fortaleza y paz a través de la palabra. El Señor atiende la oración entrañable por la palabra de Dios que le eleva una comunidad anhelante.

Después de la prédica tiene lugar el festejo de la Santa Cena, el cual será preparado por la palabra de Dios.

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En los Servicios Divinos es anunciada la voluntad de Dios para el presente; a este anuncio de la palabra lo denominamos “prédica". (12.1.6)

Jesús enseñaba en el templo de Jerusalén, en sinagogas y otros lugares. Un ejemplo del anuncio de la palabra por Jesús es el Sermón del Monte. (12.1.6.2)

La primera prédica cristiana fue la del Apóstol Pedro en Pentecostés. (12.1.6.2)

En el Servicio Divino nuevoapostólico, el anuncio de la palabra de Dios tiene amplia cabida. El fundamento para la prédica es un texto bíblico. Su explicación en una alocución libre constituye el núcleo de la prédica, la cual es despertada por el Espíritu Santo. (12.1.6.3)

El punto central del anuncio de la palabra es el Evangelio, que anuncia la vida y el sacrificio de Jesús, su resurrección y su retorno. Además, brinda orientación para llevar una vida conforme a la voluntad de Dios. (12.1.6.3.1)

El anuncio apostólico de la palabra siempre aspira a preparar a la comunidad para la venida de Jesús. (12.1.6.3.2)

La palabra anunciada fortalece la fe y la confianza en Dios, transmite consuelo y seguridad, fomenta el reconocimiento. (12.1.6.3.2)

La palabra de Dios es perfecta, pura y verdadera, y no obstante, puede ser anunciada y escuchada por seres humanos imperfectos. Eso no impide a Dios colocar su potencia en ellas. (12.1.6.3.3)

12.1.7 La oración del “Padre Nuestro" Volver arriba

La oración del “Padre Nuestro" es un valioso legado de Jesús para quienes creen en Él. Con ella, el Hijo de Dios brindó un ejemplo de cómo debe orarse al Padre en el cielo.

Esta oración del Hijo de Dios ha sido transmitida en una versión de cinco peticiones (Lc. 11:2-4) y en una versión más detallada conteniendo siete peticiones (Mt. 6:9-13).

12.1.7.1 La oración del “Padre Nuestro" en el Servicio Divino Volver arriba

En la liturgia del Servicio Divino, es utilizado el texto de Mateo 6:9-13 de la versión bíblica de Reina-Valera, revisión de 1960:

“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."

El Padrenuestro tiene un lugar fijo en la liturgia. Es la única oración que los creyentes pronuncian todos juntos con un texto establecido.

Es también una oración de arrepentimiento, pronunciada antes del perdón de los pecados, en la cual el creyente confiesa ante Dios que ha pecado.

12.1.7.2 Las siete peticiones Volver arriba

Después de la invocación de Dios siguen tres peticiones que se refieren a Él: tu nombre, tu reino, tu voluntad. Luego continúan cuatro peticiones que al mismo tiempo pueden ser intercesiones: el pan nuestro de cada día, nuestras deudas, nos metas, líbranos. El final lo constituye una alabanza a la majestuosidad divina.

12.1.7.2.1 “Padre nuestro que estás en los cielos." Volver arriba

El hecho de dirigirse al “Padre Nuestro" identifica a esta oración como una oración que se pronuncia en conjunto, en la cual los que oran, profesan ser hijos de Dios. En esta comunión, Jesucristo es el “primogénito entre muchos hermanos" (Ro. 8:29 ss.); cuando Él oraba, se dirigía a Dios como Padre (entre otros, Lc. 22:42; 23:46; Jn. 11:41; 17:1).

La relación de Jesús con su Padre celestial es única. El hecho de que Cristo enseñe a orarle a Dios como “Padre que estás en los cielos" incluye al hombre en su relación con el Padre.

Si el hombre se dirige a Dios como su “Padre", esto se relaciona con los aspectos de que Dios lo ha creado, es su Señor y se ocupa de él. Dios es la fuente y el que protege lo creado. El hombre puede dirigirse a Él sin temor, en amor y con confianza, y decirle “Padre".

Las palabras “en los cielos" enfatizan que Dios es exaltado por sobre la existencia terrena. Él, Dios, el Padre, es más grande y sublime que todo, y aún así, en su omnipresencia, está cerca del hombre (Sal. 139; Hch. 17:27).

12.1.7.2.2 “Santificado sea tu nombre." Volver arriba

Dios, el Trino, es santo. Los creyentes hablan de Él con profunda reverencia. Dando toda honra a Dios, alabándolo y glorificándolo, y esforzándose en vivir conforme a su voluntad, contribuyen para santificar su nombre. La oración del “Padre Nuestro" recuerda el segundo mandamiento (ver 5.3.3) y hace posible santificar conjuntamente el nombre de Dios a través de palabras e inclinarse con temor de Dios y humildad ante la grandeza del Eterno.

En el nuevo pacto, Dios reveló su nombre en su Hijo: Jesucristo. Este nombre debe mantenerse santo; es el nombre “en que podamos ser salvos" (Hch. 4:10 y 12; comparar con Fil. 2:9-11).

12.1.7.2.3 “Venga tu reino." Volver arriba

El reino de Dios ya ha comenzado en Cristo y está presente en su Iglesia. “Venga tu reino" se refiere a que el Señor debe ser percibido cada vez más en la comunidad.

Además, alude a la manifestación del futuro reino de Dios. Comenzará con las bodas del Cordero (Ap. 19:6-7). Por consiguiente, la petición de que venga el reino de Dios está dirigida en primer lugar al retorno de Cristo para buscar a su novia. Pero esta petición va aún más allá en el futuro: después de la boda en el cielo, el Hijo de Dios establecerá su reino de paz sobre la tierra, en el cual será predicado el Evangelio a todos los hombres. El reino de Dios se manifestará en perfecta gloria y durará eternamente, una vez que Dios haya creado un cielo nuevo y una tierra nueva.

12.1.7.2.4 “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra." Volver arriba

Dios es omnipotente; su voluntad está sobre todo. En el cielo, el dominio donde Dios reina, su voluntad rige ilimitadamente.

Dios quiere ayudar al hombre pecador a salir de las consecuencias del pecado y a que sea salvo (1 Ti. 2:4). Para hacerlo posible, envió a su Hijo. Jesucristo se ofreció en sacrificio para que se cumpliese la voluntad del Padre (He. 10:9-10).

En la petición “Hágase tu voluntad" se expresa el deseo de que Dios también sobre la tierra realice todo conforme a su voluntad. A causa de su pecaminosidad y del poder de Satanás, que aunque ha sido quebrantado aún sigue actuando, los hombres no pueden corresponder a ello. Sin embargo, la petición de los creyentes también implica que ya hoy en su vida sobre la tierra logren obrar conforme a la voluntad de Dios.

Con esta petición además se expresa la nostalgia de que Dios lleve pronto su Obra Redentora a la consumación.

12.1.7.2.5 “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy." Volver arriba

Esta petición tiene como objetivo, en sentido amplio, la conservación de la creación. Además, con estas palabras se le pide al Señor alimento, vestimenta, vivienda y todo lo que necesita el hombre en la vida sobre la tierra.

El significado figurado de esta petición es que la palabra de Dios sea dada como “alimento" para el alma inmortal (Jer. 15:16).

Otro significado de esta petición hace referencia al pan de vida – la Santa Cena – conforme a las palabras de Jesús: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo" (Jn. 6:48-51). Dios se ocupa de que este pan sea preparado cada vez de nuevo para nosotros.

12.1.7.2.6 “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores." Volver arriba

Por los pecados cometidos, todos los seres humanos cargan con culpa sobre sí. Con la petición “Perdónanos nuestras deudas", los creyentes se profesan ante Dios como pecadores y ruegan por su gracia. Aquí queda en claro que el “Padre Nuestro" también incorpora el aspecto del arrepentimiento. El creyente recibe la gracia para el perdón de los pecados y la cancelación de las deudas o culpas como resultado del sacrificio de Cristo, pues es “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia" (Ef. 1:7).

El Hijo de Dios unió el cumplimiento de esta petición con la condición previa de perdonar primeramente a aquellos que han sido injustos con uno mismo o que quedaron en deuda. Qué importante es esto para alcanzar el perdón, se hace evidente en que a continuación del Padrenuestro Jesús lo repitió y reafirmó (Mt. 6:14-15). En la parábola del siervo malvado también se observa claramente la obligación de perdonar a los propios deudores (Mt. 18:21-35).

12.1.7.2.7 “Y no nos metas en tentación..." Volver arriba

Con la petición “Y no nos metas en tentación", los creyentes imploran a Dios que les ayude a resistirse con todas sus fuerzas al pecado. Así también, ruegan que las pruebas de fe no sean demasiado severas o bien que puedan ser protegidos de muchos de los ofrecimientos de Satanás. No obstante, Dios permite tentaciones en forma de pruebas que le brindarán al creyente la oportunidad de acreditarse. Un ejemplo de acreditarse en la fe, es la dura prueba de Abraham, cuando le fue pedido que ofrendase a Isaac (Gn. 22:1-18).

Dios vela para que la fidelidad hacia Él no tenga que romperse: “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Co. 10:13).

El Apóstol Santiago escribió sobre la tentación al pecado: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte" (Stg. 1:13-15). Esto reafirma la certeza de que el Padre celestial – quien a través del Espíritu Santo impulsa a toda buena obra, y en cuerpo y sangre de Jesús dispensa las fuerzas para vencer las imperfecciones – nunca tienta a pecar, sino que Él prueba para que uno pueda acreditarse en la fe.

12.1.7.2.8 “...mas líbranos del mal." Volver arriba

La petición “Líbranos del mal" expresa el deseo de que Dios libere de las tribulaciones que llevan a pecar. Además, el mal, del cual pedimos que Dios libre, es todo lo que emana de Satanás. Finalmente, es la liberación definitiva del maligno mismo.

A través de su sacrificio, Jesucristo hizo posible la redención. En el Hijo de Dios tenemos “redención [...], el perdón de los pecados" (Col. 1:14). La redención es un proceso continuo, que al final conduce a la completa liberación de todo derecho de Satanás. Recién entonces la redención será completa.

12.1.7.2.9 “Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos." Volver arriba

Después de las peticiones sigue una alabanza a Dios (doxología) [21], en la cual es honrado el Altísimo. Él, el Señor de su reino, asiste al creyente con su poder para que pueda compartir su gloria por toda eternidad. Esto hallará cumplimiento para la comunidad en el retorno de Cristo: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria" (Col. 3:4).

[21] La doxología no figura en todas las traducciones de la Biblia.

12.1.7.2.10 “Amén." Volver arriba

La palabra “amén", cuyo origen es hebreo, significa traducida: “¡Así sea!". Concluye con ella el Padrenuestro, reafirmando una vez más cada petición y afirmación presentadas ante Dios en esta oración.

EXTRACTO Volver arriba

Con la oración del “Padre Nuestro" Jesús brindó un ejemplo de cómo debe orarse a Dios. (12.1.7)

Es la única oración que la comunidad pronuncia conjuntamente en el Servicio Divino con un texto establecido – según Mateo 6:9-13 –. Se la ora en vinculación con el perdón de los pecados y el festejo de la Santa Cena. (12.1.7.1)

Después de la invocación de Dios siguen las peticiones. El final lo constituye una alabanza a Dios. (12.1.7.2)

Los creyentes santifican el nombre de Dios, glorificándolo y esforzándose en vivir conforme a su voluntad. (12.1.7.2.2)

La petición “Venga tu reino" se refiere a que en el presente el Señor sea percibido cada vez más en la comunidad. Además, alude a la manifestación del futuro reino de Dios, el cual comenzará con las bodas en el cielo. (12.1.7.2.3)

“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" expresa que Dios también sobre la tierra realice todo conforme a su voluntad. Los creyentes piden que ya hoy logren obrar conforme a la voluntad de Dios. (12.1.7.2.4)

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy". Con ello se pide por todo lo que necesita el hombre. En sentido amplio, esta petición tiene por objetivo la preservación de la creación. (12.1.7.2.5)

“Perdónanos nuestras deudas": con ello los creyentes se profesan ante Dios como pecadores y ruegan por su gracia.“... como también nosotros perdonamos a nuestros deudores": para recibir el perdón, es importante perdonar a aquellos que han sido injustos con nosotros. (12.1.7.2.6)

La petición de no ser llevado a la tentación significa que Dios ayude a resistir al pecado y que Él evite que las pruebas de fe sean demasiado severas. (12.1.7.2.7)

“Líbranos del mal" expresa el deseo de que Dios libere de las tribulaciones que llevan a pecar y que finalmente conceda la liberación definitiva del maligno. (12.1.7.2.8)

Alabando a Dios se le brindan honras al Altísimo. (12.1.7.2.9)

Cada petición y afirmación es reafirmada con “amén", en el sentido de “¡así sea!", al final de la oración. (12.1.7.2.10)

12.1.8 El perdón de los pecados en el Servicio Divino Volver arriba

La posibilidad del perdón de los pecados, se debe únicamente a la gracia de Dios. Su amor al hombre pecador quedó demostrado en la encarnación de Dios en Jesucristo y su muerte en la cruz. Este sacrificio perfecto y eternamente valedero es el fundamento del perdón de los pecados.

El perdón de los pecados (Absolución) no es un Sacramento, pero sí una condición previa para recibir dignamente los Sacramentos. Se anuncia inmediatamente después de la oración del “Padre Nuestro" pronunciada por toda la comunidad, con las palabras:

“Por encargo de mi enviador, el Apóstol, os anuncio el alegre mensaje: En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, os son perdonados los pecados. ¡La paz del Resucitado sea con vosotros! Amén."

La comunidad confirma con “amén" que acepta con fe el perdón.

12.1.8.1 Dios, el que perdona Volver arriba

Es el trino Dios el que borra los pecados. El hombre, por sus propias fuerzas, no tiene la capacidad para ello (Mt. 16:26; Lc. 5:21-24; Ro. 4:8).

A pesar de que el eternamente valedero sacrificio de Jesucristo es el fundamento del perdón de los pecados, Dios en su omnipotencia siempre puede perdonar pecados. Por consiguiente, Jesucristo tuvo autoridad para perdonar pecados, aún antes de ofrecer su vida sin pecado en sacrificio (Mr. 2:5 y 10).

12.1.8.2 La paciencia de Dios: el servicio de las ofrendas en el Antiguo Testamento Volver arriba

En la época del Antiguo Testamento, Dios había establecido el servicio de la ofrenda (Lv. 19:22). Con la ofrenda traída por el sacerdote, los hombres buscaban la gracia de Dios. Pero esas ofrendas no podían borrar los pecados, sino que su función era únicamente postergar el perdón hasta la muerte de Jesús en sacrificio. Hasta ese momento, los hombres pecadores del antiguo pacto quedaron encomendados a la paciencia de Dios ( Ro. 3:25-26). Los profetas anunciaban que vendría un perdón de los pecados que sería mucho más que sólo cubrirlos, sería un borrarlos totalmente (Is. 1:18).

12.1.8.3 El sacrificio de Cristo: fundamento del perdón de los pecados Volver arriba

El sacrificio perfecto de Cristo sustituyó al servicio de la ofrenda del Antiguo Testamento. Jesucristo llevó una vida sin pecado. Por su sacrificio, la entrega voluntaria de su vida (Jn. 10:17-18), quebró el poder de Satanás y venció al diablo y sus obras, es decir, al pecado y la muerte (2 Co. 5:21). Desde ese entonces es posible el perdón de los pecados, en el sentido de que estos son borrados (He. 10:18), así como la redención de pecado y muerte (Ro. 3:24).

12.1.8.4 Condiciones previas para alcanzar el perdón de los pecados Volver arriba

Para lograr el perdón de los pecados y ser librado de la muerte espiritual, la primera condición previa es que el pecador crea en Jesucristo como el Redentor (Jn. 8:24). Además de creer que el hombre tiene la posibilidad de que sus pecados le sean perdonados a través de los Apóstoles de Jesucristo (Jn. 20:23), es necesario:

  • examinarse intensivamente a uno mismo para ver sus propias faltas,

  • reconocer que se ha pecado y ser necesitado de la gracia,

  • anhelar entrañablemente ser reconciliado con Dios,

  • confesar los pecados ante Dios en el Padrenuestro con la petición “perdónanos nuestras deudas",

  • hacer penitencia y arrepentirse con el serio propósito de vencer las faltas y debilidades,

  • tener la voluntad de reconciliarse con su deudor,

  • tomar con fe la Absolución.

12.1.8.5 Penitencia y arrepentimiento Volver arriba

La penitencia tiene lugar al reconocer las propias deficiencias, o bien, la propia conducta equivocada. Abarca el arrepentimiento – el sentimiento de pena por injusticias cometidas a partir de hechos u omisiones – y el serio esfuerzo por cambiar y mejorar. Cuán concreta debe ser la penitencia como condición previa para el perdón, puede depender de la convicción de que uno es pecador y de reconocer los pecados cometidos. Existe una gran diferencia entre pecar consciente e inconscientemente.

No es el hombre el que decide sobre la medida del arrepentimiento en su relación con la penitencia, sino que solamente lo hace Dios. Si el arrepentimiento es sincero y profundo, y la disposición a la penitencia se manifiesta estando dispuesto a cambiar de actitud y de conducta, se podrá esperar la gracia de Dios.

En caso de hechos particularmente preocupantes, en los cuales no obstante haber aceptado con fe la Absolución, alguien no encuentra paz interior, existe la posibilidad de confesarse (ver 12.4.4).

El arrepentimiento sincero y la voluntad de reconciliarse con el prójimo van juntos. Hasta donde sea posible, también se debe reparar el daño causado (Nm. 5:6-7; Lc. 19:8).

12.1.8.6 El pecado que no es perdonado Volver arriba

Existe un pecado que no es perdonado: la blasfemia contra el Espíritu Santo. Al respecto dijo el Hijo de Dios: “Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno" (Mr. 3:29). Comete blasfemia contra el Espíritu Santo quien por hostilidad o un móvil despreciable presenta consciente e intencionadamente al Espíritu Santo como demoníaco e inductor a la tentación.

12.1.8.7 Anuncio y autoridad Volver arriba

El perdón de los pecados debe ser anunciado. Jesús perdonó los pecados a algunas personas (entre otros, Lc. 7:48).

El perdón de los pecados tiene lugar a través de la Absolución, llevada a cabo en el nombre de Cristo por quienes fueron autorizados para ello. Por lo general, se anuncia a toda la comunidad en el Servicio Divino, pero solamente surte efecto en quien lo acepta con fe y cumple las condiciones previas correspondientes.

La autoridad para anunciar el perdón de los pecados en el nombre de Jesús, reside en el ministerio de reconciliación, el ministerio de Apóstol (Jn. 20:23). Los portadores de ministerios sacerdotales anuncian, por encargo del Apóstol, la Absolución en el nombre de Jesús. Esto surte el mismo efecto que cuando lo hace el Apóstol.

12.1.8.8 Efectos del perdón de los pecados Volver arriba

La Absolución anunciada con autoridad en el nombre de Jesús, y aceptada con fe, borra el pecado (1 Jn. 2:12) y anula la culpa existente ante Dios (Mt. 6:12). Sin embargo, el perdón de los pecados excluye las consecuencias y responsabilidades materiales, morales y legales surgidas de la conducta pecaminosa.

Los creyentes a quienes les han sido perdonados los pecados, reciben la paz de Jesucristo con las palabras: “¡La paz del Resucitado sea con vosotros!". Esto hace desaparecer el temor por las consecuencias del pecado.

EXTRACTO Volver arriba

El fundamento del perdón de los pecados es el sacrificio perfecto y eternamente valedero de Jesucristo. (12.1.8)

El perdón de los pecados no es un Sacramento, pero sí una condición previa para recibir dignamente los Sacramentos. (12.1.8)

Es el trino Dios el que borra los pecados. El hombre no tiene la capacidad para ello. (12.1.8.1)

El servicio de la ofrenda existente en el Antiguo Testamento no podía borrar los pecados, sino que su función era postergar el perdón hasta la muerte de Jesús en sacrificio. A partir del sacrificio de Cristo es posible el perdón de los pecados en el sentido de que estos son borrados, así como la redención de pecado y muerte. (12.1.8.2; 12.1.8.3)

Para lograr el perdón de los pecados, la condición previa es la fe en Jesucristo como el Redentor. También son necesarios: reconocer y confesar los pecados, arrepentimiento, penitencia y voluntad de reconciliación. (12.1.8.4)

Reconocer la propia pecaminosidad es condición previa para la penitencia. Esta abarca el arrepentimiento y el serio esfuerzo por cambiar y mejorar. Si el arrepentimiento y la disposición a la penitencia son sinceros, se podrá esperar la gracia de Dios. (12.1.8.5)

La blasfemia contra el Espíritu Santo es un pecado que no es perdonado. (12.1.8.6)

El perdón de los pecados debe ser anunciado. Tiene lugar a través de la Absolución en el nombre de Jesucristo y surte efecto en quien lo acepta con fe. La autoridad para anunciarlo reside en el ministerio de reconciliación, el ministerio de Apóstol. (12.1.8.7)

En aquellos que aceptan con fe la Absolución, son borrados los pecados y es anulada la culpa existente ante Dios. Reciben la paz de Jesucristo. (12.1.8.8)

12.1.9 Dispensación de los Sacramentos en el Servicio Divino Volver arriba

La dispensación de los Sacramentos es un hecho central en el Servicio Divino. Recibir los Sacramentos permite participar de la salvación y redención que hizo posible la encarnación de Dios en Jesucristo, su muerte en sacrificio y su resurrección (ver 8). Son actos santos que se realizan en el poder del Espíritu Santo.

Los actos sacramentales del Santo Bautismo con Agua y la Santa Cena son efectuados por Apóstoles o por portadores de ministerios sacerdotales por encargo de los Apóstoles. El Santo Sellamiento es dispensado exclusivamente por Apóstoles.

La Santa Cena se celebra básicamente en cada Servicio Divino conducido por un Apóstol o un portador de ministerio sacerdotal. En determinadas ocasiones (por ejemplo, casamientos, Servicios Divinos de duelo) se realizan Servicios Divinos de palabras sin el festejo de la Santa Cena.

La recepción de la hostia consagrada es precedida por el perdón de los pecados. Esto sucede para que el hombre pueda participar en un estado digno del acto salvífico de Dios acontecido en Jesucristo, que se hace accesible a través del Sacramento.

En el Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento, los participantes del Servicio Divino son testigos de los actos sacramentales de salvación y del voto de fidelidad que pronuncian, ante Dios y la comunidad, aquellos que reciben el Sacramento.

Los tres Sacramentos también son accesibles para los niños. Los mismos, en lo posible, participan del festejo de la Santa Cena junto con la comunidad en el Servicio Divino.

Los domingos y los días festivos de la Iglesia, el Apóstol Mayor y los Apóstoles de Distrito o Apóstoles autorizados por ellos, también dispensan este Sacramento para los difuntos luego del festejo de la Santa Cena con la comunidad. Dos portadores de ministerio reciben cuerpo y sangre de Cristo en representación de los difuntos. Tres veces por año, se ofician Servicios Divinos especiales en los cuales el Apóstol Mayor, los Apóstoles de Distrito o Apóstoles autorizados por ellos, dispensan los tres Sacramentos para los difuntos. Estos actos también se realizan en dos portadores de ministerio en representación de los difuntos.

12.1.10 La bendición final Volver arriba

Al final del Servicio Divino es dispensada la bendición del trino Dios a todos los presentes. Junto con la fórmula de la introducción trinitaria, la “bendición final" conforma el marco del desarrollo del Servicio Divino, denotando que todo se origina en el trino Dios y todo depende de Él. Esta bendición es expresada a la comunidad con las palabras de 2 Corintios 13:14:

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros".

12.1.11 Los actos de bendición en el desarrollo del Servicio Divino Volver arriba

Los actos de bendición, con excepción de la bendición prenatal, generalmente tienen lugar en el Servicio Divino. La Confirmación está relacionada en forma directa con los Sacramentos del Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento; se realiza antes del festejo de la Santa Cena. Todos los demás actos de bendición tienen lugar después del festejo de la Santa Cena.

Se debe entender como un acto de bendición, el acto de adopción en la comunidad de invitados que han recibido el Santo Bautismo con Agua en la debida forma en otra Iglesia. En el mismo, quienes son adoptados se confiesan a la fe nuevoapostólica y se les abre el acceso para participar en forma permanente de la Santa Cena. La adopción se realiza en el Servicio Divino antes del festejo de la Santa Cena en el nombre del trino Dios.

En un sentido más amplio, la inauguración de un edificio de una iglesia o de un lugar de reuniones para la comunidad forma parte de los actos de bendición. Esta se realiza en el primer Servicio Divino, previamente a la parte de la prédica.

12.1.12 Ordenación, encargo, confirmación en el ministerio, pase a descanso Volver arriba

La ordenación es la institución en un ministerio espiritual. La realiza sin excepciones un Apóstol.

Litúrgicamente, la institución ministerial va unida con la dispensación de los Sacramentos y tiene lugar después del festejo de la Santa Cena. Luego de una alocución se les pregunta a quienes son ordenados, si aceptan el ministerio, si están dispuestos a desempeñarlo en fidelidad a Dios y conforme a la doctrina de Jesús y la Confesión de fe nuevoapostólica, en amor a los creyentes y en obediencia a los Apóstoles de Jesús. Ellos lo prometen con su “sí" ante Dios, quien los llama para servir, y frente a la comunidad. Reciben arrodillados el ministerio por imposición de manos y oración del Apóstol.

El encargo como dirigente de una comunidad o de un distrito lo dispensa básicamente el Apóstol haciendo mención de la bendición divina. No se puede equiparar con una ordenación.

Cuando un portador de ministerio se muda fuera del área en la que es válido su encargo ministerial, se requiere de una confirmación para poder desempeñar el ministerio en la nueva área. La confirmación en el ministerio es llevada a cabo por el Apóstol o por un portador de ministerio autorizado por él.

Por lo general, el ejercicio activo de un ministerio finaliza con el pase a descanso. Básicamente es el Apóstol el que lo realiza en un Servicio Divino. El Apóstol agradece al portador de ministerio por todo lo que fue obrado en el Espíritu del amor de Cristo y lo desliga del desempeño activo de su ministerio.

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Los Sacramentos del Santo Bautismo con Agua y la Santa Cena son dispensados por Apóstoles o por portadores de ministerios sacerdotales; el Santo Sellamiento, exclusivamente por Apóstoles. Los tres Sacramentos también son accesibles para los niños. (12.1.9)

La Santa Cena se celebra básicamente en cada Servicio Divino. En determinadas ocasiones (por ejemplo, Servicios Divinos de duelo) se realizan Servicios Divinos de palabras sin el festejo de la Santa Cena. (12.1.9)

Al final del Servicio Divino es dispensada a todos los presentes la bendición del trino Dios con las palabras de 2 Corintios 13:14. (12.1.10)

Las ordenaciones, los encargos y los pases a descanso se realizan en el Servicio Divino luego de la dispensación de los Sacramentos. (12.1.12)

12.1.13 El Servicio Divino para los difuntos Volver arriba

Tres veces por año, el primer domingo de marzo, julio y noviembre respectivamente, se realizan Servicios Divinos en ayuda para los difuntos. En los mismos, los cristianos nuevoapostólicos oran para que los difuntos no redimidos hallen salvación en Cristo.

La voluntad redentora de Dios comprende a todos los hombres. Jesucristo es Señor de los que viven y de los muertos (Ro. 14:9).

Ya en la comunidad de Corinto, para bautizar a los muertos fue efectuado el acto en personas vivas (1 Co. 15:29).

Esta práctica se continúa realizando en los Servicios Divinos para los difuntos oficiados por el Apóstol Mayor y los Apóstoles de Distrito: en los mismos dos portadores de ministerio que representan a los difuntos, reciben el Santo Bautismo con Agua, el Santo Sellamiento y la Santa Cena. Los Sacramentos se donan de la misma forma que se hace habitualmente. En las demás comunidades, después del festejo de la Santa Cena se recuerda a los difuntos en una oración especial.

Los Servicios Divinos para los difuntos ocupan una posición destacada en el año eclesiástico nuevoapostólico. El domingo previo tiene lugar un Servicio Divino de preparación a tal efecto. La misericordia y la compasión deben animar para interceder por los difuntos no redimidos.

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Tres veces por año se realizan Servicios Divinos para los difuntos. (12.1.13)

Los cristianos nuevoapostólicos oran para que los difuntos no redimidos hallen salvación en Cristo. (12.1.13)

12.1.14 Música en el Servicio Divino Volver arriba

El propósito de la música en el Servicio Divino es alabar y honrar a Dios (Sal. 150). La música siempre tiene una finalidad de servicio y puede cumplir múltiples funciones: puede conmover en lo más hondo, prepara a la comunidad para el anuncio de la palabra y subraya la palabra de Dios. Por el canto de la comunidad o el coro, o bien por música instrumental, se expresa y transmite ánimo, fuerzas y confianza. Cuando hay tristeza y aflicción, a través de la música puede experimentarse consuelo. Y no por último, la música estimula en los oyentes, como también en los músicos, el sentido de comunión.

Para poder llegar a todos los concurrentes del Servicio Divino, la literatura musical de la Iglesia abarca una multiplicidad de géneros, estilos y niveles de dificultad. La Iglesia, en su actividad mundial, se esfuerza en preservar y cultivar las tradiciones musicales de las diferentes culturas, tanto en el Servicio Divino como en otros eventos religiosos.

La música y el recogimiento antes del Servicio Divino promueven la concentración de los presentes y preparan para el anuncio de la palabra. Al comienzo del Servicio Divino, canta la comunidad; de esa manera, todos los presentes están incluidos activamente en el desarrollo del Servicio Divino. Antes del festejo de la Santa Cena, la comunidad puede manifestar sus sentimientos de arrepentimiento en un canto acorde. El canto que se entona durante la Santa Cena brinda la oportunidad de dar expresión a los sentimientos de amor y gratitud a Jesucristo al recibir el Sacramento.

Después de la bendición final, el Servicio Divino culmina con el “triple amén" entonado por la comunidad. A continuación, la comunidad o el coro por lo general entonan un canto o bien se ejecuta una pieza musical.

De esta manera, puede ahondarse a través de la música lo que se ha experimentado en el Servicio Divino: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales" (Col. 3:16).

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El propósito de la música en el Servicio Divino es alabar y honrar a Dios. Tiene una finalidad de servicio. (12.1.14)

12.2 Actos de bendición Volver arriba

En la Iglesia Nueva Apóstolica se imparte una bendición especial para los siguientes acontecimientos en la vida de los creyentes: Confirmación, compromiso, casamiento y aniversarios de bodas. Por regla general, estos actos de bendición se realizan en el Servicio Divino. La bendición prenatal es dispensada fuera del Servicio Divino.

Al ser dispensada la bendición, Dios se vuelve a la persona que ruega con sinceridad expresándole por medio de ella su agrado. A través de Apóstoles y portadores de ministerios sacerdotales, Dios asegura al creyente ayuda, gracia y misericordia. Un ejemplo del Antiguo Testamento sobre esta bendición, es la bendición aaronita que Dios había encomendado a los sacerdotes (Nm. 6:24-26).

12.2.1 Bendición prenatal Volver arriba

El embarazo y el nacimiento de un hijo son vividos por los padres como una fase muy especial de la vida. A través de la asistencia espiritual experimentan en ese tiempo el acompañamiento apropiado.

Desde el comienzo, ambos padres son responsables de la nueva vida.

Como el primer acto visible de Dios en el alma del niño, se dispensa una bendición prenatal. Este acto de bendición se realiza en la madre, previa expresión de su deseo. Por este acto, Dios fortalece a la madre para fomentar y cuidar a su hijo debidamente en la fe durante su desarrollo prenatal. La bendición también redunda en favor del alma del niño que aún no ha nacido, transmitiendo a la madre la seguridad de que tanto ella como su hijo se encuentran seguros en las manos del Señor.

Mientras el niño va creciendo en el vientre de la madre, está unido a ella en todo. No sólo absorbe lo que la madre ingiere, sino que su alma es influenciada por lo que ella siente y vive. Por eso, a través de la oración y cuando incluye conscientemente al niño en formación en su vida de fe, la madre contribuye en gran medida para que la asistencia espiritual prenatal sea agradable a Dios.

La bendición prenatal no incluye la promesa de un embarzo sin problemas o del nacimiento de un niño sano.

12.2.2 Confirmación Volver arriba

La Confirmación (del lat. “confirmatio" = “afirmación, ratificación") es el acto de bendición por el cual los jóvenes cristianos nuevoapostólicos se hacen cargo de las obligaciones que sus padres contrajeron por ellos en el Bautismo y el Sellamiento. A partir de ese momento el cristiano mayor de edad tiene ante Dios la responsabilidad ilimitada por sus acciones y omisiones. Se compromete a permanecer fiel a Dios y se profesa públicamente a la fe nuevoapostólica.

12.2.2.1 Edad y condiciones previas para la Confirmación Volver arriba

La edad para la Confirmación no es uniforme; se orienta por la mayoría de edad para la religión o bien por la fase de la vida en la cual los adolescentes en general pueden evaluar debidamente por sí mismos las consecuencias de sus actos, pudiendo hacerse responsables de su vida de fe.

Los adolescentes son educados para permanecer fieles en la fe, tanto en su casa paterna como en los Servicios Divinos y en clases que se dictan en la Iglesia. Las clases para los confirmandos, como último paso en la enseñanza religiosa, sirven, además de preparar para la Confirmación, principalmente para que los confirmandos:

  • conozcan los rasgos esenciales de la doctrina de fe, en especial los diez artículos de la fe,

  • aprecien cada vez más el valor de la fe,

  • busquen seriamente conducir su vida conforme al Evangelio y

  • se orienten en la meta de la fe, el retorno de Cristo.

La concurrencia a los Servicios Divinos y a las clases para los confirmandos constituye una condición previa para ser confirmado.

12.2.2.2 El voto y la bendición de la Confirmación Volver arriba

La Confirmación se celebra en el marco de un Servicio Divino. En primer lugar, los confirmantes responden la pregunta de si quieren permanecer fieles a Dios, con un “sí". Luego dicen juntos el voto de la Confirmación, que se remonta al texto de una antigua liturgia bautismal del siglo III. Se pronuncia ante Dios y la comunidad y dice así:

“Yo renuncio al diablo y a todo su obrar y ser, y me entrego a ti, oh Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la fe, obediencia y con el serio propósito de serte fiel hasta mi fin. Amén".

En él se menciona el principio fundamental de que los confirmantes procuran evitar el mal y todo lo que se opone a Dios, y recorrer en forma coherente el camino del Evangelio. Se profesan a la fe en el trino Dios y manifiestan su voluntad de querer conducirse toda la vida en la fe y obediencia a Dios.

Los jóvenes cristianos reciben la bendición para la Confirmación después de una oración del siervo que conduce el Servicio Divino, por imposición de manos. Esta bendición los fortalece en su aspiración por guardar su voto y profesarse a Jesucristo en palabras y hechos.

12.2.3 Casamiento, aniversarios de bodas y compromiso Volver arriba

El matrimonio es la unión de vida de dos personas de distinto sexo, querida por Dios y establecida en forma durable. Está basado en un acto de libre voluntad, en el cual el hombre y la mujer se aceptan mutuamente en su personalidad física y psíquica. La bendición de la Iglesia tiene mucha importancia para la vida en común de los cónyuges. Antes de recibir la bendición nupcial en la Iglesia, se debe haber celebrado el casamiento civil o tradicional.

En la promesa pública de fidelidad se expresa que ambos cónyuges a partir de ese momento quieren andar y conformar juntos el camino de la vida. Con la boda en la Iglesia, el matrimonio ya contraído es colocado bajo la bendición de Dios.

12.2.3.1 Bendición de boda Volver arriba

El casamiento en la Iglesia tiene lugar básicamente durante un Servicio Divino. En la alocución previa a la bendición de boda, se brindan indicaciones a los contrayentes para que su matrimonio sea bendecido. El siervo a cargo del Oficio les pregunta si bajo la bendición de Dios quieren apoyarse fielmente uno al otro en todas las situaciones y recorrer juntos con amor el camino de la vida. Ambos lo prometen ante Dios y la comunidad con un “sí". Reciben la bendición del trino Dios, también para poder mantener este voto.

El amor a Dios y al cónyuge son condiciones previas importantes para que la bendición permanezca intacta en el matrimonio, para que los cónyuges encuentren las fuerzas para llevar con armonía la vida en común y con la ayuda de Dios puedan dominar situaciones difíciles. Otra tarea importante para los matrimonios nuevoapostólicos es que se apoyen mutuamente para alcanzar la meta de la fe.

12.2.3.2 Bendición para aniversarios de bodas Volver arriba

Si lo desean, se les dispensa a los matrimonios la bendición para los siguientes aniversarios de bodas:

  • bodas de plata (25 años)

  • bodas de rubí (40 años)

  • bodas de oro (50 años)

  • bodas de diamante (60 años)

  • bodas de hierro (65 años)

  • bodas de gracia (70 años)

  • bodas de brillante (75 años)

En los mismos se hace posar nuevamente la bendición de Dios sobre el pacto matrimonial y se encomiendan los cónyuges al amparo y al acompañamiento de Dios.

12.2.3.3 Bendición para el compromiso Volver arriba

El compromiso representa una promesa seria de matrimonio. Por deseo de la pareja, la bendición para el compromiso puede dispensarse durante el Servicio Divino. En este acto, la pareja anuncia públicamente ante la comunidad que quiere prepararse para el matrimonio en forma agradable a Dios. Recibe para ello la bendición de Dios.

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En la Iglesia se imparte una bendición especial para acontecimientos destacados en la vida de los creyentes: Confirmación, compromiso, casamiento y aniversarios de bodas. (12.2)

Como el primer acto visible de Dios en el hombre, se dispensa una bendición prenatal. Esta bendición redunda en favor de la madre y el hijo. (12.2.1)

En la Confirmación, los jóvenes cristianos se comprometen a permanecer fieles a Dios y se profesan públicamente a la fe nuevoapostólica. El voto de la Confirmación se pronuncia ante Dios y la comunidad. La bendición de la Confirmación acompaña a los jóvenes y los fortalece para guardar su voto. (12.2.2; 12.2.2.2)

En el casamiento, los cónyuges prometen ante Dios y la comunidad apoyarse fielmente uno al otro en todas las situaciones y recorrer juntos con amor el camino de la vida. Reciben para ello la bendición matrimonial. Si lo desean, para determinados aniversarios de bodas se les dispensa una nueva bendición. (12.2.3.; 12.2.3.1; 12.2.3.2)

12.2.4 Consagración de edificios de iglesias Volver arriba

La consagración del edificio de una iglesia se realiza en el primer Servicio Divino. Hasta el momento del acto de consagración, realizado generalmente por el Apóstol de Distrito o por un Apóstol, el desarrollo del Servicio Divino de consagración responde al de los demás Servicios Divinos.

El Servicio Divino de consagración se basa en un texto bíblico que hace alusión a este acontecimiento. El siervo que tiene a su cargo el Oficio expresa gratitud a Dios. También menciona el agradecimiento por la disposición para ofrendar de los hermanos y hermanas que hicieron posible la construcción; además menciona el esfuerzo realizado por los que participaron activamente en la misma. Asimismo hace referencia al desarrollo histórico de la comunidad.

En la oración de consagración, la casa de Dios es entregada en el nombre del trino Dios a su destino sagrado. De esta manera, el edificio es consagrado como lugar de revelación del Espíritu Santo. Allí, de ahora en más será anunciada la palabra de Dios y serán dispensados los Sacramentos. Todo lo que se realizará en esa casa debe servir para la terminación de aquellos deseosos de salvación para el día del retorno de Jesucristo. El edificio de la iglesia y todos los que se reúnen en él, son encomendados a la protección de Dios y al servicio de sus ángeles.

De esta manera, la iglesia consagrada se constituye en un lugar de adoración a Dios y un lugar de refugio para todos los hombres que buscan salvación, y sirve para ofrecer consuelo divino, fortalecimiento en la fe y paz espiritual en los Servicios Divinos.

Cuando un edificio de una iglesia ya no se utilice para realizar Servicios Divinos, tendrá lugar un Servicio Divino de desconsagración (profanación) del edificio. En este último Servicio Divino, se rescinde el destino del edificio de la iglesia como lugar santo del obrar divino, al que se lo entregó en su inauguración. Después de la desconsagración pasa a ser un edificio normal que puede utilizarse para otra finalidad.

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En la consagración, el edificio es entregado en el nombre del trino Dios a su destino sagrado y es consagrado como lugar de revelación del Espíritu Santo. (12.2.4)

Cuando un edificio de una iglesia ya no se utilice para realizar Servicios Divinos, tendrá lugar una desconsagración. (12.2.4)

12.3 Honras fúnebres en la Iglesia Volver arriba

La muerte de una persona allegada produce dolor y tristeza en los deudos. En esa situación, hace bien a los deudos la atención que los demás les puedan dispensar. En las honras fúnebres que tienen lugar en la Iglesia, esto es, un Servicio Divino con una impronta especial, se les transmite consuelo y fortaleza; mas la palabra proclamada también está dirigida al alma inmortal del fallecido, que es encomendada a la gracia de Dios.

La comunidad reunida para las honras fúnebres rodea a los deudos para expresarles el pésame y transmitirles el sentir de que no están solos. Además, se acompaña al fallecido hasta su última morada.

Al igual que cada Servicio Divino, las honras fúnebres se caracterizan por el obrar del Espíritu Santo. La palabra impulsada por el Espíritu brinda consuelo divino a los deudos y la comunidad. Este consuelo reside, ante todo, en la esperanza en el retorno de Cristo, en la resurrección de los muertos en Cristo vinculada con él y en la unificación con ellos (1 Ts. 4:13-18). Los deudos también hallarán consolación en la certeza del reencuentro con sus amados en el mundo del más allá.

Durante las honras fúnebres, normalmente es distinguida la vida del fallecido de manera adecuada.

Con palabras solemnes es entregado a su destino el cuerpo ya sin alma (Gn. 3:19). El alma y el espíritu son encomendados a la gracia y misericordia del Redentor Jesucristo con la confortación y bendición de que la quiera proteger para la resurrección para vida eterna.

Los cultos funerarios y el significado que se les asigna a las honras fúnebres, varían de país en país. Si se realiza o no inhumación y de qué manera es inhumado un cuerpo, carece de importancia para la resurrección del fallecido.

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Las honras fúnebres en la Iglesia sirven para consuelo y fortaleza de los deudos. Este consuelo reside, ante todo, en la esperanza en el retorno de Cristo y en la resurrección de los muertos en Cristo. (12.3)

El cuerpo ya sin alma es entregado a su destino, el alma y el espíritu son encomendados a la gracia de Dios. (12.3)

Si se realiza o no inhumación y de qué manera es inhumado un cuerpo, carece de importancia para la resurrección del fallecido. (12.3)

12.4 Asistencia espiritual Volver arriba

En los informes sobre la conducta de Jesús se puede reconocer qué significa la asistencia espiritual. Él se dirigía a los pecadores sin acepción de personas y les hacía sentir su amor. Él oía a los demás, ayudaba, consolaba, aconsejaba, exhortaba, fortalecía, oraba y enseñaba.

Jesús ha venido para todos los hombres, pero no todos lo aceptan. El Padre le ha confiado los suyos. Él los quiere guardar y no perder a ninguno de ellos (Jn. 17:12).

Las palabras y obras de Jesucristo son el ejemplo perfecto de asistencia espiritual; cada asistente espiritual se debe orientar en el Hijo de Dios.

A tal efecto, Jesús brinda la imagen del buen pastor que conoce a los suyos, habla con ellos y les antecede: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas [...] Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Jn. 10:11 y 27-28). De esto se deduce que los asistentes espirituales tienen el deber de “apacentar" el rebaño de Cristo y prepararlo para el retorno del Príncipe de los pastores, Jesucristo. Esto lo hacen “voluntariamente" y “con ánimo pronto" (1 P. 5:2-4).

Además, la asistencia espiritual es una tarea de toda la comunidad, también relacionada con la ayuda práctica en la vida; son válidas las siguientes palabras: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí" (Mt. 25:35-36).

En la Iglesia Nueva Apostólica, la asistencia espiritual tiene como objetivo ayudar al prójimo en el camino que conduce a la redención del pecado y la muerte, y a llegar a ser la imagen de Cristo. El fundamento y la capacidad para ello, se encuentran solamente en el sacrificio de Jesucristo. El serio propósito del creyente de fusionarse con la naturaleza de Cristo, es respaldado por una asistencia espiritual realizada con delicadeza.

A sus Apóstoles encomendó Jesús el encargo de dedicarse por su mérito a los pecadores y permitirles experimentar la reconciliación con Dios, conforme a Mateo 28:18-20. El Apóstol Pablo destaca este aspecto esencial del encargo de asistencia espiritual apostólica: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios" (2 Co. 5:20).

Los Apóstoles y los portadores de ministerio autorizados por ellos, tienen el deber de ayudar a los creyentes para estar preparados y dignos en el retorno de Cristo. Hasta ese momento, acompañan a los confiados brindándoles asistencia espiritual en su camino personal, en las más diferentes situaciones de la vida.

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Las palabras y obras de Jesucristo son un ejemplo para la asistencia espiritual. (12.4)

La asistencia espiritual tiene el objetivo de ayudar a los creyentes para estar preparados para el retorno de Cristo. Los asistentes espirituales acompañan a los confiados en las más diferentes situaciones de la vida. (12.4)

La asistencia espiritual, también relacionada con la ayuda práctica en la vida, es una tarea de toda la comunidad. (12.4)

12.4.1 Enseñanza para los niños Volver arriba

Los niños son un don de Dios (Sal. 127:3); sus padres los atienden y los educan con sus mejores fuerzas. Ellos brindan a sus hijos todo su amor.

Ya en el antiguo pacto, Dios manda a los padres que instruyan a los hijos sobre sus obras y sus disposiciones; esto forma parte de una educación consciente de la responsabilidad que implica: “Él estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos; a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios; que guarden sus mandamientos" (Sal. 78:5-7; comparar con Dt. 6:6-7; 11:18-19).

Este encargo establecido por Dios sobre la educación religiosa de los niños, también compromete hoy a los padres. Tomando conciencia de la responsabilidad que esto implica, son convocados a introducir a sus hijos en una forma de obrar con responsabilidad propia y fundamentada en los valores básicos del Evangelio, de lo cual también forma parte el iniciarlos en el amor a Dios y al prójimo. Asimismo, deben ser para ellos un ejemplo en la vida de oración y en la fidelidad para ofrendar.

Una tarea importante para los portadores de ministerio y los hermanos y hermanas que tienen a su cargo funciones de docencia, es apoyar a los padres en su responsabilidad para que los niños crezcan como cristianos nuevoapostólicos con convicción.

A tal efecto también sirven los Servicios Divinos para los niños que tienen lugar en muchas Iglesias regionales. En ellos experimentan la cercanía de Dios y se promueve su fe en una forma apropiada a su edad.

12.4.1.1 Dictado de clases en la Iglesia Volver arriba

En las clases que se dictan en la Iglesia, los niños y adolescentes son guiados a ser conscientes de la responsabilidad que tienen en su vida frente a Dios. Fomentar la comunión y el sentimiento de unión constituyen metas centrales.

El ofrecimiento de enseñanza fue establecido según la edad y el nivel de desarrollo de los niños; la meta del aprendizaje es determinada por el Evangelio.

Los docentes son introducidos en sus tareas y acompañados en su actividad.

12.4.1.1.1 Preescuela dominical Volver arriba

Siempre que sea posible, en las comunidades – en horario próximo o coincidente con el del Servicio Divino dominical – se realiza la “preescuela dominical" para los niños que aún no tienen edad para concurrir a la escuela. Tiene como objetivo definido conducir a los niños de una manera adaptada a su edad, hacia Dios y su obrar, pudiendo surgir y desarrollarse en los niños una relación llena de confianza a Dios y Jesucristo; los niños perciben: “¡Dios me ama! Le puedo decir todo; puedo confiar en Él".

En el preescuela dominical no se trata en primer término, de transmitir conocimientos. Antes bien, en ella debe transmitirse el sentimiento de seguridad y colocar en el corazón de los niños el gozo en la fe.

12.4.1.1.2 Escuela dominical Volver arriba

Con el ingreso a la escuela, o bien habiendo alcanzado la edad escolar, los niños asisten a la escuela dominical. También la misma tiene lugar en un horario próximo o coincidente con el del Servicio Divino dominical.

Los objetivos de la escuela dominical son:

  • despertar y fortalecer el gozo por la comunión de los hijos de Dios y por el Servicio Divino,

  • transmitir a los niños el obrar divino valiéndose de historias bíblicas,

  • fortalecer la fe en las promesas divinas,

  • explicar a los niños el desarrollo del Servicio Divino, el significado de los Sacramentos y los actos de bendición, así como los días de las festividades religiosas.

Los docentes ayudan a los niños a ligar los reconocimientos obtenidos en conjunto con las vivencias de su propio mundo de experiencias: lo que los niños pueden comprender por sus propias vivencias se convertirá en un principio que guíe su camino de la vida. Esto sólo puede lograrse si los padres cumplen con su responsabilidad de educación religiosa.

De esa manera, los padres y los maestros colaboran en familiarizar a los niños con Dios y su obrar.

Los niños partipan regularmente de la Santa Cena en la comunidad. De tanto en tanto, un portador de ministerio sacerdotal celebra la Santa Cena en el círculo de los niños.

12.4.1.1.3 Enseñanza de religión Volver arriba

A la escuela dominical le sigue la enseñanza de religión. En ella se transmiten conocimientos adaptados a la edad, sobre la historia bíblica, el surgimiento y la expansión del cristianismo en general y la Iglesia Nueva Apostólica en particular. Se afirma la convicción de sentirse incluido en el obrar redentor de Dios. Esto promueve la disposición para colaborar en la consumación de la Obra de Dios. Los niños deben ser guiados a la “unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios" (Ef. 4:13-14).

En las clases de religión aprenden por medio de informes de experiencias que hicieron algunos hombres con Dios. La historia de la salvación de la antigüedad y de esta época se aborda relacionada con la vida de fe de los niños. Se profundizan los contenidos de la fe, se promueve el reconocimiento y se explican las coherencias del plan divino de salvación. De tal manera se transmiten valores que son perdurables. Además, las clases de religión deben poner a los alumnos en condiciones de confesar libremente y con valor su fe.

12.4.1.1.4 Enseñanza de Confirmación Volver arriba

El punto central de los contenidos de la enseñanza de Confirmación es ocuparse de la Confesión de fe y los Diez Mandamientos. Los adolescentes son preparados para dar su voto de fidelidad a Dios en el Servicio Divino de Confirmación frente a la comunidad y para hacerse cargo de la responsabilidad de su vida de fe como cristianos mayores de edad en religión.

12.4.2 Atención de la juventud Volver arriba

La asistencia espiritual y el acompañamiento de los hermanos y hermanas jóvenes, conforma un punto central en el trabajo de la Iglesia.

12.4.2.1 La situación de los jóvenes Volver arriba

Los jóvenes se encuentran en la transición de la infancia, determinada decisivamente por los padres, a la edad adulta, determinada por ellos mismos. La mayoría de los adolescentes la experimentan como una etapa difícil en su vida. Se encuentran en la búsqueda de sus propios objetivos y pautas de vida, mientras que analizan críticamente los valores existentes y las normas de su entorno. Así, los jóvenes creyentes, particularmente en el mundo occidental, se ven inmersos entre los parámetros del Evangelio y las numerosas ideas religiosas y éticas de una sociedad en muchas partes más y más secularizada. Los jóvenes experimentan que la fe cristiana está siendo reprimida y que las Iglesias pierden importancia, siendo consideradas instituciones anónimas, y que ya no se las acepta como instancia moral. Además, los jóvenes se encuentran bajo múltiples presiones de un entorno ajeno a la Iglesia; también deben realizar elecciones en medio de la superabundancia de información y del amplio espectro de ofrecimientos para el tiempo libre.

12.4.2.2 Objetivo de la atención de la juventud Volver arriba

Un objetivo importante de la atención de la juventud en la Iglesia Nueva Apostólica, es promover la comunión entre ellos. Además, los jóvenes necesitan ser consolidados en los valores de la fe cristiana e inspirados en ellos, de manera que les puedan servir de fundamento para tomar decisiones concernientes a su conducta en la vida.

La atención espiritual procura ayudar a los jóvenes para desarrollarse como personalidades firmes en la fe y conscientes de su responsabilidad.

12.4.2.3 Ofrecimientos en la atención de la juventud Volver arriba

Los jóvenes reciben cuidados y seguimiento apropiados para su edad; sin embargo, no forman un grupo aislado dentro de la comunidad. Después de la Confirmación son animados a incorporarse en los diversos campos de actividad de la comunidad, practicar la fe y profesarla y defenderla en su entorno.

Los responsables de la juventud, que reciben para ello el correspondiente entrenamiento y apoyo por parte de la Iglesia, acompañan a los jóvenes en el ámbito del distrito y de la comunidad. Les están a disposición como interlocutres personales para conversaciones confidenciales en las diferentes situaciones de la vida y para preguntas sobre la fe.

En muchas Iglesias regionales forman parte de los ofrecimientos para los jóvenes, la jornada anual de la juventud y los Servicios Divinos para la juventud en el ámbito del distrito. Las reuniones de juventud ofrecen la oportunidad de mantener conversaciones sobre temas concernientes a la fe y la vida en general, de informarse y de intercambiar ideas.

Los jóvenes hermanos y hermanas en la fe que están comprometidos con la Iglesia encuentran múltiples posibilidades para aportar sus dones dentro y fuera de la comunidad, llenando de vida el llamamiento de amor al prójimo.

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Los padres deben iniciar a sus hijos en una forma de obrar con responsabilidad propia y fundamentada en los valores básicos del Evangelio. Una tarea importante para los portadores de ministerio y los hermanos y hermanas que tienen a su cargo funciones de docencia, es apoyar a los padres en ello. (12.4.1)

En los Servicios Divinos para los niños, ellos experimentan la cercanía de Dios y se promueve su fe en una forma apropiada a su edad. (12.4.1)

En las clases que se dictan en la Iglesia, los niños son guiados a ser conscientes de la responsabilidad que tienen en su vida frente a Dios (12.4.1.1):

En la preescuela dominical, los niños que aún no tienen edad para concurrir a la escuela son introducidos en la fe. (12.4.1.1.1)

En la escuela dominical, valiéndose de historias bíblicas los niños reciben una impresión del obrar de Dios. Los puntos centrales de su contenido son además: el desarrollo de los Servicios Divinos, el significado de los Sacramentos y los actos de bendición, así como los días de las festividades religiosas. (12.4.1.1.2)

En la enseñanza de religión se transmiten conocimientos adaptados a la edad, sobre la historia bíblica, el surgimiento, desarrollo y expansión de la Iglesia de Cristo. La historia de la salvación se aborda en relación con la vida de fe de los niños. (12.4.1.1.3)

En la enseñanza de Confirmación, los adolescentes son preparados para hacerse cargo de la responsabilidad de su vida de fe como cristianos mayores de edad en religión. (12.4.1.1.4)

Los jóvenes son acompañados espiritualmente. El objetivo es consolidarlos en los valores de la fe cristiana. Se deben desarrollar como personalidades conscientes de su responsabilidad que practiquen y confiesen su fe. (12.4.2; 12.4.2.1; 12.4.2.2)

12.4.3 La visita de asistencia espiritual Volver arriba

A todo cristiano nuevoapostólico le es ofrecida asistencia espiritual personal.

Esta se orienta en el modelo dado por Jesús. Por ejemplo, Él visitaba con frecuencia a María, Marta y Lázaro en Betania. Así se desarrolló una relación especial de confianza entre ellos: “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro" (Jn. 11:5). De igual manera, la visita de Jesús a Zaqueo en Jericó se caracterizó por su amor servicial y asistencial: “Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa" (Lc. 19:5). Esta visita tuvo efectos de bendición: “Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa" (Lc. 19:9).

Lo transmitido sobre Jesús, nos permite derivar el significado y el propósito de las visitas de asistencia espiritual en la actualidad. Cada miembro de la comunidad tiene un Pastor [22] para su asistencia espiritual personal, quien también es responsable de las visitas. Habitualmente es apoyado por un Diácono.

Lo primordial al asistir a los hermanos en la fe son los esfuerzos para profundizar el amor a Dios y su Obra, el fomentar la vida en la fe e intensificar el reconocimiento del obrar salvífico de Dios. Esto se realiza principalmente mediante un intercambio de pensamientos sobre temas relacionados con la fe.

Al apoyar a los creyentes en sus preocupaciones y preguntas durante una visita de asistencia espiritual, los portadores de ministerio brindan particular atención a todas las situaciones de la vida. Por ende, se afirma la relación de confianza entre el asistente espiritual y los creyentes. Hasta qué punto aceptan el consejo brindado, queda bajo la decisión de los hermanos y hermanas. Debe ser respetada y estimulada la propia responsabilidad, que compromete a todo cristiano nuevoapostólico. Obviamente, las visitas de asistencia espiritual no se realizan en contra de la voluntad de los hermanos en la fe.

Un elemento importante de la visita de asistencia espiritual es la oración conjunta. Más allá de ella, los hermanos en la fe son acompañados en todo momento por la intercesión de su asistente espiritual.

Reciben asistencia especial aquellos que pasan por padecimientos y duelo. En casos de enfermedad, que son particularmente agobiantes tanto física como psicológicamente, el cristiano nuevoapostólico recibe atención por medio de visitas, tanto sea al hogar como al hospital. El portador de ministerio responsable visita a los enfermos y les brinda su compasión por la condición en que se encuentran. Los fortalece en la fe, provee consuelo y coloca sus preocupaciones en la oración. Si es posible, celebra la Santa Cena con ellos. De la misma manera, los hermanos en la fe mayores y los que tienen impedimentos por los que ya no pueden asistir a los Servicios Divinos, son visitados regularmente.

Los creyentes que no puedan ser visitados o a los que sólo se los pueda visitar con restricciones, por ejemplo, marineros, soldados o presos, muchas veces son atendidos espiritualmente en forma de cartas.

Precisamente en una sociedad que se caracteriza cada vez más por la soledad, el aislamiento y la exclusión de muchas personas, el cristiano nuevoapostólico recibe en su vida cotidiana, el cuidado y apoyo de su asistente espiritual.

[22] En algunos países también denominado “Presbítero".

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Los cristianos nuevoapostólicos también pueden recibir asistencia espiritual personal por medio de visitas. (12.4.3)

Un elemento importante de la visita de asistencia espiritual es la oración conjunta. Debe ser respetada y estimulada la responsabilidad propia del individuo. (12.4.3)

Reciben asistencia espiritual especialmente aquellos que pasan por padecimientos, duelo y necesidades. (12.4.3)

12.4.4 Confesión Volver arriba

En el lenguaje religioso, se entiende por “confesión" el reconocer frente a un religioso pecados cometidos, o bien, admitir la culpa. Esto está sujeto a un estricto deber de guardar el secreto.

Para que sean perdonados los pecados, no es necesaria la confesión. No obstante, si alguien no encuentra la paz interior debido a algún hecho especialmente preocupante, existe la posibilidad de dirigirse directamente al Apóstol y confesarse a él verbalmente o por escrito.

En casos de especial urgencia, en los cuales no se puede llegar de inmediato a un Apóstol, por ejemplo, ante una muerte inminente, excepcionalmente todo portador de ministerio sacerdotal puede recibir la confesión y transmitir el perdón. El Apóstol es informado sin dilación sobre este acto.

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En el lenguaje religioso, se entiende por confesión el reconocer frente a un religioso pecados cometidos, o bien, admitir la culpa. (12.4.4)

Para que sean perdonados los pecados, no es necesaria la confesión. No obstante, si alguien no encuentra paz interior, existe la posibilidad de dirigirse al Apóstol y confesarse a él. (12.4.4)

Excepcionalmente todo portador de ministerio sacerdotal puede recibir una confesión. (12.4.4)

12.4.5 Acompañamiento en el momento de la muerte y en el duelo Volver arriba

La muerte física, el final de la vida en la tierra, produce miedo. Morir causa dolor y sufrimiento, tanto en el moribundo como en los que lo rodean; el moribundo y sus allegados necesitan apoyo y consuelo.

12.4.5.1 Cómo tratar a enfermos terminales y moribundos Volver arriba

Muchas personas reprimen el morir y la muerte, y por eso evitan el trato con enfermos terminales. Esto puede tener diferentes motivos, como por ejemplo el miedo a posibles preguntas por parte del moribundo o el tener que reconocer que la existencia terrena es limitada.

Cuando otros mueren, uno toma conciencia de la propia mortalidad. Muchas veces las personas se sienten sobreexigidas al tener que brindarse en ayuda al moribundo. Pero justamente la persona cercana es a la que este más necesita. Es posible que tenga miedo por dolores y padecimientos intolerables, de partir atormentado, de preocupaciones físicas, psíquicas y quizás también existenciales por parte de los allegados, de las consecuencias de la vida vivida, de la incertidumbre y del fin de la existencia.

La fe en el Dios viviente brinda una certeza que va más allá de la vida terrena: la certeza de la vida eterna. Esta mitiga la despedida y el encomendarse por entero a la gracia de Dios.

El cristiano nuevoapostólico, que vive su fe, no muere sin estar preparado. Por un lado, sabe que su alma sigue viviendo. Por otro lado, cree en la resurrección de los muertos y en una vida eterna en comunión perpetua con el trino Dios. Recibir la gracia del sacrificio de Jesucristo lo ha liberado del pecado. Él ha renacido de agua y Espíritu, tiene la promesa de la vida eterna (Ro. 6:22).

En el morir encuentra el consuelo especial de ser liberado por gracia del dominio del pecado y en vista del padecimiento, la muerte y la resurrección de Cristo, estar destinado para la vida eterna con Cristo Jesús (Ro. 6:8-11).

Ciertamente, también las personas creyentes tienen miedo a morir y a la muerte. Por eso se debe tomar en serio este miedo y no interpretarlo como una señal de falta de fe. Se debe mantener viva la esperanza en una vida con Dios y el consuelo implícito en esta esperanza. Al moribundo no se le deben dar respuestas concluyentes a preguntas sobre el sentido de la vida, del sufrimiento y de la muerte. El acompañamiento en el momento de la muerte significa en primer lugar, aceptar al moribundo con todos sus miedos y todas sus necesidades. Se debería estar cerca del moribundo en el difícil camino que debe recorrer y también admitir miedos y debilidades propios. Reconociendo con humildad el final irrevocable de la vida humana se puede hacer surgir una vinculación sólida entre el moribundo y quienes lo acompañen que el moribundo sea capaz de percibir.

La seguridad del reencuentro con aquellos que ya nos han antecedido al mundo del más allá, sostiene al moribundo en la fase de la despedida.

También forma parte del acompañamiento en la muerte que el asistente espiritual anuncie al moribundo el perdón de los pecados, le asegure la paz del Resucitado y celebre con él la Santa Cena. Recibir cuerpo y sangre del Señor garantiza la comunión de vida con el Hijo de Dios. Entonces el moribundo es consolado y fortificado para que pueda recorrer confortado el difícil camino que tiene por delante.

También es importante la atención de los parientes cercanos. En esta fase, ellos deben tomar conciencia de la pérdida de uno de sus seres queridos y dominarla en sentimientos y pensamientos. Trae fortaleza para los familiares, cuando se les distingue por lo que han podido hacer por el moribundo.

12.4.5.2 Acompañamiento en el duelo Volver arriba

El duelo debe ser admitido. A quienes están de duelo se les ofrece el acompañamiento de los asistentes espirituales. Lo importante es ir a ver a los deudos, expresarles el pésame y orar con ellos. Muchas veces es difícil llegar siquiera al corazón de los deudos. Sin esforzarse por sentir lo que ellos sienten, esto en definitiva no será posible.

Una asistencia espiritual que lleve consuelo a los familiares, puede extenderse por semanas y meses, a veces también puede llevar años después de la muerte de la persona amada.

Muchas veces existe el temor de elegir palabras equivocadas ante los deudos, que puedan abrir heridas. Lo importante es transmitir el sentimiento de ser partípe en su dolor. A pesar de todo posible miedo de contacto, los prójimos – sean familiares, hermanos en la fe, amigos o asistentes espirituales – deben acercarse a los deudos: “No dejes sin consuelo a los que lloran, sino comparte la tristeza de los tristes" (Sirach 7:38).

12.4.5.3 Superación del duelo Volver arriba

El acompañamiento en el duelo y la superación del mismo van juntos. El acompañar a los deudos sirve para alentarlos a hablar sobre la pérdida y poder expresar sus sentimientos. Se pueden tocar temas como tristeza, miedo, rabia, estar reñido con Dios y sentimientos de culpa, y expresarlos sin reservas al asistente espiritual. Una de las funciones de la asistencia espiritual es recordar precisamente en esos momentos lo positivo, hechos o experiencias felices con el difunto.

En comunión con otras personas que sufren, el deudo se siente entendido y aceptado en su sufrimiento.

Resulta muy importante para ayudar a superar el duelo, cuando se hace tomar conciencia de que Jesucristo también sufrió y murió. En la resurrección de Jesús se fundamenta la resurrección del difunto; él tiene parte en la victoria de Cristo sobre la muerte: “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven" (Ro. 14:7-9).

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Los moribundos y sus allegados necesitan apoyo y consuelo. (12.4.5)

La fe brinda la certeza de la vida terrena. Mitiga el momento de la muerte y la despedida. (12.4.5.1)

El miedo a la muerte no puede ser interpretado como una señal de falta de fe. (12.4.5.1)

También forma parte del acompañamiento para la muerte que el asistente espiritual celebre con el moribundo la Santa Cena. (12.4.5.1)

El duelo debe ser admitido. A quienes están de duelo se les ofrece el acompañamiento de los asistentes espirituales. Esto puede llevar años. Lo importante es visitar a los deudos y transmitirles el sentimiento de ser partípes en su dolor. (12.4.5.2)

El acompañar a los deudos sirve para alentarlos a hablar sobre la pérdida y poder expresar sus sentimientos. Resulta muy importante para ayudar a superar el duelo, cuando se hace tomar conciencia de que Jesucristo también sufrió y murió. (12.4.5.3)

12.5 Festividades religiosas Volver arriba

Las festividades religiosas se retrotraen a hechos importantes de la historia de la salvación. Estos hechos son rememorados con profundo respeto y agradecimiento.

En la Iglesia Nueva Apostólica se conmemoran las siguientes festividades, cuyo significado es destacado mediante un Servicio Divino especial, teniéndose en cuenta las diferencias regionales.

12.5.1 Navidad Volver arriba

La fiesta de Navidad recuerda el nacimiento de Jesucristo y con ello se remite a uno de los acontecimientos centrales de la historia de la salvación: Jesucristo, concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María. Con la presencia de Cristo en la tierra, tiene lugar la humillación de Dios mismo, que se hace carne en Jesucristo (Jn. 1:14). Las múltiples promesas del Antiguo Testamento sobre el Mesías esperado, se vieron así cumplidas. La recordación del milagro, no entendible para el intelecto, de la primera venida del Hijo de Dios, también nos hace firmes en la fe en su pronto retorno.

12.5.2 Domingo de Ramos Volver arriba

Con el Domingo de Ramos comienza la Semana Santa. En este día festivo se conmemora la entrada de Jesús a Jerusalén con motivo de la fiesta de Pascua judía: Llevando a cumplimiento una promesa del profeta Zacarías, el Señor entró a la ciudad cabalgando sobre un asno (Zac. 9:9). El pueblo le preparó un recibimiento triunfal, y aclamándolo con “¡Hosanna al Hijo de David!" (Mt. 21:9), reconocieron en Jesús al Mesías y Salvador.

12.5.3 Viernes Santo Volver arriba

El Viernes Santo conmemoramos la crucifixión y muerte de Jesucristo en sacrificio. En la convicción de que su sacrificio, padecimiento y muerte tienen un significado central en la historia de la salvación, se denomina a este día “Viernes Santo". Mediante su sacrificio, el Hijo de Dios destruyó el poder de Satanás y venció a la muerte (He. 2:14). Sin haber cometido pecado tomó voluntariamente sobre sí los pecados de los hombres y por su sangre adquirió el mérito por el cual puede ser redimida toda culpa proveniente del pecado. No existe manera más evidente que el sacrificio de Jesús para demostrar el amor de Dios al hombre (1 Jn. 4:9-10). Con lo acaecido el Viernes Santo, comenzó una nueva dimensión en la historia de la salvación: concluye el antiguo pacto y comienza el nuevo pacto. Al morir Cristo y rasgarse en dos el velo que separaba en el templo el santísimo del santuario, se manifiestó que en Jesucristo, Dios brinda al hombre salvación y comunión con Él.

12.5.4 Pascua Volver arriba

Celebramos esta festividad para conmemorar el hecho de que Jesucristo resucitó de los muertos. La resurrección de Jesucristo de los muertos ocurrió el primer día de la semana, el domingo. Por lo cual, los primeros cristianos celebraban la Santa Cena en memoria del sacrificio y la resurrección de Jesús cada primer día de la semana. Más tarde se instituyó para la fiesta de Pascua un domingo en el año; en la Iglesia Occidental era el primer domingo después de la primera luna llena de la primavera (boreal).

La resurrección de Jesús ocurrió sin que hombre alguno fuera testigo ocular de este proceso. Es un milagro y un misterio. Pero la Sagrada Escritura da cuenta de muchos que vieron al Resucitado: Él se mostró inmediatamente después de su resurrección a María Magdalena y a otras mujeres, a los Apóstoles Pedro y Juan, así como a ambos discípulos en el camino a Emaús. Al anochecer del día de la resurrección, se presentó en medio de sus Apóstoles. Además, el Apóstol Pablo dio cuenta de más de quinientos hermanos que vieron al Señor resucitado (1 Co. 15:3-7).

La resurrección de Jesucristo es anunciada como la parte esencial del Evangelio desde el comienzo de la tarea de enseñanza de los Apóstoles; la resurrección sienta el fundamento para la esperanza de vida eterna. Cristo creó la posibilidad de eliminar la muerte y la separación entre el hombre y Dios. La fe en la resurrección de Cristo, la primicia, de entre los muertos, es el fundamento de nuestra fe en la resurrección de los muertos en Cristo y la transfiguración de los vivientes en su retorno.

12.5.5 Ascensión Volver arriba

En diferentes ocasiones, Jesucristo hizo alusión a su retorno al Padre (Jn. 3:13; 16:28; 20:17). El día 40 después de Pascua fue con los Apóstoles al Monte de los Olivos y les dio indicaciones sobre su misión. A continuación “viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos". A través de dos ángeles, los Apóstoles recibieron la promesa: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hch. 1:3-11). Estas palabras están incluidas en el noveno artículo de la Confesión de fe nuevoapostólica: “Yo creo que el Señor Jesús vendrá nuevamente tan seguro como ascendió al cielo".

12.5.6 Pentecostés Volver arriba

En Pentecostés conmemoramos el día en que fue derramado el Espíritu Santo; hablamos de Pentecostés como el “día de la revelación del Espíritu Santo" y también como el día del “cumpleaños de la Iglesia de Cristo". El envío del Espíritu Santo – 50 días después de la resurrección de Jesús – había sido prometido por el Hijo de Dios a los Apóstoles en sus palabras de despedida. Un grupo de hombres y mujeres creyentes estaba en contacto con los Apóstoles en Jerusalén. El milagro de Pentecostés, el derramamiento del Espíritu Santo, nos fue transmitido en Hechos 2:1 y los versículos siguientes. Los Apóstoles y los creyentes reunidos con ellos fueron llenos de Espíritu Santo.

Después del derramamiento del Espíritu Santo, el Apóstol Pedro, la “roca" determinada por Jesucristo, realizó una prédica que giró en torno al Cristo crucificado, resucitado y que había ascendido al cielo. Unas 3.000 personas se sumaron entonces a la comunidad. Así, Pentecostés también es un modelo de la prédica impulsada por la potencia del Espíritu y del crecimiento de la comunidad por la actividad de los Apóstoles. Además, Pentecostés es una fiesta de alegría, porque el Espíritu Santo está presente y activo en la Iglesia.

12.5.7 Agradecimiento por la cosecha Volver arriba

El agradecimiento por la cosecha es la fiesta que recuerda la naturaleza de Dios como el Creador. Un domingo por año – el domingo de agradecimiento por la cosecha – se celebra un Servicio Divino en el cual se agradece a Dios por la fidelidad dispensada a su creación. En esta oportunidad los creyentes son invitados a realizar una ofrenda de agradecimiento especial.

12.5.8 Desarrollo del Servicio Divino en días festivos Volver arriba

La liturgia de los Servicios Divinos en las festividades mencionadas, básicamente es la misma que para los Servicios Divinos con festejo de la Santa Cena. Además, puede realizarse la lectura de la Biblia, tomando como tema el respectivo suceso dentro de la historia de la salvación. En el anuncio de la palabra se hace alusión a los hechos históricos mencionados en la Sagrada Escritura, como asimismo al significado que tienen para nuestro tiempo y para la salvación de la humanidad.

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Se celebran las siguientes festividades: Navidad, Domingo de Ramos, Viernes Santo, Pascua, Ascensión, Pentecostés, Agradecimiento por la cosecha. (12.5-12.5.7)